Comentarios: Lecturas de los resultados electorales

FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL

El pasado 11 de noviembre se llevaron a cabo elecciones locales en los estados de Michoacán, Puebla, Tlaxcala y Tamaulipas. Solamente en Michoacán fue electo el Jefe del Ejecutivo Estatal, cabe mencionar que después de esta elección en el país no volverá a vivir procesos ordinarios para elegir gobernador sino hasta julio de 2009, en concurrencia con las elecciones federales intermedias.

Con esto ha concluido un año electoral muy intenso, además de la renovación de congresos y ayuntamientos en 14 entidades federativas, en tres de ellas -- Yucatán, Baja California y Michoacán-- se eligió también a gobernadores. Al margen de los resultados de cada elección, estos procesos permiten hacer un balance de carácter general que resulta imprescindible si queremos realmente construir una democracia de calidad.

Las elecciones de este año, incluidas las celebradas el domingo pasado, encierran ciertos enigmas no fáciles de despejar. Demuestran que la lógica electoral de los votantes es bastante más compleja e impredecible de lo que suele creerse. Hay racionalidades distintas e incluso encontradas; hay múltiples factores que no son fácilmente visibles, pero cuyo efecto puede ser determinante, pero también hay vicios que no se han podido eliminar.

Y uno de ellos es la profunda inequidad en los procesos electorales. Si una de las exigencias básicas de una genuina competencia democrática es la equidad, las elecciones de este año demostraron que estamos muy lejos de lograrlo. Mientras no haya un control efectivo sobre el uso de recursos y programas públicos, así como de la intervención de grupos de interés y poderes fácticos, las campañas y los resultados de los comicios seguirán bajo el dominio del poder del dinero, reproduciendo prácticas clientelares y la manipulación de la pobreza.

En segundo término cabe subrayar el persistente vacío del discurso y la frivolidad de la propaganda durante las campañas electorales. La promoción de imágenes sin sustancia, la ausencia de un debate con ideas y propuestas claras que permitan a la ciudadanía contrastar y valorar la oferta política de cada partido o candidatura y, desde luego, las reiteradas formas de difamación y denuesto como instrumento para golpear a los adversarios revelaron una vez más la profunda precariedad de nuestra cultura política.

Por último, los procesos electorales de este año evidenciaron que los partidos políticos siguen estando lejos de los problemas, las demandas y las causas de la ciudadanía. Los altos niveles de abstención, pero sobre todo el rechazo de la gente a los partidos, muestran que las luchas internas en las organizaciones políticas gravitan más en sus decisiones y en su forma de actuar que las ideas y la voluntad de avanzar por la ruta de la elaboración programática, el diálogo y la construcción de acuerdos para atender los asuntos que están en el interés de la sociedad.

Una lectura que resulta muy interesante de analizar es la recuperación del Partido Revolucionario Institucional en varias entidades, lo cual sugeriría sin descartar su poca pulcritud electoral, que los aparatos electorales siguen funcionando, mal que bien y utilizan los vicios mencionados anteriormente. Y que cuando prevalece la abstención y una fuerte decepción democrática, que en buena parte es resultado del gobierno anterior foxista, sigue siendo el PRI, el partido que cuenta con el mayor y mejor aceitado aparato electoral, que le redunda triunfos como los de Puebla y Tamaulipas donde arrasó como en los viejos tiempos del carro completo.

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