COYUNTURA ECONÓMICA

Trabajo doméstico, el imposible IMSS

Horacio Cárdenas Zardoni

Sin entrar en demasiado detalle, más por considerarlo un esfuerzo más enojoso que útil, el tema de la seguridad social para el trabajo doméstico es uno que ha registrado importantes avances en nuestro país, avances que como en muchos otros temas en la agenda nacional, ocurren nada más en el papel.
Alguien dirá, que cuando las inquietudes sociales y los anhelos de justicia se convierten en leyes, no puede considerarse poca cosa, y pongamos que sea cierto, si algo no estaba reconocido jurídicamente antes y ahora sí lo está, eso es un avance innegable, pero de allí a que lo que se define nebulosamente con el espíritu de la ley se vea reflejado en prácticas concretas, hay una distancia enorme, y aunque nos de vergüenza reconocerlo, si por algo se caracteriza nuestro país es porque la ley.
Tan perfecta en su redacción, no pasa de ser un referente del cual pocos son los que hacen caso de grado y aun por la fuerza, no siendo de balde el que para muchos que han acudido a ella en busca de protección y amparo, se encuentran con la realidad de que no es otra cosa que letra muerta, que cumple la función exclusiva de estar allí, presente, para cuando haya necesidad de exhibirle ante la sociedad civil nacional y organizaciones extranjeras preocupadas por el asunto específico de que se trate.
Las referencias más antiguas, por decirlo así, por más que no daten más que de unos pocos años, concretamente del 2011 en ocasión de celebrarse la Centésima Conferencia General de la Organización Internacional del Trabajo se tomó la decisión de adoptar diversas disposiciones relacionadas al "trabajo decente para los trabajadores domésticos”, para lo cual se tomó la decisión de formalizar un Convenio Internacional, el conocido como Convenio 189.  
En este documento todo son, no podía ser de otra manera, buenas intenciones, solo por mencionar algunas: la libertad de asociación y la libertad sindical, el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva, la eliminación de toda forma de trabajo forzoso u obligatorio, la abolición efectiva del trabajo infantil, la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación.
Eso en lo general, y ya en lo particular, cosas como la firma de contratos escritos en los que se fijen detalles como la remuneración, el método de cálculo de la misma, la periodicidad de los pagos, las horas normales de trabajo, las vacaciones anuales pagadas, los períodos de descanso diarios y semanales, entre otras muchas cosas, ninguna de ellas incorrecta o fuera de lugar… pero de no sencilla aplicación en muchos países, entre ellos el nuestro.
Pero como la Organización Internacional del Trabajo se diera cuenta de que con todo lo que implicaba el Convenio 189, todavía se quedaba corto, emitió una, no enmienda, sino un anexo, la Recomendación 201, en la que ahora sí le aprieta a sus estados asociados a: Identificar y suprimir las restricciones legislativas o administrativas u otros obstáculos al ejercicio del derecho de los trabajadores domésticos a constituir sus propias organizaciones o a afiliarse a las organizaciones de trabajadores que estimen convenientes.
Y al derecho de las organizaciones de trabajadores domésticos a afiliarse a organizaciones, federaciones y confederaciones de trabajadores, algo que ya no sentó tan bien a los integrantes de la OIT, por más que hayan firmado el documento original, y haberse comprometido a llevar el asunto a sus respectivos poderes legislativos, para darle carácter de ley. 
Luego, hablando de México, vinieron años de lucha de los trabajadores domésticos para que se diera la ratificación del Convenio y la Recomendación. Algo que debió ser automático por tener carácter de convenio internacional, se las vio más que difíciles, habiendo llegado hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Que luego de mucho, consideró que no había obstáculo para que los derechos de los trabajadores domésticos fueran reconocidos como tales, desde el punto de vista laboral, eso pasó a finales del año pasado, y ya en los últimos días de enero, el Instituto Mexicano del Seguro Social llegó a un acuerdo de su Consejo de Administración para hacerlos efectivos… a nivel piloto.
Una versión muy similar de la cínica "debo no niego, pago no tengo”, es lo que es tradición en las distintas instancias de gobierno encargadas de aplicar leyes nacionales, no niegan que tengan la obligación, pero tampoco van a cometer el suicidio político de que no pueden hacerlo porque les faltan recursos para ello, entonces lo que hacen es establecer un programa piloto, en los cuales se selecciona una muestra, que dicen representativa: si son tres o cuatro millones de personas que realizan trabajo doméstico, tomarán unas treinta mil, no unas tres mil y se nos hacen muchas, y ahora sí, a cumplir con la ley.
El plan piloto pude abarcar mínimo un año e idealmente no más de un sexenio, y que el que venga después se las ingenie para evaluar los resultados y darle para atrás alegando que la prueba piloto no dio los resultados esperados. 
Nomás imagínese la situación del IMSS, no solamente tiene que atender a los millones de derechohabientes que son los trabajadores que realizan sus aportaciones, más los familiares dependientes de cada uno de ellos, sino además y por disposición presidencial luego de desaparecer el Seguro Popular, a todos los que estaban afiliados a este, otros varios millones de personas, y ahora a los trabajadores domésticos, que cada uno de ellos tiene que realizar su proceso de afiliación, y déjese de esa burocracia inicial, cubrir los pagos correspondientes cada mes, para mantener sus derechos vigentes.
Nomás que nos respondan una cosa: ¿Quién según el programa piloto se va a hacer cargo de las cuotas, el patrón o el trabajador, o parte y parte?, la pregunta es porque un altísimo porcentaje de quienes emplean a un trabajador doméstico dirán que prefieren no tenerlo a su servicio, que tener que acudir cada mes a pagar al seguro, someterse a las auditorías y controles de este. 
De la parte del trabajador, ¿Cuántos creen que luego de recibir su salario diario, semanal, mensual, se irán derecho a depositar "lo del seguro”?, si el dinero es tan escaso que o ya lo deben o lo tienen ya comprometido, ir a dejarlo para un incierto futuro cuando necesiten del IMSS, está difícil. 
A menos que se idee un mecanismo amable, sencillo, de esos que ninguna burocracia ha logrado crear, esto de los derechos de los trabajadores domésticos está condenado al fracaso más estrepitoso, se lo adelantamos aquí con un sexenio de anticipación, en que lo darán por cerrado por inoperante. 

*Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila

Comentarios

El Diario de Coahuila - Todos los derechos reservados. (2005-2016)