Comentarios: Los pendientes de la política

FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL

Un sistema político que no se perfecciona continuamente se deteriora permanentemente. Por ello, los sistemas políticos están obligados a evolucionar, desechando aquellos elementos obsoletos e ineficaces e incorporando aspectos notables de su tiempo.

Después de 1988, el sistema político mexicano ha transitado por profundas transformaciones sustentadas en el régimen de derecho, mecanismo eficaz para la evolución de nuestro sistema de gobierno, lo que le dio, entre otros resultados, espacios para la alternancia de partidos en el Poder Ejecutivo Federal, en los gobiernos estatales y municipales, las legislaturas de las entidades y en las Cámaras de Diputados y Senadores.

Sin embargo, el proceso de transición en nuestro país, sin demérito de los significativos avances logrados en la última década, está muy lejos de satisfacer las expectativas generadas por el despliegue de la pluralidad y la alternancia. Tampoco se ha traducido este cambio en nuestro sistema político, en un ejercicio del poder que le haya dado a la sociedad los resultados que ésta reclama.

Una educación y una salud de calidad; empleos estables y bien remunerados; seguridad física y jurídica; infraestructura y servicios públicos eficientes; solución al problema del campo y su productividad; preservación del medio ambiente y otra docena de aspiraciones que se supone que nos traería un cambio en el régimen y en el sistema político mexicano.

Inclusive hace ya 10 años, cuando por primera vez el jefe del Ejecutivo federal dejó de tener mayoría absoluta en el Congreso y cuando, también por primera vez, se celebraron elecciones para jefe de Gobierno en el DF, con el triunfo de del PRD, reconocimos que la transición había permitido finalmente el despliegue de la pluralidad.

Tres años después, con el triunfo del PAN en la elección presidencial, observamos cómo la alternancia llegaba a la cúspide del poder público. Se supone que el país había cambiado, la democracia se había instalado. Una revisión básica de cualquiera de los textos, sobre los procesos de transición a la democracia publicados en las últimas tres décadas permitía sostener que ya reuníamos las condiciones objetivas de la normalidad democrática.

¿Y qué pasó con el proceso de cambio del sistema político? ¿Por qué la democracia y los diferentes fenómenos virtuosos asociados a ella no han dado los resultados esperados? ¿Qué puede explicarnos que nuestro país se haya estancado, cuando parecía que la transición democrática tendría un efecto virtuoso en otras esferas, en particular la del desarrollo? En lo personal no encuentro un sola explicación coherente, no caben respuestas simples, pero no hay duda de que la "endeble y acorrientada vida política" forma parte y es responsable de nuestra falta de desarrollo.

El problema central desde mi perspectiva, radica en que la política vive bajo el dominio de los intereses particulares de los partidos políticos; y también de quienes desde fuera de la esfera pública hacen de la política un instrumentos para la defensa y la promoción de sus intereses, con dinero o mediante el uso de viejas o nuevas clientelas y estructuras corporativas.

Si analizamos a tres fuerzas políticas más importantes del país, podemos entender mejor la situación de nuestro sistema político. En el PRI, encontramos cuadros muy calificados en el arte de gobernar, amén de otras artes oscuras, son personajes cultos y nacionalistas. Bastante anacrónicos, pero eficientes y prácticos, pero tal vez demasiado acostumbrados al poder y a las malas artes requeridas para mantenerlo.

El PAN en cambio, tiene fallas serias en este renglón. Aunque ya cuenta con dos docenas de personas que han ocupado una gubernatura, no se nota. Lo común, en este caso, es que los líderes sean personas con poco conocimiento del país, y escasa cultura, si acaso empresarial. Modernos en algún sentido, comparando con el PRI son más que tradicionales en otra dimensión: ya no anacrónicos, sino francamente retardatarios.

Finalmente el PRD parece una amalgama de lo que fue el priísmo de los años noventa, del movimiento urbano-popular de los ochentas, y de los grupos de la década anterior, que oscilaban entre el enfrentamiento con el Estado y la captación plena, en particular en el área sindical.

Sin embargo, hay un factor común entre priístas, panistas y perredistas, que buscan siempre su interés particular como grupo, coalición o partido político y no el interés supremo de la sociedad. De ahí la falta de acuerdos y consensos con la consiguiente ausencia de resultados objetivos para el bienestar de la población mexicana. Aquí los pendientes de la política, ¿hasta cuándo tendremos resultados constantes y sonantes de nuestra democracia?

 

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