EL TRENAZO

Jueves, 07 de Octubre de 2010

Es inolvidable la tragedia que Saltillo vivió aquel 5 de octubre de 1972, conocida como "Trenazo de Puente Moreno", aunque en realidad sucedió acabando de pasar ese puente, ya casi entrando a la zona urbana de Saltillo, donde se registró el descarrilamiento de un tren de pasajeros de Ferrocarriles Nacionales de México que transportaba peregrinos provenientes de Real de Catorce, que asistieron a las fiestas que en ese lugar le destinan a San Francisco de Asís.

En la madrugada de ese día, recibí una llamada telefónica de la Comandancia de Policía Municipal de Saltillo, avisando sobre el trágico accidente, ya que un servidor cubría la fuente policiaca en un periódico de la localidad. Al llegar al lugar recibí una fuerte impresión al ver la dantesca escena que había comenzado cinco horas antes, y aunque la oscuridad no permitía ver claramente la escena, se percibía el hacinamiento de lo que fueron carros de ferrocarril, algunos de ellos con partes incendiadas de donde habían sacado cadáveres calcinados.

Gente corriendo de un lado hacia otro gritando desesperadamente en busca de algún familiar, otros pidiendo ayuda, otros con gritos de dolor por estar lesionados y lo más desgarrador, los que lloraban al ver muerto a un ser querido.

Ambulancias de instituciones médicas, patrullas policiacas y hasta camionetas transportando lesionados; elementos de la policía municipal y del Ejército Nacional tratando de evitar, sin poder conseguirlo totalmente, que vecinos de colonias cercanas se acercaran al lugar del accidente. Un caos que se hacía más impresionante conforme el amanecer permitía apreciar mejor la magnitud de la desgracia.

LO QUE SE INFORMÓ

Era hora de retirarnos para acudir a las fuentes de información oficial y recabar los datos más precisos respecto al motivo del accidente. A temprana hora aún no se tenía una información sustentable.

Solamente que los miembros de la tripulación del tren fueron detenidos para investigación, y que ellos declaraban que el sistema de frenos no respondió al tratar de reducir la velocidad al entrar a las curvas descendentes que se encuentran de Puente Moreno hacia Saltillo, y que esto fue la causa del accidente, pero faltaba la opinión técnica, para lo que se esperaba el arribo de personal de Ferrocarriles; y cuando éstos intervinieron, la versión de los tripulantes del tren cambió totalmente para dejar como motivo del accidente que la tripulación se encontraba alcoholizada y acompañados por mujeres en las mismas condiciones.

Empleados de Ferrocarriles realizaron una inspección del sistema de frenos del tren accidentado, y se pudo comprobar que gran número de "zapatas" no tenían balatas, y que ese fue el motivo de la tragedia, aparte de que el tren traía sobrecupo, calculado tres veces mayor que el normal, lo que también influyó para que no frenara el pesado convoy.

Más tarde llegó a Saltillo el director general de Ferrocarriles de México, de quien sólo recuerdo su apellido, Villaseñor, acompañado de otros directivos de la empresa y de algunos periodistas capitalinos. En el hotel Camino Real se improvisó una rueda de prensa, en la que sólo se escuchaba una firme declaración del director de Ferrocarriles. "Todos los tripulantes venían borrachos y acompañados de viejas." Aseveración que era bien apoyada por los periodistas capitalinos. Tiempo después se dio el fallo a favor de la tripulación, aunque fueron despedidos de sus trabajos, y como el caso fue del fuero federal, las autoridades locales ya no intervinieron en ese aspecto del accidente.

SÓLO EL RECUERDO

Sin embargo, nuestras autoridades no se retiraron del todo, el entonces gobernador Eulalio Gutiérrez Treviño, desde un principio del siniestro dio instrucciones para que en ningún momento se dejara sin atención a las familias que habían resultado dañadas.

Durante los dos días siguientes al trenazo, mientras las grúas del ferrocarriles despejaban las vías, trabajadores provistos de sopletes, seguetas y otras herramientas se ocupaban en cortar partes de los vagones para sacar cuerpos mutilados que eran depositados en bolsas de plástico, a las que se agregaba otra bolsa más chica con objetos personales del cadáver para hacer más fácil su identificación.

Se abrió un buen número de sepulturas, y junto a cada una de ellas una bolsa conteniendo un cadáver mutilado con sus efectos personales, y se invitó a las familias que no habían localizado algún familiar, para que buscaran en las bolsas que contenían cadáveres, y si lo encontraban darle sepultura. Algunas personas encontraron, o creyeron encontrar a su familiar guiándose por los afectos personales. Esos encuentros fueron estrujantes. Los cadáveres que no fueron identificados se depositaron en la fosa común, ya que no podían permanecer más tiempo a la intemperie. Se habló de más de 600 muertos, pero la realidad no fue conocida.

Sólo quedó el doloroso recuerdo en los que tuvieron la fortuna de mantener su vida, aunque algunos sufren de algunas mutilaciones en sus cuerpos. Y el agradecimiento a los médicos, enfermeras, paramédicos, bomberos, policías, militares y voluntarios que humanitariamente estuvieron dando auxilio a todos los pasajeros que lo necesitaban.

Por Veremundo Duarte Salas

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