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Comentarios: La reforma electoral de la partidocracia

FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL

La reforma electoral que se cocina en el Congreso de la Unión pudiera ser la única válvula de seguridad que tiene en este momento la política nacional para sacar adelante las elecciones federales intermedias del 2009, o en su caso, puede ser un nuevo pacto político entre los partidos dominantes.

No es necesario intelegir mucho de política para captar las señales de que PAN, PRI y PRD están redefiniendo las reglas del juego político para perpetuarse en el poder, como lo que los expertos llaman la partidocracia. Sin embargo, hay que reflexionar el porqué los 3 partidos principales de nuestro país ha unido sus fuerzas, y se han puesto de acuerdo, y esto es consecuencia de un debilitamiento del Poder Ejecutivo. El actual encumbramiento del Congreso es consecuencia del desfondamiento de la Presidencia de la República.

Hay que analizar y explicarnos por qué la real alternancia no ha sido la sustitución del PRI por el PAN en Los Pinos, sino la sustitución del poder presidencial por el camaral. La alternancia real ha consistido más bien en haber sacado el poder político de Los Pinos y habérselo dado a Xicoténcalt y San Lázaro, sin contrapeso suficiente. Bien lo decía Vicente Fox: "el Presidente dispone y llega el Congreso y todo lo descompone".

Los senadores y diputados han sido los ganadores de la transición y, dicho con más precisión, los partidos políticos. La democracia sepultó el presidencialismo y engendró la partidocracia, que es la dueña de las Cámaras que son dueñas de la política nacional.

Este efecto indeseado se debe a que en la transición nos concentramos en el cambio en la Presidencia, dado que ésta representaba al antiguo villano del sistema político, y supusimos que las Cámaras, liberadas del presidencialismo subyugador, mostrarían las capacidades republicanas de la pluralidad política reprimida y darían paso a una nueva relación con el Ejecutivo que potenciaría la capacidad directiva del gobierno con decisiones reformadoras, responsables y eficaces, urgentes para la estabilidad, seguridad y prosperidad del país.

Entonces, ante la reforma electoral que nos presenta el triunvirato hegemónico, apenas es necesario insistir en que las decisiones que se están fabricando en estos días afectarán al país por los próximos años, parece un lugar común pero la mezcla es muy relevante. Está en juego el régimen de partidos y el sistema electoral que le da vida; están en juego las relaciones entre el dinero público y los medios privados; y de paso, se están negociando también la reforma fiscal y las normas que regulan las concesiones de radio y televisión del país.

Se trata de una trama compleja, porque los intereses que están detrás de las negociaciones en curso no se cuentan solamente en dinero, sino en cuotas de poder político puro y duro. Es una disputa por la recomposición de las reglas y las instituciones electorales, que en términos llanos significaría la consolidación del régimen de partidos que produjo la transición de los años noventa, con garantías de permanencia sobradas para los tres competidores más poderosos. Al tiempo, señores.

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