coyuntura económica

Abogado con bicicleta

Horacio cárdenas zardoni

Una de las leyendas urbanas más recurrentes y de las que se consideran veraces, si no por otra cosa, porque no tienen nada de complicado ni de sobrenatural, es la de que, supuestamente, en las páginas de anuncios clasificados de los periódicos del entonces Distrito Federal, solían aparecer anuncios como el que encabeza esta colaboración: se solicita abogado con bicicleta, incluso la versión de los tales anuncios que probablemente nadie vio impresos nunca, es que puntualizaban que egresados de ciertas universidades públicas se abstuvieran de presentarse, porque de inmediato serían rechazados. 
Repetimos, no es que alguien estuviera requiriendo profesionales del derecho cuya principal característica fuera que tuvieran una bicicleta para transportarse, por un lado se trataba de denigrar a los abogados de aquellos años, en los que por cierto, solo estaba la UNAM y un puñado de universidades privadas, todas ellas con bastante prestigio en este campo, y por otro se hacía énfasis en que ya había demasiados profesionales del derecho, y que desde por aquel tiempo era difícil que encontraran colocación, a menos claro que proveyeran su propio medio de transporte. 
Sí, hace años llegamos a ver algunos anuncios en los que algunas empresas solicitaban gente con motocicleta o con carro, principalmente eran puestos de cobradores, usted sabe, llevar a entregar facturas, manejar los contrarrecibos y luego regresar por los cheques, a cambio de lo cual se ofrecía sueldo más gastos por el uso del vehículo. 
El arreglo no era el mejor del mundo para el trabajador, pero satisfacía su necesidad de un trabajo dentro de la economía informal, en una época en la que esto era considerado un valor en sí mismo, nada que ver con lo que ocurrió después, en que lo usual, por no decir moda, fue el "emplearse a sí mismo”, auspiciado desde la presidencia de la república cuando la ocupó Vicente Fox, quien pregonaba su modelo de nación como aquel en que cada familia tuviera su tele, su vocho y su changarro, lo que son las cosas, ahora con el Uber, el Cabify, estos dos últimos aspectos se convirtieron en forma de vida de muchos integrantes de la actual generación. 
Comenzamos diciendo que lo de solicitar trabajadores con bicicleta era una leyenda urbana, más que un componente representativo del mercado laboral, después de todo, aun si la bicicleta o la moto o el carro eran una herramienta de trabajo para el panadero aquel que llevaba enormes canastos sobre la cabeza, para el repartidor de periódicos que balanceaba pilas de metro y medio frente y detrás de sí en una motocicleta, o si se desplazaba a las ubicaciones de los clientes para cuestiones de ventas, cobros u otras, los medios de transporte tenían que ser provistos por la empresa.
Pero lo que son las cosas, nos topamos ahora en muchas ciudades, no siendo Saltillo la excepción, con que han surgido como hongos los repartidores de alimentos que utilizan como medio, precisamente la bicicleta, en un modelo de negocio que parece que le está funcionando muy bien tanto a las empresas como a los clientes, y que por supuesto también le conviene a quienes se avienen a pedalear por las calles de las ciudades, siempre peligrosas dada la cultura vial de los conductores, también casi siempre congestionadas, y por las cuales una bicicleta es el medio más rápido de llegar de un punto a otro.
Algunos funcionan con una cuota fija por entrega, otros son dependiendo de la hora y la distancia a recorrer, pero lo verdaderamente interesante de esto es que muchos jóvenes y algunos ya no tanto, se han enganchado para hacer de esto, si no su principal ingreso, sí un complemento lo suficientemente atractivo como para mantenerse en ello.
Porque a como somos los mexicanos, de que a la primera que no nos guste algo, tiramos la toalla, el pago aquí es inmediato, con lo que ni siquiera hay que esperar al sábado o a la quincena para cobrar, solucionando sus problemas económicos de forma instantánea, al menos en apariencia, porque si el dinero es poco, siempre habrá otra necesidad que cubrir, y poco dinero para guardar para otra cosa. 
Quién iba a decirlo, con tanta modernidad en la economía, con tanta innovación en las tecnologías de información, todavía la empresa necesita hacer llegar su producto al cliente, y este está dispuesto a cubrir una cuota adicional, con tal de no treparse al carro a ir a embotellarse en cualquier esquina, sufrir descortesías de otros conductores, gastar gasolina, y demás. 
Sí, los portales de noticias de alta tecnología hablan de que tal o cual gigante informático ya está probando la entrega de sus productos con drones o con robots terrestres, pero estas opciones todavía no superan la pericia de un chavo en bici, y no nada más hablamos de las ciudades mexicanas, sino las de cualquier país. 
Pero tampoco es que pensemos que esto es una de esas situaciones idílicas que los motivadores llaman ganar ganar, porque el repartidor, si bien es el último eslabón de la cadena, la imagen final de la empresa y su producto, también es el que más riesgos tiene, el que menores ingresos registra, y eso si pertenece a la empresa, porque si se mueve a través de "apps”, que lo mismo reparte pizzas que maricos que sushi, cobrando por entrega, pues ni eso. 
También el esquema nos arroja dudas, todavía más, sobre el modelo económico, pues ponga que el empleado de cocina gane el salario mínimo de 103 pesos por jornada de ocho horas, y el repartidor con bicicleta se gane 25 pesos por entrega, pudiendo hacer dos en una hora o tres, con dos horas ya ingresó lo que el otro por ocho. 
Al rato todos van a querer andar en la calle y nadie quedarse pegado al horno. 
Pero está también lo de la permanencia ¿Cuántos años puede alguien dedicarse a entregar en bicicleta?, tal vez, dos, tal vez cinco, ¿y luego?, en la empresa no podrá progresar porque no trabaja para ninguna en firme, tampoco hay seguridad social, ni siquiera un seguro que lo proteja contra accidentes viales, de esos que pueden ocurrir en cualquier instante, sobre todo a como manejamos aquí, ¿entonces, conviene trabajar de esto? 
La respuesta puede variar mucho, por supuesto si el por una temporada, durante unas vacaciones, quizá, algo así como los estudiantes que se emplean de meseros en los restaurantes de comida rápida, una especie de ceremonia de iniciación a la vida laboral, pero por lo que hemos visto, quienes se dedican a esto es más bien como medida desesperada que como una etapa que lograrán superar alguna vez.

*Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila.
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