Comentarios: La elección de consejeros del IFE

FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL

"El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele" (Marco Aurelio)

a renovación de los consejeros electorales del Instituto Federal Electoral (IFE) es uno de los temas más delicados y controvertidos en el actual debate sobre nuestro sistema electoral. Como se sabe, el método de selección por cuotas partidistas de dichos funcionarios que ha prevalecido hasta ahora ha viciado de origen al máximo órgano electoral, restándole credibilidad y envolviéndolo de toda clase de suspicacias, tal y como ocurrió durante los comicios federales del año pasado.

Sin embargo, vaya esfuerzo de simulación que han hecho los miembros de la llamada "Partidocracia" del Congreso Federal para aparentar que las nuevas designaciones de consejeros electorales del IFE se apegarán a espirituales formas de reconocimiento de rectitud y capacidad de los aspirantes a esos cargos y no de un vil reparto de cuotas de poder, conforme a las ansias de los tres principales fuerzas políticas de nuestro país.

De la amplia apertura original, a la que concurrieron casi 500 ciudadanos, varios de ellos satisfechos con la simple vanidad de haberse inscrito, quedaron 106 candidatos. De éstos quedaron únicamente 39, pero todavía son muchos para sólo tres cargos de consejeros en el IFE.

De entre los sobrevivientes aparecen personajes notables como el ministro Genaro Góngora Pimentel, el ex presidente del Trife Fernando Ojesto Martínez, Benito Nacif y Javier Santiago Castillo expertos en derecho electoral, y los ex consejeros Mauricio Merino y Jaime Cárdenas.

Sin embargo, luego de la pasarela queda clara la poca seriedad con la que serán elegidos los nuevos consejeros. Los criterios para esa delicada selección serán políticos más que de calidad y eficacia probada para el cargo. Por más que muchas voces se desgañiten presumiendo que el proceso actual, contra el anterior, se hizo a los ojos y los oídos de todos. En efecto, la inscripción voluntaria, la pasarela pública y hasta la suerte de selección natural son novedades que no habíamos visto en el pasado.

Pero en la recta final, cuando ya quedan sólo los más capaces, a la vista de todos, resulta que los partidos regresan al mismo método de antaño, al reparto de cuotas, en que el nombre de juego es lo más parecido al "voto y al veto".

Huelga decir que el asunto es más delicado de lo que a primera vista parece. En efecto, si el procedimiento de selección de los nuevos consejeros deja lugar a dudas o suspicacias en la sociedad, si se reeditan de manera velada las prácticas del pasado en dicha designación se habrá diluido sin remedio el espíritu reformista que animó a los legisladores a aprobar cambios constitucionales electorales y se habrá perdido una oportunidad invaluable para dotar de legitimidad y credibilidad al máximo órgano electoral, tan desacreditado después de su pésima actuación en las elecciones federales del 2006.

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