LA REFLEXIÓN DE ESTE VIERNES

¿Anda un suicida cerca de ti?

DR. JORGE FUENTES AGUIRRE

Aportado por la Fundación ESTOY EN TÍ, en protección de la vida humana en nuestra comunidad.

La encontré recargada junto a la puerta del Departamento de Terapia Intensiva, llorando desconsoladamente. –Quién sabe por qué hizo eso, -murmuró entre sollozos cuando la llevaba a mi consultorio del hospital para que se desahogara y poder infundirle paz. Siguió confiándome:
 –Andaba mi’ja muy deprimida desde que descubrió lo de su esposo con otra. Fui a verla a su casa, pero no quiso ni hablar conmigo. Que yo no podía hacer nada, -me dijo. Luego supe que se había empastillado para matarse. Y ahora dicen los doctores que está muy grave-. Era cierto: según vi en el expediente, estaba en estado de coma.
Un caso más de los muchos que hemos tenido en Saltillo de tentativas de suicidio y de suicidios consumados. Este año 2017 comenzó con un joven que se ahorcó a las tres de la mañana del día primero de enero. Siguieron pasando los días y los meses, y continuaron los suicidios, dieciséis hasta mediados de abril, sin contar los de rancherías y los que no se dan a conocer. Antier este DIARIO reseñó otro más: una muchacha que se colgó de un árbol en un barrial del poniente. Y seguimos contando. Ah, y a eso se agregan los intentos de escapar de la vida: diecinueve, según reportan las áreas de urgencia de los hospitales de la ciudad.
Estos dramáticos sucesos ponen en evidencia una vez más la triste fama de que Saltillo es "La capital del suicidio en México", calificativo endilgado por la prensa nacional cuando en el 2012 tuvimos el número máximo de suicidios en el país, con 159.  También tenemos récord nacional de edad de suicidas en Saltillo: en el 2010, el más joven: un niño de once años que se pegó un tiro en la sien porque llegó borracho, su papá golpeó con furia a su mamá y a él.
Acabo de vivir un caso que recordaré siempre. Fue el de un muchacho de 19 años, mesero. Cuando escribía mi libro "Boleto para abordar”, investigaba para uno de los capítulos si los jóvenes tenían miedo a la muerte. Este joven que digo me contestó muy espontáneo: -No, yo no tengo miedo a morirme. Creo que hasta me gustaría-. Eso me inquietó. Yo conozco a su padre, jardinero, y a la mañana siguiente lo abordé.
–No quiero entrometerme en vidas ajenas -le dije-, pero su hijo me importa mucho. Necesita de su ayuda. El hombre se hizo desentendido al principio, pero cuando le insistí que se trataba del porvenir de su hijo, dejó de podar. -Es que mi hijo y yo no tenemos plática. –respondió-. Su mamá no vive con nosotros. Alfredo tenía una novia, pero creo que ya no. -Platique con él -le recomendé-. Alfredo lo está necesitando. Me contestó con un sí displicente, y siguió podando. El lunes siguiente me impactó la noticia: el muchacho se había aventado de un puente. Esto es una alerta para los padres que dialogan con todo mundo, menos con ese hijo que tienen en casa.
¿Por qué se suicidan las personas? El suicidio se define en Tanatología como "Darse la muerte a sí mismo mediante un acto que de suyo es capaz de causarla". El famoso psicoanalista J.C. Young, complementa: "El motivo inmediato del suicidio nace de la desesperación, como consecuencia de la pérdida del sentido de la vida". En efecto, los tiempos que vivimos hacen ver cómo en algunas personas se va evaporando un por qué para vivir. Cuando la vida es sólo sexo, prestigio personal, poder, o dinero, el derrumbe de estos ideales determina que quien se aferre a ellos como primacía en su vida, ya no tenga su motivo principal de seguir existiendo en el mundo. "Son gente que se sale del cine antes de terminar la película”, comenta mi ingenioso amigo periodista Javier Villarreal Lozano.
Sólo el suicida sabe lo que pasa por su mente cuando se mata, pero el análisis de las notas que varios suicidas dejaron revela un estado anímico de angustia, frustración y desesperanza. La mayoría refleja depresión ocasionada por un fracaso afectivo, muerte de un ser querido, dificultades económicas, o por una enfermedad que consideran insufrible, irremediable o mortal.
¿Podemos evitar un suicidio en las personas a nuestro derredor? Los expertos afirman que sí. Casi todos los suicidas revelan claros indicios de su intención de matarse. Lo que sucede es que los pasamos por alto o no les damos importancia pensando que son "poses” y "puras habladas”. Muchos revelan velada o abiertamente su propósito, otros cuestionan en sus charlas el para qué de la vida. Es frecuente que el suicida potencial manifieste tristeza, abatimiento, desgana en su actividad. Otros se aíslan de su grupo familiar o social, algunos desarrollan conductas hostiles en el hogar o hacia sus compañeros de trabajo.
Es preciso actuar ante la persona que muestre tales indicios. Una palabra de aliento, una muestra de apoyo en las dificultades de nuestro ser querido, puede salvarle la vida. Si él o ella te comentan cosas referentes a lo inútil de la vida, es porque algo espera de ti. No te quedes con los brazos cruzados. Muéstrale que la vida tiene un sentido pleno para ser vivida. ¿Conoces a alguien que quiera matarse porque lo aman? ¿O alguien que atente contra su vida porque siente que tiene a quien está dispuesto a ayudarlo en sus dificultades? 
¿Culpar nosotros a quien se quita la vida? Yo no los culpo nunca. Si Dios, siendo Dios, no los culpa, ¿qué me queda a mí, sino tratar de comprenderlos y perdonarlos? Tengo por cierto que la misericordia de Dios cabe entre la soga del ahorcado y su cuello.
El sacerdote jesuita Manuel González Morfín, enseña en sus conferencias sobre suicidio en el Centro Cultural Loyola de Monterrey:
-Definitivamente, yo creo que Dios salva al suicida. A todos ellos. Tenemos qué recordar que Dios aplica el principio de misericordia antes que la ley. Lo que pasa -dice el sacerdote-, es que en los templos se predica una religión de culpas. Acabamos de decir que Dios es todo perdón, y enseguida endilgamos que todos los suicidas están condenados. Habrá que reclamarles a algunos curas: ¿Tiene usted en sus manos la administración de la misericordia de Dios?
Estos señalamientos así de duros me comentaba el erudito jesuita. Y yo le doy la razón, porque necesitamos más espiritualidad y menos eclesiásticos rigoristas olvidados del amor de Dios.
Amor. Comprensión y ayuda al ser querido. Diálogo en el hogar con ese hijo, con esa hija, que están dando tragos amargos de silencio y soledad. He aquí dos poderosos preventivos, tal vez los más eficaces, para llegar a tiempo ante quien esté pensando en una determinación fatal.
Con ello daremos a quien quiere salirse ya de la vida un motivo para que recapacite en que vale como persona.
Y comprenderá que cada día es una nueva oportunidad para descubrir en la vida un renovado sentido por el cual vivirla.
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