EN ESTE DIARIO VIVIR

La última y vamos viendo

Manuel Fragoso Álvarez

La última y vamos viendo
Luego de una de las votaciones más controvertidas y "calientes”, por todos los comentarios vertidos en la red, leo algunos post que se publican apoyando o defendiendo, todavía, las promesas de campaña propuestas, así como manifestando su enojo contra quienes no piensan como ellos, o no creen lo que ellos creen. Así disparan frases como: apenas va una semana y ya quieren ver cambios, todos los que no votaron por él no tienen por qué quejarse, ¿por qué no se quejaron por 80 años que nos estuvieron chingando, por qué ahora sí?, que por qué no dijimos nada antes, ¿por qué no hicieron  algo cuando Peña sacó sus reformas? Y la mejor: no deberían ni de opinar, después de aceptar sin hacer ni decir nada por todo lo que nos jodieron las administraciones pasadas.
¿Pero por qué no he de hacerlo?, he ejercido mi civilidad, y ésta tiene que ver con el comportamiento social, cumpliendo con los deberes de todo ciudadano; votando, respetando las leyes y contribuyendo al funcionamiento correcto de nuestra sociedad, para que esto redunde en un bienestar hacia los demás miembros de mi comunidad. También ejerzo mi ciudadanía pues soy parte activa e integrante de una sociedad, a la cual nos debemos, porque formamos parte de ella y debemos entender que todas nuestras acciones, no sólo inciden sobre nosotros, sino que también dependen de las de los demás. Así y como mero ejemplo, he tenido la oportunidad de participar apoyando con cursos gratuitos a la Policía Municipal, a los escribientes de los juzgados y a los ministerios públicos.
¿Por qué no he de quejarme? Si cuando ha sido necesario lo he hecho de distintas formas, ya sea manifestándome exponiendo las quejas, participando en algún mitin o marcha por algo que nos incumbe, he estado en plantones, día y noche, exigiendo mis derechos. Por este mismo medio he publicado lo que, a mi consideración, está mal como: problemas sociales, raterías, contubernios. He manifestado mi inconformidad por gente que se ha enriquecido ilegalmente (o al menos su riqueza ha sido mínimamente sospechosa) y que ha medrado con los puestos que ha tenido como autoridades, gobernadores, rectores, líderes sindicales, diputados locales y federales, presidentes municipales, achichincles de primer y segundo nivel que amasan grandes fortunas en tres años o menos de "trabajo”. 
He pagado puntualmente mis impuestos durante más de siete lustros, y he sentido la impotencia de ver cómo lo malgastan. He visto con pena y tristeza cómo mi estado ha sido vilmente saqueado y con una deuda impagable a corto plazo, cómo mi país se incendia con fallido estado que no nos provee de la seguridad anhelada por los mexicanos. He visto cómo gobernadores de distintos partidos han sido acusados por sus fraudes y riquezas mal habidas, pero lo que no veo, es que el brazo de la ley y la justicia los alcance, los encarcelen y haga que paguen sus delitos. He leído acerca de los exorbitantes sueldos que tienen los magistrados, los suntuosos gastos de los senadores y diputados, (mismos que son pagados con esos impuestos que año con año entregamos a hacienda), que son un insulto para los miles y miles de pobres que hay en nuestro país. Por supuesto que no estoy conforme con el partido en el poder, ni con los doce del otro. 
Trabajé duro durante muchos años, en los que fui —a mucha honra— profesor, y realicé bien mi labor; planee con anticipación mis clases, no llegué tarde ni falté, me preparé, me capacité y me actualicé con el día a día para dar siempre lo mejor de mí, así lo constatan las evaluaciones semestrales de las cuales fui objeto, lo pueden corroborar los miles de adolescentes con los cuales me tocó caminar un trecho de su vida a su lado, aprendiendo junto con ellos y de ellos. Estoy conforme con mi actuar social, laboral y cívico hasta el día de hoy, así que ¿por qué no me he de quejar? Siempre lo he hecho, cuando creo que debo hacerlo, y no veo por qué tendría que ser ahora la excepción. 
Por supuesto que no estoy de acuerdo con la administración del presidente actual, ni conforme con sus reformas mal estructuradas, tampoco con los aumentos a los energéticos, ni con los senadores y diputados pluris, ni con el desempleo, ni con los gastos de los ex presidentes, ni con los miles de personas que hay en nuestro país en pobreza extrema, tampoco con la inseguridad que se enseñorea por nuestro país, en la cual no hay un solo estado de esta república nuestra que se escape de esta problemática que nos tiene hundidos, así como tampoco lo estoy con los millones de pesos que recibe cada partido político, haciendo millonarios a sus "dueños”, compadres, familiares y allegados.
A muchos les ha funcionado el activismo de sillón, muy bien, cada quien hace lo suyo desde la trinchera que elija, nadie posee la verdad absoluta, y como ya sabemos, no hay fórmulas mágicas que te ayuden a salir adelante, lo único real es el trabajo arduo, enfocarnos en lo que tenemos que hacer todos los días y llevarlo a cabo de la mejor manera. El trabajo todo lo vence dice el lema de mi Alma Mater y así es, no hay que preocuparse por lo que viene sino ocuparse y hacer lo que te corresponda, hay que ser crítico pero propositivo.
Hoy más que nunca hay que ser resiliente, pensar en un mejor futuro y esperar que todo resulte bien y se cumplan los propósitos, y finalmente, otorgar el beneficio de la duda. 
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