MIRANDO A FONDO

Porfirio Muñoz Ledo

VÍCTOR GONZÁLEZ AVELAR

Thursday, October 27, 2011

CUANDO ARRIBÉ A la Ciudad de México para inscribirme en la Nacional Preparatoria de San Ildefonso, por el viejo Barrio del Carmen, en aquel ya muy lejano año de 1953, conocí a Porfirio Muñoz Ledo.

TENDRÍA ÉL, ENTONCES no más de 20 años de edad y ya estilaba buscar y conseguir votos. En el vetusto edificio administrativo de la Universidad Nacional Autónoma de México sobre la calle de Justo Sierra, los provincianos recién llegados a la capital de sus respectivas regiones, hacíamos humildemente cola frente a las ventanillas para satisfacer los trámites de inscripción. Ahí conocí al joven Porfirio quien se identificaba con nosotros como un gestor amigo para facilitarnos los trámites.

A CAMBIO DE SUS GESTIONES de una u otra manera nos comprometíamos a que en su oportunidad emitiríamos nuestro voto de preparatorianos en su favor para los cargos dirigentes en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), órgano máximo del gobierno estudiantil en la UNAM.

DESDE QUELLOS distantes tiempos nos unió una franca y abierta amistad que dura hasta el día de hoy. Se trata sin duda de un mexicano de excepción por su talento, inteligencia e instinto político. Por muchos años convivimos socialmente, muy especialmente en la casa de mi hermano Miguel, quien además lo acompañó durante sus primeros pinitos políticos. Las reuniones eran en la Cerrada Reforma esquina con Francisco Sosa en Coyoacán, casa de mi hermano. Ahí nos reuníamos con Porfirio (1958) para soñar con el poder y también para jugar dominó: Miguel de la Madrid, Jesús Silva Herzog, Arturo González Cossío, Fernando Zertuche Muñoz, Sergio García Ramírez, Javier Wihmer y otros muchos compañeros de viaje como se dice en las novelas. Todos muy malitos para el dominó pero muy buenos para la política.

COMO ES NATURAL, el centro de las discusiones hasta altas horas de la madrugada era Porfirio, a quien le manaban las ideas a borbotones, los argumentos y los contra-argumentos. Nadie llegó a ganarle un debate de sobre mesa. En la Facultad de Derecho de la UNAM los maestros se felicitaban de tenerlo como alumno: Mario de la Cueva, Eduardo Pallares, Manuel Pedroza, Ignacio Burgoa, García Máynez, Preciado Hernández y otros más, se asombraban de su capacidad de síntesis y exposición. Su inteligencia y talento le ha sido reconocido por más de cincuenta años en todos los foros nacionales y también en el extranjero. Es el mexicano que ha desempañado más responsabilidades públicas, partidistas y legislativas en toda la historia de este país. Se le podrá acusar de todo, menos de no ser titular de una inteligencia de excepción.

ES POR ELLO que al verlo el pasado martes por la televisión en la sesión de congreso de la Cámara de Diputados, sentí una profunda tristeza. Frente al podio Porfirio hablaba con incoherencias ante una total y absoluta indiferencia de los demás legisladores, que por aparte platicaban y chacoteaban, mientras Muñoz Ledo se debatía tratando de hacerse entender.

Y UNO SE PREGUNTA: ¿Cómo es posible que una de las mentes más brillantes que haya tenido este país ha podido caer en tales desfiguros?

DICEN LOS SABIOS que todas las cosas a su tiempo. En lo personal pienso que mi admirado amigo ya cumplió y que como todo protagonista de la vida nacional deberá someterse al juicio de la historia, y así seguirlo recordando como lo que es y ha sido toda su vida: una mente brillante y un mexicano de excepción.

 

Comentarios: gaasoc@otmail.com

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