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MI COLUMNA

Son letras muertas

Carlos Robles Nava

Varias de las leyes mexicanas, en general, son elogiadas y reconocidas en otras naciones que las han tomado de ejemplo para seguir el mismo camino, sin embargo, si se revisa el resultado final encontramos con que éste es negativo, pues una cosa es la creación de nuevas normativas y otra que su aplicación sea una realidad.
Nuestro problema no es la carencia de instrumentos legales para proceder y corregir muchas anomalías que vivimos los mexicanos, la lid del asunto es que junto con las nuevas legislaciones y particularmente cuando se requiere de vigilancia para aplicar las sanciones, se carece de los elementos para actuar, particularmente dinero para la contratación de personal especializado que dé cumplimiento al marco legal.
Esto lo vemos y hemos sido testigos cuando en otros países existen corporaciones especiales y específicas que se encargan de acudir directamente cuando se denuncia o se conoce de un mal trato a cualquier animal, mientras que en México escasamente existen los simples "perreros” que no son otra cosa más que el director o responsable de la perrera municipal, que cuenta con un simple "chalán” para atender las decenas y hasta cientos de llamadas de ayuda para atender tal o cual contingencia, en donde se involucra a uno o más canes.
En Coahuila, de manera particular en los municipios con más habitantes como Torreón, Saltillo, Monclova y Piedras Negras, la población canina ha crecido desmesuradamente y sin exagerar hay comunidades en donde la cantidad de perros es casi o cercana a su propia población, siendo la mayor parte de esos animales víctimas del abandono de quienes se supone son sus amos y que no asumieron la responsabilidad y obligación que conlleva tener una mascota.
Por ello, el Senado de la República, en días pasados aprobó reformas a la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Medio Ambiente para prohibir, por un lado, la organización de peleas de perros y por otro, instituir trato digno a estos animales.
Los mexicanos nos jactamos y gritamos a los cuatro vientos que los perros son el mejor amigo del hombre, empero, por desgracia es esta especie de animal la que recibe el peor trato es de ese dizque su "mejor amigo”.
¿Incongruencia de la vida? La verdad es que debemos ser más realistas y reconocer nuestras deficiencias y errores, y mientras no haya esa aceptación, seguiremos cometiendo errores y habrá lesivo estancamiento en nuestra vida diaria.
Cuando los senadores de la República revisaron y procedieron a hacer las reformas a la mencionada ley, consideraron que lo mínimo que debe recibir una mascota es agua y alimento suficientes, así como atención médica preventiva y cuando la mascota se enferme, brindarle un tratamiento médico avalado por un veterinario.
De los 77 senadores que participaron en el debate para la reforma de esta Ley, tres se opusieron y otros tres se abstuvieron, siendo 71 senadores los que estuvieron de acuerdo y votaron para que se dé un trato digno a los perros y no sólo prohibir las peleas entre estos animales.
Ojalá que de las palabras pasemos a los hechos y que eso que deseamos para las mascotas sea una realidad en la vida diaria y no un simple beneficio y protección de papel como ha sucedido en infinidad de nuestras leyes.
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