Irritilas comarcanos

Pablo Ortega Mata

Monday, August 01, 2011

La historia de mi relato se desarrolla en una tribu de indígenas que habitaban la Comarca Lagunera el siglo antepasado, eran nómadas, se dedicaban a la caza, pesca y recolección de frutos, vivían en grupos, su atuendo era ropa fabricada con pieles de animales que cazaban, sus zapatos eran de ixtle de lechuguilla y palma, tejidos de tal forma que no penetraran las espinas del camino.

Juana y Pedro, por decir algunos nombres, eran Irritilas, tenían seudónimos complicados, así es que mejor lo dejamos con esos apelativos. Ellos se unieron como pareja, Pedro se la robó y a ella le gustó como su hombre, la había tratado favorablemente tanto en el petate como delante de los miembros de la tribu, donde la mayoría eran parientes.

Juana no dejaba ni a sol ni a sombra a su consorte, sentía que estaba unida a él, era tanta la pasión que hasta en las cacerías se veían juntos. Al paso de los meses, sucedió lo que debía suceder en la unión de dos jóvenes Irritilas, el vientre de Juana crecía en una forma vertiginosa ante los ojos deslumbrados de Pedro que vivía para complacer a su mujer.

Al llegar la fecha del alumbramiento, la señora se separó de su grey para dirigirse a las orillas del campamento, haciéndose acompañar por una de las mujeres viejas del grupo que hacía la labor de matrona o partera. Luego de caminar un buen rato encontraron lo que buscaban, un mezquite frondoso, apropiado para que la parturienta diera a luz. Se colgó Juana de una rama fuerte y empezó a pujar. La partera una vez que vio que el producto empezaba a nacer, lo tiró de la cabeza y poco a poco fue sacando la criatura, un hermoso varón color chocolate, que al contacto con la atmósfera soltó el llanto, fue como una melodía a los oídos de Juanita que no dejaba de gritar.

El tiempo pasó y el varoncito se veía un poco delicado, siempre jugando con las niñas de la tribu que eran de su edad, el papá no daba crédito a lo que veía y desesperado, le levantaba los taparrabos para verificar el sexo de su hijo, pero sí, si era varón. Con ese dolor Pedro sufría cada vez que alguien le decía que Pedrito era Pedrita, ¡chin!...

Pero qué le vamos a hacer ya era todo un joven y ni modo, así salió. Le había propinado tremendas palizas y no se le quitaba lo mariquita. Era la vergüenza de los Irritilas, del grupo de Pedro, de la familia. Cachaba granizo sin estar lloviendo, caminaba como si trajera un taco entre las piernas.

Según cuenta la historia, se dice que Pedrito para ir hacer del uno allá en los matorrales, se sentaba en cuclillas.

Un mal día Pedro encontró a su primogénito bien abrochado con su novio: ¿Qué haces, Pedrito?, ¿Por qué me faltas así?, ¿Qué te he hecho yo?, Si no te falta nada, hijo. Pedrito aún con los ojos en blanco le contestó: ahora no, no me hace falta nada, saaaaobe.

Si el joven Irritila hubiera vivido en estos tiempos, no había problema, ya que en Coahuila tenemos la Ley gay, la primera en el país, la cual permite la unión de dos individuos del mismo sexo. Pero en ese tiempo mataban a los raros, ya que no querían contaminar la especie humana, y más de los Irritilas; luchadores incansables, cazadores tenaces, hombres en toda la extensión de la palabra, bueno casi todos...

Por consejos de su madre antes de que lo mataran, Pedrito abandonó al grupo y se fue en busca de nuevos horizontes, iba vestido de mujer, luciendo sus cachetes rojos, y sus labios colorados, teñidos con cochinilla grana recolectada entre las nopaleras.

Después de dos días de arduo caminar se encontró con un grupo étnico que se establecía a un costado del cerro Santiago. Ahí se hizo loca y poco a poco se fue ganando la confianza de los integrantes hasta que la aceptaron en el seno de la tribu. Era la novedad, todos los jóvenes querían con ella, ésta se dejaba querer, salía con todos y con todos hacía el amor con la disculpa de que: tengo visita, ahí disculpa el tiradero.

Un buen día, para celebrar el nacimiento del hijo del jefe, la tribu organizó un verdadero guateque, habían salido a cazar especialmente para ese evento, se había fermentado el pulque, en fin, todo dejaba ver una gran pachanga, los tambores estaban afinados para el evento y los mejores atuendos estaban dispuestas para los asistentes.

En la noche Pedrito, perdón Petrita, se había puesto sus mejores indumentarias, traía un vestido de piel de venado, con una abertura que recorría las piernas la cual no dejaba nada a la imaginación.

El jotito bebió demasiado mezcal y no acertaba cómo sentarse, ya que el vestido estaba demasiado descubierto. Entrado en alcoholes, o sea briago, se sentó con las piernas de par en par, dejando ver su masculinidad la cual no pasó desapercibida por alguno de los presentes. —¡Hey, miren a Petrita!, Está borracha y ya está pariendo, se le está saliendo el chilpayate, ¡Oraaleee ya sacó una manita!...

Quizá esta narración no sea cierta, pero así dice la historia, ya conocen a los historiadores como son...

Así es esto...

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Coraje es simplemente la capacidad para tener miedo y actuar de todas formas.
Dr. Robert Anthony (1916-). Educador y escritor estadounidense.