UNA MULA DE SIETE CUARTAS

Dora E. Molina G.

Una vez más en el vecino país del norte, Estados Unidos, se conmemoró ayer un año más del atentado que cortó la vida de cientos de personas que se levantaron temprano la mañana de ese 11 de septiembre para cumplir con sus obligaciones y nunca se imaginaron ser el objetivo indirecto del odio y la intolerancia. 
Se han escrito muchas historias al respecto, las declaraciones de los sobrevivientes y las horas de terror que vivieron dentro y fuera  de las Torres Gemelas son dignas de sumarse a los relatos de Dante, quien con toda seguridad no imaginó la desesperación y violencia con las que se vive en el presente.
En lo personal recuerdo que ese 11 de septiembre me encontraba lista para salir a trabajar y mientras tanto miraba la televisión atónita porque ya se mostraban las primeras imágenes de lo que en ese momento  el conductor de CNN consideraba era un avión que había perdido la brújula y se internó a un lugar indebido.
Una vez que se estrelló en la primera torre, la sorpresa generó sobre todo especulaciones e incluso cuando pocos minutos después apareció el segundo avión, el mismo conductor señaló que se trataba del ejército que se había dado cuenta del fatal accidente, y monitoreaba esa parte de la ciudad.
Pero poco duró esa especulación porque el segundo avión fue directo a estrellarse en la segunda torre. De plano me quedé sentada en la orilla de la cama, incrédula de lo que veía  y sin poder adivinar lo que estaba pasando, pero no se necesitaba ser muy inteligente para darse cuenta que algo muy grave estaba pasando.
Casi de inmediato las noticias empezaron a invadir todos los medios de comunicación, el desconcierto  y el temor corrieron por toda esa nación, por la nuestra también y por el resto del mundo, al no saber qué estaba pasando. En los primeros minutos de esa tragedia, pocos pensaron que se tratara de un  atentado, pues resultaba increíble, por tratarse del país más poderoso del mundo .
O cuando menos el más bélico, el que vemos triunfador en todas las películas de acción, producidas por ellos mismos, por la gran cantidad de equipo de última generación con el que cuenta y el personal súper capacitado, calificado y demás para detectar el peligro de hechos, como el que se vivió, mucho antes que suceda.
Fue un gran desconcierto que puso al descubierto que los enemigos de esa nación no duermen, siempre están acechando  y son capaces de las acciones más crueles en contra de la población civil, que en esa ocasión fueron los blancos  que sufrieron el odio y la sinrazón. Se escribieron historias  de  verdadero terror, pero también de heroísmo.
Ese 11 de septiembre, el pueblo norteamericano se unió al desastre como  pocas veces ha sucedido. El mundo en general se sumó también a la pena que estaban pasando las familias de los muertos, desaparecidos y heridos que lograron salvar su vida, pero que quedaron marcados para siempre.
Todos sabemos qué pasó después del mencionado atentado del 11 de septiembre y nadie desea que una acción como esa vuelva a afectar a ningún pueblo sobre la tierra, pues los daños son irreparables cuando se trata de seres humanos que sufrieron en carne propia la pérdida de  un familiar, amigo, vecino o compañero de trabajo.
Los eventos que ayer organizó el gobierno de aquel país, sirven para recordar a los que se fueron, pero sobre todo nos deben servir a todos como recordatorio, que la violencia no deja más que sufrimiento, tristeza, muerte y desolación, que no beneficia a nadie y sí pone de manifiesto que el ser humano no ha evolucionado satisfactoriamente.

Correo electrónico: dora_elizabeth_mg@hotmail.com     
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