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El final de un triste sexenio

ONÉSIMO FLORES RODRÍGUEZ

El pasado miércoles 8 de agosto dos hechos notables y relevantes para la vida pública mexicana sucedieron al mismo tiempo. El primero, logrado después de dos intentos fallidos en 2006 y 2012, fue la declaración de constancia de mayoría como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos de Andrés Manuel López Obrador: su contundente triunfo del primero de julio sobrepasando más del 50% de los votos emitidos, nos da noticia no sólo del hartazgo de los mexicanos con el sistema político imperante y que parece hablarnos hoy sí de una verdadera transición que ilusoriamente pensamos se había dado con Fox en las elecciones del año 2000.
Todos sabemos que no hubo tal cambio y que el antiguo sistema priísta, encobijado por el panismo oportunista de Fox y de Calderón, fueron siempre más de lo mismo, hipótesis comprobada en la vinculación permanente del propio Fox y de Calderón respaldando el régimen resucitado priísta de Enrique Peña Nieto.
El propio Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación utilizado por Peña Nieto, junto con muchas otras artimañas para tratar de obstaculizar las aspiraciones presidenciales de AMLO, tuvo que reconocer y a querer y no, lo hizo oficialmente haciendo la declaratoria oficial del candidato "antisistema” como válido e inobjetable ganador de la elección presidencial.
El segundo hecho político notable fue la exoneración y liberación total de la ex lideresa magisterial Elba Esther Gordillo Morales, a quien el régimen de Peña Nieto encarceló como presa política durante 5 años, 5 meses y 11 días. Al fin el Poder Judicial Federal mostró cierta independencia del Poder Ejecutivo, que no había mostrado antes y emitió sentencia absolutoria para la maestra.
Independientemente de que la maestra Gordillo representa quizás los peores liderazgos del sindicalismo charro mexicano, las imputaciones en su contra mal hechas y p& eacute;simamente fundamentadas por la Procuraduría General de la República, que obviamente se sustentaban en razones políticas y no jurídicas, tuvo que venirse abajo, no porque la maestra Gordillo fuese una blanca palomita, sino porque su prisión revela un uso faccioso del poder, en este caso del presidente Peña Nieto, en contra de una enemiga política de su gobierno.
Como dice el extraordinario comunicador Carlos Puig, estos dos hechos dados en un mismo día marcan el final de un triste sexenio que sin duda pasará a la historia muy negativamente.
El famoso grupo político Atlacomulco, fundado con principios y valores por el extraordinario estadista don Isidro Fabela, terminó en una infame caricatura de la ineptitud y la corrupción.
No podemos estar tristes de este fin tan grotesco de un grupo político, pero lo que sí da lástima es el tiempo perdido y el retroceso de un sexenio completo para la vida del país.
A pesar del gasto exagerado del gobierno en propaganda política, sólo observamos la nada.
¡Qué reformas estructurales ni que nada!; sólo una descarada megadeuda agobiante que imita nacionalmente la de muchos gobernadores, y un equipo de cuates mexiquenses que nos dice que fuera de la capital todo es México, excepto Cuautitlán, Toluca, Zacazonapan y naturalmente Atlacomulco; y peor aún, que la corrupción, la impunidad y la ineficiencia, más si son combinados con el cuatachismo regional, conducen al peor resultado del poder ejercido con frivolidad y cinismo.
¡Qué sexenio!

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