Ventana Abierta

Gracias a vosotros

GERARDO MOSCOSO CAAMAÑO

Gracias a vosotros
Adiós amigos de Galicia que hicieron posible durante estos días,  que pudiese constatar que mis años mozos, "na miña terra”,  hayan sido una  realidad y no una alucinación, o tal vez,  una abstracción del pasado.
La parajoda de nuestro tiempo, queridos Adelaida, Moncho y Carmen, Cao y Marga, Xesús, Mora, Elena y  Márquez, Manolo, Xoán y Rosy, Carmen y Marisa, Modestos y Aida, Berto, Calrines, Xoel, Mar y Nito, Marcos y Paula, es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos.
Gastamos más pero tenemos menos, compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más pequeñas, mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio, mejor medicina pero menor bienestar. Bebemos demasiado, fumamos mucho, despilfarramos demasiado, reímos poco, conducimos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos, amanecemos cansados, leemos poco, vemos demasiada televisión y rara vez oramos.
Aumentamos nuestras posesiones y reducimos nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos mucho. Aprendimos a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años. Logramos ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino.
Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior. Hicimos grandes cosas, pero no mejores. Limpiamos el aire, pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos la ciencia, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Planeamos más pero logramos menos.
Aprendimos a acelerarnos, pero no a esperar. Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales.
Hoy en día hay dos ingresos en casa, pero más divorcios, residencias más lujosas pero hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, y menos aprendizaje. Son tiempos en que hay mucho en el aparador y muy poco en la despensa. Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta, y en que tú puedes elegir compartir estas reflexiones o mandarlas a la chingada.
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