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Temas: La política y la economía mexicana

FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL

El país lleva años sufriendo una alta conflictividad social y un muy pobre desempeño económico. Aunque a lo largo de la década de los ochentas se comenzó a reconstruir la economía luego del caos de los setentas y se logró un alto grado de aprobación por parte de la población al proceso de modernización del país, la crisis del 94 al 95 entrando Zedillo a la presidencia acabó con darle al traste. Para finales de los noventa el gobierno había logrado reestabilizar la economía, pero el consenso social detrás de la modernización económica había desaparecido. Ese cambio de actitudes dio pie y se convirtió en el factor crucial de la enconada contienda electoral del 2006.

Independientemente de sus causas mediatas e inmediatas, el conflicto político reciente evidenció un profundo rencor social, un resentimiento contra diversos sectores de la sociedad (sindicatos, políticos, grandes empresas) y una reprobación a los últimos gobiernos por su incapacidad para lograr elevadas tasas de crecimiento tanto de la economía como del empleo. Actualmente, después de más de un año de gobernar, el presidente Calderón no ha podido aún enderezar los asuntos económicos, y peor empezando el año 2008 con alzas generalizadas en gasolina, gas, luz, transporte y toda la cadena que ello implica, sobre todo la alimenticia.

Indudablemente el gran reto del gobierno calderonista será el de garantizar un crecimiento constante y en ascenso, con inflación contenida durante los próximos cinco años. Toda posibilidad de obtener logros en el terreno político y electoral está basada en la capacidad de modificar las condiciones socioeconómicas que impiden un desarrollo pleno con creación de riqueza y mejor distribución de la misma. Los obstáculos políticos para conseguir este cambio provienen principalmente de sectores beneficiados con el proteccionismo económico propio del siglo pasado.

La gran burocracia, los industriales y comerciantes, y los líderes sindicales corruptos e inamovibles forman parte de un conglomerado reacio a aceptar las condiciones de una democracia que demanda soluciones generales más allá de intereses particulares cuya legitimidad ha sido puesta en duda. El crecimiento de los llamados poderes fácticos y sus abusos (percibidos como privilegios inconfesables o capacidad de imposición) y un pobre desempeño económico se han combinado para producir un profundo desencanto ciudadano sobre las políticas públicas que el nuevo gobierno quiere aplicar.

Hay que hacer énfasis en que la privatización del sector público y la apertura económica tuvieron efectos políticos colaterales y no calculados, y mucho menos gobernados. Lo que fue una visión económica, fue miopía política. Lo que fue celeridad en materia económica, fue lentitud en materia política.

El sentido pésame de esta columna para el Sr. Secretario General de Gobierno del Estado de Puebla, Mario Montero y a los funcionarios que perdieron a sus esposas en el trágico accidente del pasado viernes.

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