Comentarios: La tragedia tabasqueña

FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL

El desastre en el suriano estado de Tabasco ha resultado más impresionante de lo que se pensaba en un inicio. Más de un millón de damnificados y 80% del estado cubierto de agua. Estamos ante una tragedia social de proporciones gigantescas. Las imágenes que circulan en los noticieros televisivos y en los diarios de circulación nacional expresan con mucha nitidez la situación por la que atraviesa esa entidad.

Tabasco es un lugar lleno de pantanos y lagunas. Son tierras bajas colindantes con el mar. En el cúmulo de información que nos llega en estos días acerca del drama tabasqueño hay un dato que no ha sido puesto suficientemente de relieve: se trata de la entidad de la República con mayor escurrimiento de agua a lo largo del año, comprende la red hidrológica de mayor complejidad en la nación.

El río Usumacinta, el más caudaloso del país, y el Grijalva, segundo en importancia por la magnitud de agua que arrastra, forman un extenso delta, cuyo volumen anual de agua que dejan en el Golfo de México es de 125 mil millones de metros cúbicos, cifra que representa el 35% del caudal acuífero del país.

En contraste con otros lugares de la República, el problema en Tabasco es el exceso de agua, no la falta de ella. En tiempos comunes 60% de su territorio está cubierto por agua. Sin embargo, las dificultades en épocas de lluvia, como es el caso actual, aumentan porque no se cuenta con la infraestructura adecuada parta drenarla.

Las causas de la gran inundación en Tabasco pueden ser varias. El presupuesto inicial es que no es un desastre natural. En una visión general se sabe que el fenómeno del cambio climático ha empezado a calentar el planeta y ha modificado el clima. Pero no hay relaciones mecánicas y mucho menos explicaciones fáciles, habrá que analizar qué paso con las presas, y las obras hidráulicas que se construyeron con antelación.

En Tabasco habrá que buscar las razones de fondo que han propiciado esta terrible inundación. No se trata de una causa única y solitaria, sino de un largo proceso de riesgo y de vulnerabilidad que se han construido en las últimas décadas. Cuando se mezclan las amenazas del clima con las vulnerabilidades sociales se producen desastres críticos. Como dicen algunos especialistas en la materia, los desastres son procesos históricamente construidos, producto de la acumulación de riesgos y de vulnerabilidades.

Un ejemplo de lo anterior, lo representa el que pocos días antes de la elección presidencial de 2006, el ex presidente Fox visitó Villahermosa, su gira incluyó revisar las obras hidráulicas en la capital de Tabasco. El plan para evitar inundaciones en Villahermosa había requerido 2 mil trescientos millones de pesos de la federación. Hoy a 16 meses de distancia, la capital tabasqueña ha sufrido su peor catástrofe en décadas, y la multimillonaria inversión del Gobierno Federal no sirvió de nada.

Tabasco es hoy la expresión del momento de la compleja problemática de riesgos y vulnerabilidades en la que se encuentra metido el país. Tal parece que ya nos hemos ido acostumbrando a que estas tragedias se repitan año con año, sino es en Puebla, es en Veracruz, en Chiapas y ahora Tabasco.

La crisis en Tabasco amerita un giro radical tanto del Gobierno Federal como de las entidades federativas, que tenga un impacto en la asistencia inmediata de la emergencia, como para atender en el mediano plazo el gravísimo problema de la región. Las repercusiones de la tragedia tabasqueña serán de orden social, económico, agrícola, ecológico, demográfico y, desde luego político, al tiempo queridos lectores.

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