OPINIÓN JOVEN

No hay que ser parte del paisaje

ORLANDO NAÚN RODRÍGUEZ REYES

Fue en el mismo país del sudeste asiático donde una mujer no pudo ser presidenta. Myanmar, antes Birmania. Después de una lucha de décadas, Aung San Suu Kyi consiguió llegar al poder pero concediendo poner a un hombre de su confianza en el máximo cargo. Suu Kyi debió hacerlo porque, a pesar de ganar varias veces las elecciones con más de las dos terceras partes de los votos, aún está vigente una Constitución redactada por el mismo comandante que hace algunos años propició la creación de un "Batallón de violadores”.
Ese comandante es Myo Win. A principios de siglo, ordenó a quince pueblos del distrito de Ye la entrega de dos jóvenes por aldea. Debían ser solteras, medir más de 160 centímetros y tener entre 17 y 25 años. Un destacamento de soldados se encargó de recoger a las candidatas hasta completar la participación en lo que los generales describieron como el "pase de modelos del Día de la Independencia”. El periodista español David Jiménez participó en el acto y escribió: "las elegidas, todas ellas campesinas del Estado birmano de Mon, fueron conducidas al cuartel y obligadas a desfilar para los militares durante tres días en los que fueron desvestidas, vejadas y violadas. El día que regresaron a sus casas, cabizbajas y en silencio, nadie preguntó qué había ocurrido durante su encierro. Todos sabían.”
Esa era una de las maneras en las que funcionaba el "Batallón de violadores” de Birmania, denunciado por Charm Tong, una exiliada de 23 años que logró documentar más de 600 casos a través de entrevistas personales. Eran soldados birmanos, en la mayoría de las ocasiones de alto rango, dedicados a la violación sistemática y selectiva de mujeres y niñas de la minoría étnica shan, residentes en la frontera entre la actual Myanmar y Tailandia. Los escuadrones tenían una misión: aterrar, desmoralizar, reprimir y controlar a los shan y, en última instancia, conseguir su exilio hacia Tailandia. Decenas de mujeres fueron asesinadas y cientos de ellas, de todas las edades, fueron abusadas sexualmente.
Podría ser una historia aislada de hace algunos años, en un país perdido en medio de Asia pero, salvando las distancias, la violencia contra las mujeres en gran escala es un problema que se reproduce en todo el globo con total actualidad. En Estados Unidos, por caso, parece ser más peligroso ser mujer que ir a la guerra. Entre el 2001 y el 2012, tanto en Afganistán como Irak, murieron 6,488 soldados mientras que en el mismo lapso de tiempo hubo casi el doble de mujeres asesinadas, 11,766 feminicidios. Al año hay, en promedio, 70 mil feminicidios en todo el planeta. Se calcula que una de cada tres mujeres que habitan este mundo fue víctima de violencia, en la mayoría de los casos en su casa o su trabajo.
Como sucedió en Birmania, las niñas no están a salvo. Uno de cada dos asaltos sexuales son cometidos contra niñas menores de 16 años. 15 millones de niñas y jóvenes de entre 15 y 19 años son obligadas a cometer actos sexuales contra su voluntad, de acuerdo con un informe de la Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). El debut sexual de la tercera parte de las mujeres del mundo fue forzado. El porcentaje es aún mayor entre las menores de 15, donde la cifra roza el 45%. A pesar de que, en la mayoría de los países con datos disponibles, menos del 40 por ciento de las mujeres que sufren violencia buscan ayuda de algún tipo, entre las mujeres que lo hacen, la mayoría recurren a los amigos y familiares y muy pocas a las instituciones y mecanismos formales. Por lo general, las instituciones no están a la altura del problema. Menos del 10 por ciento de las mujeres que buscan ayuda luego de haber sufrido violencia lo hizo llamando a la policía, por ejemplo. Los mecanismos de denuncia suelen ser engorrosos y la protección brindada a las víctimas escasa.
En Latinoamérica la situación es crítica. Por nombrar sólo algunos casos, en Guatemala dos mujeres son asesinadas, en promedio, cada día. En Ecuador seis de cada diez mujeres manifestaron haber sido víctimas de violencia de género a lo largo de su vida. En Honduras, más de 600 mujeres son asesinadas por año. De los 25 países con tasas altas o muy altas de feminicidios, 14 están en América (9 de ellos entre los 12 con tasas más altas): 4 en el Caribe (Jamaica, Bahamas, Belice, República Dominicana), 4 en América Central (El Salvador, Guatemala, Honduras y Panamá) y 6 en América del Sur (Colombia, Bolivia, Venezuela, Brasil, Ecuador, Guyana). Dentro de Latinoamérica, México es un caso muy simbólico, mientras que la tasa por homicidio de hombres desciende poco a poco desde 2011, en los últimos 10 años han sido asesinadas más de 23,800 y las cifras no han dejado de crecer desde hace 15 años. En el Estado de Chihuahua, por ejemplo, se evidencia una realidad nacional, el 66 por ciento de los feminicidios fueron cometidos por esposos, novios u otros miembros de la familia.
Hay muchos problemas que son satelitales de la violencia de género como por ejemplo la trata de personas. Una encuesta de la Unión Europea reveló que el 60 por ciento de las mujeres víctimas de la trata de personas habían sufrido violencia física y/o sexual antes de ser objeto de trata, lo que confirma a la violencia de género como un factor de empuje al ingreso en el tráfico de mujeres.
La violencia de género es producto y productora de desigualdad. El problema es político, económico y social pero fundamentalmente es cultural, la manera de revertir esta situación es a través de grandes cambios, como mejores leyes y políticas públicas e instituciones más responsables, pero también por medio de pequeños cambios individuales, cotidianos y mundanos. Hay una cita de Robert de Niro en la película "Ronin” —que en realidad algunos dicen se trata de un viejo proverbio chino y otros se la adjudican a Vladimir Lenin— que dice que las personas se dividen en tres clases: los que forman parte del problema, los que forman parte de la solución y los que forman parte del paisaje. La cita literal es la siguiente: "Si no eres parte de la solución eres parte del problema. Y si no eres ninguna de las dos cosas entonces eres parte del paisaje”.
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