FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL
Sábado, 31 de Julio de 2010
En estos virulentos tiempos de crisis económicas, guerra contra el narcotráfico, efervescencias político-electorales, migración masiva, tibieza en las decisiones políticas, con una incipiente democracia pero sin desarrollo, hay un factor determinante por considerar para explicarnos qué sucede con el país, y ese factor son los Estados Unidos de Norteamérica.
Para efecto de la toma de decisiones, México ha decidido su futuro en función de su asimetría con Estados Unidos. Estados Unidos ha sido para México un agobio pero también una salvación. La amenaza de crisis mexicana traducida en invasión masiva de desempleados le ha quitado el sueño a más de un estadounidense, de ahí que en Arizona se quiera promulgar una ley por demás racista y xenófoba.
México se ha movido en dos escenarios simultáneos con Estados Unidos: el conflicto histórico que significó la pérdida de la mitad del territorio en el siglo XIX y la dependencia económica productiva. La ausencia de una planta industrial sólida ha impedido la verdadera soberanía de México. El modelo de desarrollo mexicano siempre ha aceptado a priori su dependencia del coloso del norte, aunque con períodos de agresiones retóricas del discurso nacionalista de gobernantes mexicanos.
La verdadera democracia es la que garantiza la autonomía del desarrollo nacional. Por tanto, la transición mexicana a la democracia será incompleta si no está relacionada directamente con un modelo de desarrollo sustentado en la independencia y la satisfacción de las necesidades de los mexicanos, y para ello, México está obligado a consolidar todas la instituciones educativas, tecnológicas, y financieras.
Más aún: la mejor garantía de vialidad y consolidación y la democracia se localiza precisamente en una sociedad que recibe los beneficios del desarrollo. La demanda de democracia en México se profundizó en las etapas de crisis económica y productiva y por tanto social. Muchas mediadas económicas anticrisis fueron adoptadas aquí pre-via negociación de apertura política.
El desarrollo mexicano pasa por una redefinición de la relación económica comercial con Estados Unidos. Y la Casa Blanca ha usado justamente las etapas de crisis en México para profundizar la dependencia. El Tratado de libre Comercio amarró la economía mexicana a los intereses estadounidenses y tuvo como costos mexicanos la desintegración de plantas y cadenas productivas. Las oportunidades de México con acuerdos comerciales con otros países no han podido aprovecharse íntegramente por que la capacidad de producción nacional está limitada.
El conflicto histórico y la dependencia económica de México con respecto a los Estados Unidos han limitado las posibilidades de un desarrollo nacional que consolide la democracia.
México tiene recursos, mano de obra un sistema educativo casi completo y posibilidades de desarrollo tecnológico. Falta motivación. Y ella puede ser justamente la necesidad de buscar un modelo de desarrollo ajeno a las dependencias. España logró convertir su incorporación al desarrollo de Europa en un aliciente para la democracia.
Una de las tareas de la democratización mexicana consiste en replantar el factor Estados Unidos para redefinir el modo de desarrollo. Mientras no haya capacidad de producción aquí, la dependencia mexicana hacia EU será no sólo permanentemente sino creciente una democracia atada a dependencia económica ante EU consolidaría el papel activo Washington en las definiciones políticas nacionales.
La relación modelo de desarrollo-democracia tiene un invitado de piedra los intereses de expansión estadounidenses México es visto en EU como un mercado de consumidores de 105 millones de personas. El triángulo EU-desarrollo-democracia debe ser, por tanto, asumido como parte del debate de la transición. Los interese hegemónicos de EU podrían --como ocurrió en el pasado priísta y ocurre en el presente panista-- condicionar las posibilidades de política y la democracia.
Estados unidos es una fatalidad y una pesada carga para México pero también una gran oportunidad. Y la llegada de una tan ansiada democracia es la posibilidad de resolver un conflicto histórico que tiene casi 200 años de duración.
fhinter@hotmail.com