LA REFLEXIÓN DE ESTE VIERNES

Está por llegar la orden criminal

Dr. JORGE FUENTES AGUIRRE

No creería que esas palabras las dijo un gobernante si no es porque fueron publicadas con fiel apego textual en EL DIARIO de Coahuila, citando la entrevista que le hizo el reportero Daniel Valdes al señor Riquelme con motivo del Día Internacional de la Mujer, el pasado sábado 9 de marzo.
Expuso el mandatario al reportero —copio la nota—: "Respeto todas las religiones, ideas y creencias, pero se deben garantizar los derechos plenos de la mujer (…) El tema de la despenalización del aborto deberá ser una decisión del Congreso del Estado. A las diputadas y diputados corresponderá el análisis de la propuesta y tendrán que definir lo más razonable, ‘sin idealismos y morales mentirosas’. Que esto sea enfocado por el bien de la mujer”. (EL DIARIO; Primera plana y 02 de Locales, sábado 9 de marzo, 2019).
Tales declaraciones, insultantes a la mayoría de la población coahuilense cuyas convicciones agrede el detentador del poder con sus airadas palabras, me hicieron pensar en un alarde de menosprecio a la vida humana transferidas en orden implícita a sus cómplices en el Congreso, que sin duda acatarán el dictamen  para promulgar la permisividad del aborto en nuestra entidad.
Debo decir al señor Riquelme desde mi profunda inconformidad de médico llamado a proteger la vida humana desde su inicio en el seno materno, que oponerse a su mandato de asesinar impunemente a un ser  humano en el seno materno no es cuestión de "ideología” ni de "morales mentirosas”, según pronuncia usted ignorando los valores éticos y morales que poseemos los habitantes de esta entidad.
El sentir, el pensar y el actuar de quienes somos creyentes, Gobernador, no es una "ideología” como usted la percibe. Es una actitud de vida. Es un asunto de integridad humana. Tampoco son "moralismos retrógrados”, ni dicterios surgidos en una sacristía ni en la mentalidad de un mojigato, según insinúa en su hablar. Es un asunto de humanismo, señor, y de respeto a la esencia inmanente de la vida que pretende dar permiso para aniquilar.
 "Aborto Autoprocurado o Consentido”, le denominan sus adictos favorecedores en su Congreso del abyecto crimen. Estoy plenamente seguro de que ni usted, Gobernador, ni sus legisladores aliados, han vivido lo que es un aborto. Si hubieran visto alguno, se percatarían del drama orgánico y emocional que sufre la mujer que aborta.
Drama orgánico porque recién cometido su proceder abortivo llega al hospital la mujer, postrada en hemorragia vaginal, o en estado de shock causado por las toscas maniobras que el abortista efectuó en sus entrañas para despedazar al ser humano en gestación. Soy testigo de muertes por complicación de un aborto. Drama emocional, además, porque la mujer que aborta nunca podrá librarse del remordimiento de haber asesinado al hijo de su seno. Lo llamo así, asesinato, porque no encuentro ninguna diferencia entre destrozar el cuerpecito de un ser que se está formando en el seno materno, y el hecho de matar a puñaladas a una criaturita que duerme en su cuna.
Se patentiza una densa ignorancia en quienes argumentan que el embrión adquiere condición humana hasta pasadas las doce semanas de existencia en el seno materno. La vida de un nuevo ser humano se inicia en el preciso momento de la concepción. Negar esto es contradecir un principio biológico de aceptación universal. No estoy tratando de una aseveración teológica; ni de un principio doctrinal. Hablo de un fundamento científico tan demostrable como en todo proceso de la biología humana. Y como el sol de este mediodía.
Me llegó esta mañana un boletín de prensa científica emitido en Buenos Aires anunciando que los investigadores de genética molecular acaban de descubrir "correlaciones moleculares entre el óvulo fecundado y el organismo de la futura madre”, interrelación cuya bioquímica circula en la sangre de la mujer y que, de suspenderse por aborto, provoca alta susceptibilidad a que los componentes moleculares del embarazo se deterioren en el organismo de la frustrada madre causando alta vulnerabilidad a contraer cáncer uterino, de ovarios o de seno.
Como humano y como cristiano respeto en lo absoluto la vida, toda vida. Como médico estoy juramentado a "No atentar jamás contra el fruto de una mujer encinta”, por lo que declaro mi profundo repudio a la permisividad del aborto.
Un día podrán entender los altos mandatarios y sus congresistas amaestrados, que la suprema vida está sobre la suprema corte y las supremas legislaciones. Porque sobre todos los designios parlamentarios mundanos, está el obrar de Dios.
Declaró ayer el Papa Francisco: "La postura a favor del aborto impuesta por los gobiernos, no está al servicio de la vida humana, sino al provecho de los intereses depravados de unos cuantos, sobre todo en el sector político”.
En nuestro estado de Coahuila está por consumarse la aprobación de victimar a una criatura en el seno materno. La comunidad coahuilense no adicta al Gobernador, nuestra casa colectiva que sí tiene conciencia moral, ética y religiosa, se ha turbado ante tan protervas actitudes autoritarias contra la vida humana. Recuerdo a este propósito la severa advertencia plasmada en el Libro de Proverbios:
"El que turba su casa, heredará el viento”.

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