OPINIÓN

En Coahuila, sólo recordados en la muerte

Guillermo Robles Ramírez

Hoy se festeja un día poco común para los mexicanos, y también una profesión de las más olvidadas, no sólo por la misma sociedad, sino también hasta por las autoridades que una miopía saben de ellos, pero prefieren fingir su inexistencia.
Es más fácil recordar el Día de las Madres, el Día del Niño, el Día del Padre, y hasta el Día del Compadre, entre otros muchos más, que no solamente son celebrados por los mismos mexicanos, sino de preferencia por el sector comercial, pues dejan una derrama económica cada vez que son festejados.
Precisamente hoy, pero en 1934 se constituyó el Sindicato de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de nuestro país; en pocas palabras, hoy es el Día del Minero.
En un día como hoy, en muchas partes del país ni siquiera son recordados, y muy apenas en aquellas localidades en donde se extrae minerales. Pero por desgracia, ni aun así en aquellos poblados suelen ser recordados como un día a celebrar, sino todo lo contrario.
Tan sencillo es que, en Coahuila, las autoridades de la administración por décadas, así como los mismos habitantes de la Región Carbonífera de Coahuila de Zaragoza, comprendiendo las cabeceras municipales de Múzquiz, San Juan de Sabinas, Sabinas, Juárez y Progreso, han basado su economía en la extracción de carbón de "villa”. Yacimientos descubiertos casi a finales del siglo XIX.
Con la extracción del carbón llegó un auge económico de grandes proporciones que atrajo a gente de todo el país y el extranjero, deseosa de obtener un salario para sostener con decoro a sus familias.
El energético era extraído de la manera más rudimentaria en ese entonces y a la fecha en los llamados "pocitos” no ha cambiado mucho, pues siguen las mismas técnicas para su extracción.
Sin embargo, las minas cobran cara la riqueza que se extrae del subsuelo, y por ello las tragedias mineras en las que han perdido la vida cientos de trabajadores se siguen registrando ante la indiferencia de muchos y el dolor de los familiares.
Una de las peores tragedias que recuerdan los relatos es la historia registrada en San Felipe del Hondo, municipio de Sabinas, Coahuila, donde en 1902 perdieron la vida más de 200 mineros de origen asiático, aunque la verdadera cifra —como en muchos otros casos— no se conocerá jamás.
El gas grisú es el enemigo número uno de los mineros que, al bajar al interior de las minas de carbón, nunca saben si volverán a ver la luz del día.
En la actualidad, a pesar de que existen equipos avanzados para la detección del gas grisú, metano o de los pantanos, siguen ocurriendo explosiones y aquí es donde habrá que preguntar quién falla: el equipo, o los responsables de medir el porcentaje del gas, y por qué no cuestionar hasta a las mismas autoridades y sindicatos, que permiten trabajar en un ambiente de alto peligro y sin precaución alguna.
Otra tragedia que cobró muchas vidas fue la ocurrida el 31 de marzo de 1969 en Mineral de Barroterán en la mina Guadalupe, subsidiaria de Altos Hornos de México. 153 trabajadores entraron a laborar en el segundo  turno y durante la explosión quedaron en el interior.
En 1987 una explosión en la Mina 4.5 de Las Esperanzas, ocasionó la muerte de 37 mineros, cuyo rescate se prolongó varios días.
El 29 de septiembre de 2001 una explosión de gas metano, grisú o de los pantanos terminó con la vida de 12 mineros que cubrían el turno de primera en un pozo de carbón denominado La Morita, ubicado en el ejido Santa Marías.
En febrero de 2006 ocurrió otra tragedia que mantuvo a 65 mineros bajo tierra quedando atrapados por la misma explosión ocurrida, siendo ésta una de las que dejó mayor huella y dolor entre los coahuilenses, y posteriormente se ha seguido presentando el mismo accidente. Todavía en el presente año existen testimonios de la prensa escrita y los diferentes medios de comunicación de estos terribles accidentes y negligencia por parte de los dueños mineros.
Como ocurre en estos casos, aún y cuando se habla de modernidad, los rescates de los cuerpos siempre son de forma lenta, mientras que la agonía de los familiares resulta eterna. Lamentablemente esto sucede, porque quienes son responsables de estas minas y "pocitos”, no invierten en el equipo moderno y sofisticado necesario para hacerle frente a un siniestro de este tipo de naturaleza o cualquier otro tipo de contingencia.
Mientras los concesionarios siguen lucrando con la vida de las personas y las autoridades correspondientes no hagan nada, sino solamente aparecen a la hora de los accidentes, y que tal pareciera que también aparecen en campañas electorales usados como simple reflectores políticos cada vez que existe un lamentable accidente en donde se cobra la vida de esta profesión, la cual hoy se celebra, es decir, el Día del Minero. Pero con hechos nunca se hace nada a tiempo para no sólo conmemorarlo, sino hacer justicia laboral, para evitar muertes qué lamentar y ser recordados no como un día de tragedia, sino como uno digno de celebrar. *

Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018 www.intersip.org
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