CARLOS ROBLES NAVA
Viernes, 03 de Septiembre de 2010
Durante decenas de años atrás, en los distintos municipios de Coahuila fue recurrente la construcción de casetas dizque para vigilancia policiaca, las que ahora se encuentran en el olvido y convertidas en refugios de malvivientes, pandilleros y maleantes.
Resurge el tema de las casetas policiacas como resultado del reclamo de ciudadanos torreonenses por el cierre de diferentes casetas de colonias de la Perla de La Laguna, respondiendo a ese reclamo las autoridades locales que la clausura es por falta de policías.
El pretexto y razonamiento expuesto, más que nada es una simple y sencilla respuesta y salida del ayuntamiento de Torreón, ya que varias de esas casetas no funcionan desde que inició el primero de enero del 2010 e inclusive, desde la administración panista pasada que encabezó José Ángel Pérez Hernández.
Para distintos sectores de esa comunidad, no es falta de dinero ni de elementos policiacos, sino está basado en el criterio de cada autoridad municipal que llega, pues mientras las hay que han sido convencidos de que las casetas policiacas pueden ser todo un coadyuvante para reducir la presencia de rateros y estar disponibles para actuar ante desórdenes de pandilleros, los hay que no creen en ese sistema de seguridad.
No es el programa policiaco el que cambia, cada que los municipios tienen nuevas autoridades, es un problema eterno y que data de muchos años, por la improvisación de los alcaldes, la descoordinación y la ausencia de una guía, patrón o dirección única que deben tener los cuerpos policiacos que para la ciudadanía obliga y más en estos aciagos momentos, que se deje de improvisar y se establezca una sola directriz para tomar el mejor camino que dé certidumbre y protección a los habitantes que sigue pagando los errores de muchas de sus autoridades.
Las casetas policiacas no sólo en las zonas urbanas de Coahuila, han sido la novedad momentánea ni de unos cuántos meses, aún existen vestigios de muchas de ellas que hay en comunidades rurales ubicadas en las orillas de las carreteras y caminos que conducen a distintas regiones.
Como prueba basta mencionar las aún existentes, aunque abandonadas y convertidas en refugio de indeseables en el ejido Emilio Zapata, en el municipio de Viesca o bien que hay en los linderos de la carretera federal 57 al atravesar la Región Carbonífera.
Ejemplos y botones de muestra existen y muchos, empero, la alusión a las mencionadas es tan solo para recalcar que ya basta de desperdiciar los recursos económicos públicos en "ensayos" que antes de nacer, nacen muertos y que sólo han sido aspirinas y mejorales que remedian por corto tiempo y a largo plazo se convierten en casetas habitadas no por policías, sino por ratas de dos patas.
Los tiempos de la improvisación, de programas personales y de intereses que no incluyen a la sociedad, deben quedarse en el arcón del recuerdo y olvido, porque los dineros públicos son cada vez más escasos y no es posible sigan arrojando a la borda.
Ya basta, es el clamor de los coahuilenses, que las autoridades locales no aprovechen mejor los impuestos y más tratándose para darles lo único que se quiere en estos momentos y que es: Seguridad total para las familias y acabar con la incertidumbre, la psicosis de temor y miedo que invade cada vez más a los coahuilenses.
Estoy deacuerdo con ciertos comentarios de tu columna, como la mala planeacion y el desperdicio economico. Pero quisiera dejarte con un punto importante: La policia ha sido en los ultimos tiempos tiro al blanco del crimen organizado, y la mayoria de las casetas sino es que todas se encuentran en plazas publicas a donde asisten diariamente familis, mujeres, niños. Entonces con tal de reabrirlas se va a poner en riesgo a la parte mas fragil de nuestra sociedad?