OPINIÓN

Se distorsiona la Iglesia

Por Guillermo Robles Ramírez

viernes, 30 de marzo de 2012

En pláticas con adultos y más si son de los mal llamados "mayores", comúnmente se generalizan los tiempos del pasado y no es que sean mejores que los actuales, sino que es la convicción de que fueron tiempos de creyentes, de fe y convicciones, lo que se ha perdido lamentablemente ante el crecimiento de las poblaciones y las ocupaciones de los papás y mamás que tienen menos tiempo para los hijos y en general para la convivencia familiar.

No soy persona de mucha edad, sin embargo, viví y otras etapas de la vida cotidiana las he conocido por pláticas de mis abuelos y padres, como fueron aquellas dentro de la religión cristiana de acudir a los templos a la ceremonia de "ofrecer flores" en que siendo chamaco y vestido todo de blanco acudían a ceremonias en las iglesias, la impartición cada sábado semanal del catecismo en los antiguos barrios sentados los chiquitines en rudimentarias bancas de madera y recibiendo la enseñanza de los mandamientos y demás concepto básicos de la iglesia católica por las abnegadas catequistas, los bautismos cada sábado, etc.

Sale sobrando comentar que en los tiempos actuales sólo se imparte catecismo en cierto mes del año y los bautismos también ciertas fechas y exclusivamente en domingo.

Es indiscutible que ir a misa se ha deformado conforme pasan los siglos. Se supone que la razón de este precepto eclesiástico tiene claro su fundamento, en el derecho divino, es decir, la ley natural de rendir culto a Dios, y la Santa Misa es el acto fundamental del culto católico.

En un inicio el concepto de los primeros cristianos entendieron que el culto más apropiado para esos días era la Misa y la Iglesia no necesitaba obligarlos a asistir al Santo Sacrificio, puesto que ya ellos lo consideraban la realidad más importante de su vida.

Pero aquella época se fue acabando en la misma medida que se fueron reduciendo los ánimos de ir a misa, porque en la actualidad muchos sacerdotes aprovechan el púlpito para dirigirse a los feligreses y dar su opinión e influyendo, en temas políticos en lugar de concientizar en asistir con espíritu de fe y sentimientos de piedad para que pensemos que la misa es la renovación del Sacrificio de la Cruz, para darnos cuenta que no puede haber nada más divino y digno de nuestro esfuerzo, ni más útil para conseguir el aumento de la gracia de Dios.

De igual manera el concepto de la limosna ha cambiado; anteriormente era el fervor de la Iglesia que llegaba en los fieles para deshacerse de sus bienes y depositar el precio en manos de los apóstoles para socorrer a los necesitados; pero ahora parece que es para socorrer a la misma iglesia, demostrándolo con la construcción de grandes iglesias; muchos de ellos con adornos recubiertos en oro superando lo necesario o indispensable para poder hacer llegar la palabra de Dios, exagerando la edificación de sus congregaciones hacia una ostentosidad, dejando la humildad fuera de lo terrenal.

Con eso de la manipulación de la fe le ha permitido construir un imperio, a base de limosnas, diezmo, o "donaciones"; mientras que con sus votos de pobreza el sacerdocio, lo demuestra con miembros eclesiásticos que ganan un sueldo mayor que el de un profesionista, hasta dándose el lujo de integrantes de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), de recibir para navidad equipos electrónicos como las famosas tablas electrónicas, Iphone; con valor de arriba de los doce mil pesos.

Pero también existe la nueva interpretación la Iglesia católica como en Aguascalientes que considera la limosna proveniente del narcotráfico, que se purifica al momento de llegar a la iglesia, por juzgarlo como una buena intención; aparte la iglesia no son ninguna autoridad para cuestionar o investigar de dónde proviene el dinero, o cuando menos así lo hizo saber hace años atrás el fallecido obispo Ramón Godínez Flores, haciendo referencia que Jesucristo había recibido de una mujer que le ungió los pies con un perfume muy costoso.

La misma iglesia en su discurso dominical hace mención de pasajes bíblicos de cuando Jesucristo hacia milagros, pero que recordemos nunca cobró por esas maravillas. Sin embargo la iglesia católica mexicana cobra por cada uno de sus sacramentos y celebraciones, como bautizos, matrimonios, quince años, confirmación, velación, elevar oraciones a enfermos, etc.

¿Qué tiempos aquellos?, qué lástima que los cristianos nos estamos perdiendo en este mundo globalizado y en el que todo se busca comercializar.

Las autoridades estatales de Guanajuato, la recién visita de Papa Benedicto XVI la midieron con dos factores: Dejó saldo blanco, es decir, sin incidentes y con una derrama de más de ciento treinta millones de pesos que dejaron los miles y miles de fieles.

La abnegación, el recuentro religioso, y los conceptos espirituales al tener la visita de la máxima autoridad católica quedaron en el olvido y en la marginación.

(Premio Estatal de Periodismo 2011)

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