PROFESORA SOLEDAD MARTÍNEZ MUÑIZ

Vocación por el conocimiento

A sus 76 años, ya jubilada de su labor docente, pretende ahora estudiar la carrera de Leyes; afirma que los teléfonos inteligentes son un ‘tesoro enorme’

Vocación por el conocimiento

Profesora Soledad Martínez Muñiz.

Profesora Soledad Martínez Muñiz.

Por Daniel Valdes
En 1968 egresó del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio y su labor docente en las aulas mereció el reconocimiento de las maestras y maestros de la Escuela Normal de Coahuila, al demostrar frente a grupo su vocación y cariño a sus alumnos.
Se trata de la profesora Soledad Martínez Muñiz, quien ahora está jubilada, pero a sus 76 años de edad tiene la intención de estudiar Leyes.
Con su trayectoria docente, advierte que la falta de vocación de algunas maestras y maestros, además de malas decisiones del gobierno han sido las causas de que se haya perdido respeto al magisterio. A esto hay que sumar las diferentes reformas educativas, lo que trajo como resultado denigrar la actividad del maestro.
Recordó su primer trabajo en una comunidad rural en Nuevo León, "los habitantes de ese poblado se formaron para darme la bienvenida y también hubo el consejo de no ir a los bailes populares en ese rancho, para no perder el respeto de la gente”.
Agregó que ahora es muy común que los profesores y profesoras se diviertan en "los antros” y en algunos casos conviven con quienes fueron sus alumnos, además que el vocabulario de algunas profesoras es muy cuestionable.
NIÑOS DE LA CALLE
Sobre los cambios en la educación, recuerda cuando el gobierno determinó la apertura de los turnos matutino y vespertino. Anteriormente, los alumnos iban en la mañana, se iban a comer y regresaban por la tarde, hasta las cinco y el resto del día lo ocupaban en las tareas.
Comentó que con los dos turnos surgieron los "niños de la calle”, porque tuvieron mucho tiempo libre y a esto hay que agregar que la mujer empezó a trabajar, de tal manera que se quedaban solos, sin la inspección de la madre.
SE GANÓ EL RECONOCIMIENTO DE AUTORIDADES
En 1972 llegó a Saltillo, a la escuela primaria Carmen Serdán Alatriste (en ese entonces de reciente creación) y por venir de otro estado, además de no ser normalista, le aplicaron una "novatada”, con el grupo de primer grado y 52 alumnos.
En ese tiempo se aplicó una reforma educativa (de los colores), que incluía un método para la enseñanza de la lectura. Empezó en septiembre, con el ciclo escolar y en febrero hubo una visita de la directora federal de Educación en Coahuila, Candelaria Valdés Valdés, para darle seguimiento a ese plan de estudios.
La profesora Candelaria Valdés preguntó a las otras maestras sobre los resultados y la respuesta fue que los niños todavía no aprendían a leer.
Recordó que por no ser normalista, no le decían maestra y la profesora Candelaria le dijo: "¿Y a ti cómo te ha ido muchacha?”
La profesora Soledad fue firme en su respuesta: "Ahí tengo todos los folletos, los leí y apliqué, pero no sirve. Tomé la decisión de volver al método de sílabas y ya todos leen, unos avanzados, intermedios y los de panzazo, pero ellos con ejercicios, pueden ponerse al corriente”.
La respuesta de la autoridad fue preguntar a las otras profesoras: "¿Ustedes por qué no aplicaron su experiencia, igual que la maestra Soledad?”
En su experiencia laboral, ponía especial atención a los alumnos de quinto y sexto grado, a fin de que llevaran una buena preparación para la secundaria, "ahora nomás batallan conmigo, pero en la secundaria van a tener 10 ó 12 profesores y todos encargan tarea”.
En el caso de las matemáticas, había alumnos que se rezagaban y ahí les decía: "Mi objetivo es que tú aprendas. Te puedo explicar 10 o más veces, hasta que entiendas el procedimiento”.
 
Para recuadro:
A sus 76 años, la profesora Soledad Martínez está actualizada en la tecnología y en su teléfono celular utiliza redes sociales, para estar conectada con familiares que viven en el extranjero.
Para ella, el teléfono inteligente es una maravilla y un "tesoro enorme”, porque es la entrada a una gran cantidad de conocimientos. Pero el problema está en el mal uso y la inspección de los niños.
Lamentó que se haya perdido el acceso y contacto con los libros, porque antes en cada salón había una pequeña biblioteca para fomentar la lectura.
Mientras que los errores en la ortografía, consideró que se deben a la falta de ejercicios para ubicar los errores, "ahora hasta el teléfono te corrige los errores”.

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