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FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL

Tragedias y preocupaciones...

Los partidos políticos mexicanos enfrentan una de sus etapas más poderosas, lo cual resulta negativo para el desarrollo democrático del país, han tendido a unificarse, unos abierta y otros solapadamente, coinciden en señalar los observadores.
La reforma al estatuto electoral mexicano ha despertado un debate sobre el sitio de los partidos políticos. Para algunos, el paso que se ha dado termina por instaurar una partidocracia que no se distingue en esencia del presidencialismo previo.
Antes el Ejecutivo mandaba de modo arbitrario, sin control ni contrapeso alguno. Ahora dicen ellos, ha cambiado el origen del abuso, ya no se excede la Presidencia de la República, los abusivos son los partidos. Se ha llegado a decir que el cambio ha sido un golpe de estado, que la complicidad entre partidos ha cerrado la competencia, expulsando a los ciudadanos del reino de la participación política.
Son varias y notorias las deficiencias que resienten los organismos políticos: clientelismo, fragmentación, autoritarismo, falta de mecanismos de control sobre sus propios líderes, y una que otra pillería de los mismos.
Ya los ciudadanos no se sienten representados por los partidos, no creen en el sistema de partidos, desconfían de las supuestas opciones que estas agrupaciones ofrecen y, consecuentemente, no creen en la eficiencia y la representatividad de los gobiernos.
Hoy en día, la sociedad no confía en que los partidos y los gobiernos puedan trabajar efectivamente en defensa de los intereses de los votantes. La desconfianza, junto con el descrédito de la política como actividad, ha puesto al descubierto la crisis de los partidos políticos, y explica la lejanía ciudadana con respecto de la acción política en general.
El grado de desencanto con respecto a la política y de los partidos es cada día más alarmante. No obstante, los expertos consideran que los partidos desempeñan y deben de seguir desempeñando una función fundamental en la canalización de demandas sociales, en la promoción de ideales, en la lucha institucional por el acceso al poder, en la búsqueda del sano desarrollo de la democracia y en la articulación de intereses alrededor de proyectos nacionales.
Sin embargo, lejos del ideal y en medio de la crisis, los partidos políticos mexicanos no tienen tiempo para recomponer su situación interna, en algunos casos cada vez más deteriorada por los escándalos internos y externos.
En este momento existe una brecha entre los ciudadanos y los políticos en el concepto de la política, de sus fines, instrumentos y rendimientos. No sé qué tan peligrosa e indeseable sea la brecha y si se vaya ampliar o cerrar en los próximos años.
Ignoro si los ciudadanos estaremos en aptitud de elegir en el 2012 mejor a nuestros representantes y líderes políticos o si, más bien, los políticos son los que una vez más nos escogerán, después de haber identificado los segmentos de la sociedad que son sus clientes.

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