LA REFLEXIÓN DE ESTE VIERNES

Los médicos investigan a Dios

DR. JORGE FUENTES AGUIRRE

viernes, 17 de mayo de 2013

La Asociación Mexicana de Lucha contra el Cáncer presentó un libro en apoyo de quienes padecen tan temible mal. "Las emociones y el cáncer", escrito por la psicoterapeuta Gina Tardini, fue comentado por el Dr. Francisco Ochoa, ex presidente de la Sociedad Mexicana de Oncología. El suceso fue reseñado por EL DIARIO de Coahuila, y comunica "La necesidad de que los enfermos de cáncer vuelvan la mirada hacia su interioridad personal y hacia Dios". Me place corroborar que tal obra reafirma lo expuesto en mi reciente libro, "Dios te da poder para sanar".

Siendo realistas, surge una pregunta inevitable que no puedo evadir: ¿Realmente sanan la fe y la oración, en medio de tanto adelanto científico y tecnológico habidos en la Medicina? Una creciente y sorpresiva evidencia de investigación en los más prestigiados centros médicos del mundo asegura que sí. Para esto he de decir que cuando yo era estudiante de Medicina, y en los ocho años de mi postgrado en los Estados Unidos, hablar de fe involucrándola con los procesos terapéuticos, hubiera sido una herejía científica, y nadie que tomara en serio a la ciencia médica se hubiese atrevido a insinuar siquiera el asunto. Las cosas han cambiado. Ahora, tres universidades tan afamadas como Harvard, Stanford y Yale, llevan a cabo exhaustivos estudios en la relación entre la fe y el proceso curativo. Y la evidencia manifiesta que es factor determinante. Tanto así, que ya fue aceptada la propuesta formal de que las escuelas de Medicina incluyan en su mapa curricular las materias de humanismo médico y espiritualidad, relacionándolas con el ser humano que padece enfermedad.

Uno de los pioneros en el estudio de la fe y la curación, mi colega el doctor Herbert Benson, de la Facultad Médica de Harvard, con quien me une un estrecho contacto académico, me dijo en Houston: --"Durante siglos, los médicos hemos sido insensibles a la influencia de la religión en los enfermos. Nos educaron para analizar, diagnosticar y tratar con medicamentos o cirugía. Pero ahora encontramos que es tan inobjetable la relación entre la espiritualidad y los procesos de curación, que los médicos deben tener fundamentos religiosos y ponerlos en acción durante el tratamiento de sus pacientes. No hacerlo así, es ofrecer a los enfermos un tratamiento incompleto".

Mi amigo Larry Dossey, médico internista dedicado a estudiar la influencia de la fe y la oración en la evolución de las enfermedades, inicia su best seller "Orar es buena medicina", declarando: "Durante años he sostenido que la Medicina y la oración pueden ser utilizadas simultáneamente. Aunque demuestro con casos por qué la oración es un buen remedio, no estoy sugiriendo que deba ser usada en lugar de los métodos de la Medicina moderna, sino conjuntamente. Y créanme, con la oración, la Medicina actúa mejor para el enfermo".

El Dr. Wallace Sampson, de Stanford University, me asegura en un comunicado por email que hace apenas unos años él no se hubiese atrevido a proponer un estudio científico sobre algo tan intangible como es la oración. La medicina occidental --dice Sampson-- luchó durante cien años contra los reductos de misticismo de siglos pasados. Ahora la ciencia, al percatarse que hay patologías que no puede resolver por sus medios convencionales, vuelve su vista a estos estudios de "medicina alterna" en los que invoca la fe y espiritualidad de los pacientes obteniendo la curación de muchos enfermos. Y esto incluye pacientes de cáncer.

Investigaciones de los últimos seis meses en EU y en México demuestran que un 80% de los pacientes padecen enfermedades psicosomáticas relacionadas con el estrés de la vida cotidiana. "La medicina tradicional no puede hacer nada por ellos", afirma el doctor Benson. "Esas personas requieren una terapia dirigida a la relajación orgánica y mental. En estos casos, es indispensable que el doctor haga al paciente volver la vista hacia lo espiritual".

Un reportaje de Time se ocupa, en portada y artículo central, de este tema apasionante bajo el título "Fe y Curación". El subtítulo es una pregunta: "¿Puede la espiritualidad promover la salud?" Y una respuesta: "Los médicos están encontrando sorprendentes evidencias al respecto". En las páginas centrales, el artículo refiere los experimentos científicos que efectuamos en la Asociación Medicina y Humanismo en los Estados Unidos y en mi Fundación ESTOYENTI, y resume algunas conclusiones como el hecho de que --cito textual-- "La gente realmente comprometida con su religión está menos expuesta a la depresión y a la ansiedad. Numerosos estudios revelan una mejor calidad del sistema cardiovascular en las personas que asisten regularmente a servicios religiosos que los que no acuden". Tras muchos otros resultados termina concluyendo que "lo anterior demuestra que la religión es buena para la salud".

Yo nací a la ciencia educado a creer solamente en lo que es tangible, y para razonar por métodos de deducciones lógicas. La experiencia me ha demostrado en mi ministerio médico que el ser humano está por encima de los silogismos y las teorías. Cada enfermo es un cuerpo, sí, pero contiene esencia de sentimientos y de espíritu capaz de relacionarse con Dios. Siempre sostuve mi convicción de que mis pacientes no se curan sólo con ciencia, sino con comprensión, afecto y fe.

Ahora me da gusto que en su libro "Las emociones y el cáncer", presentado hace unos días en la Ciudad de México, la psicoterapeuta Gina Tardini coincida en proponer que las personas que padecen cáncer --y por extensión, quienes han perdido la salud--, dirijan su mirada al espíritu para hacerlo intervenir en su tratamiento.

Con ello se realizará la frase con la que Jesucristo rubricaba su milagro de sanar a cada enfermo: "Vete en paz, tu fe te ha curado".

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