PROTECTOR DE LOS MINEROS

Nuestro Padre Jesús de Mazapil

Han cambiado los tiempos y la tecnología, pero los recuerdos de acontecimientos pasados aún están presentes

lunes, 06 de mayo de 2013

Padre Jesús Nazareno que el 6 de agosto veneran en mi Mazapil querido

El ruido de las carretas, el cantar de los mineros, el olor de las cocinas, el galopar de los caballos, el suspiro de los amantes, el grito de guerra de los indios, la alerta de los centinelas... todo ello desfiló ante los ojos de mi imaginación cuando por primera vez, entré a la hermosa iglesia de San Gregorio Magno, en aquel pueblito minero perdido en las sierras de Zacatecas, un pueblo que se negaba a morir.

La hambruna, la sequía, la nula inversión en las minas era la razón principal para que Mazapil prácticamente quedara como un pueblo fantasma; solamente los más aferrados se quedaban en aquel pueblo muerto, testigos de riquezas ya idas. La migración era principalmente a la ciudad de Monterrey.

Me vino entonces a la mente aquel verso, se lo escuché por primera vez a un minero, quizás agobiado por el recuerdo o por los humos del alcohol en aquella taberna del mineral de La Encantada, en el desierto de Coahuila, en aquella soledad del municipio de Ocampo.

 

Desde el cerro El Temeroso

a las montañas del Teira

salía la gente llorando

y suspirando por su tierra

 

Fue a una invitación personal de aquel minero por la que había llegado a Mazapil, un 6 de agosto de un año que se esfuma en las brumas de mis recuerdos, pero no puedo borrar de mi mente la cantidad de gente que acudía aquel día a festejar al CRISTO de MAZAPIL, Nuestro Padre Jesús Nazareno, una algarabía sin límite.

En los rostros de aquella gente se veía reflejada una fe y una felicidad indescriptible; me impactó porque me llevó a los recuerdos de mi niñez y de cómo disfrutaba los cuentos de mi infancia cuando me hablan de la vida de CRISTO.

Ahora sí ingeniero, ¿comprende usted por qué los que andamos lejos de MAZAPIL, extrañamos esta tierra y esta iglesia, comprende usted por qué veneramos a esta imagen del CRISTO?, porque cuando bajamos a la mina allá en La Encantada, siempre nos encomendamos a su protección divina; mire usted a su alrededor y sólo va a encontrar rostros de creyentes felices que están así porque han regresado a su tierra, esta tierra que nos vio nacer y que un día nos habrá de recibir en su seno, es por eso señor ingeniero, que todos conocemos aquel verso.

 

El día que yo me muera

que me sepulten aquí

en minas Cata Cocina

de mi lindo Mazapil

 

Nunca me arrepentiré de haber realizado aquel viaje y de haber conocido aquel pueblito perdido llamado MAZAPIL. Posteriormente, la aventura de ser minero me llevaría por todos los confines de mi patria, muchos pueblos mineros que tuvieron auge en épocas pasadas pero que al acabarse las vetas de mineral, terminaron convirtiéndose en pueblos fantasmas, donde sólo se escucha el silbar del viento y los gritos lastimeros de los fantasmas de los duendes que aún cuidan sus minas.

Las circunstancias y el destino me traerían de nuevo a MAZAPIL y, al encontrarme de nuevo en aquella iglesia de SAN GREGORIO MAGNO y frente a aquella urna de cristal donde se encuentra Nuestro Padre Jesús Nazareno de Mazapil, quizá ya cuando las brumas de la noche están llegando a mi vida y cuando la aventura de ser minero está llegando a su fin, regresé a este pueblo; ya las voces de mi amigo no me acompañan físicamente, pero su recuerdo está a mi lado, como lo están tantas leyendas e historias que han llegado a mi vida, como la del CRISTO DE MAZAPIL.

LA HISTORIA

Como todas las historias de los pueblos mineros, están llenas de leyendas y sólo con la fe los creyentes somos capaces de aceptar; muchas de ellas se pierden en la noche de los tiempos y sólo el perfume de la historia las trae hasta nuestros días; así es la leyenda de Nuestro Padre Jesús de Mazapil. Corrían los años del siglo XVI en la Nueva España, en la región del valle de Mazapil.

Se cuenta que unos trabajadores mineros al regresar de su arduo y penoso trabajo por el camino del rancho SANTA OLALLA, se encontraron junto a un árbol (PINO) una caja perfectamente forrada de cuero, (se dice que aún existe el lugar llamado EL PINITO). Aquellos hombres al ver la caja, no se atrevieron a tocarla, pero llegando al REAL DE MAZAPIL acudieron con el alcalde, informándole de lo que habían encontrado; aquella autoridad se trasladó junto con vecinos del Real a ver que era aquéllo que le informaban los mineros se habían encontrado. Al proceder a abrirla y ver su contenido, aquel hombre exclamó lleno de asombro ¡MI PADRE JESÚS!, exclamación que aún se repite hasta nuestros días.

Originalmente fue llevada a Mazapil y colocada en una pequeña capilla llamada LA VERACRUZ, que no ofrecía ninguna seguridad a la conservación de la imagen, por lo que fue trasladada a la Hacienda de CEDROS donde existía una capilla más grande y segura, pero los habitantes de Mazapil no quedaron conformes y procedieron a la construcción de la iglesia actual para poder traerse al CRISTO a su casa definitiva.

Las fechas no se determinan con exactitud, pero para los fieles eso no importa, lo que importa es que existe y cada año el seis de agosto de donde se encuentren, regresan a su pueblo para venerar a NUESTRO PADRE JESÚS, a quien le atribuyen una gran cantidad de milagros y favores otorgados a quien en Él creen.

El Mazapil de nuestros días

Atrás quedaron los tiempos de la hambruna y la escasez; con los nuevos métodos de explotación, los inversionistas extranjeros llegaron a la región y una prosperidad repentina ha transformado a aquel pueblito minero que yo conocí; hoy se ven camionetas de muchas compañías mineras que, como si fuera el nuevo dorado, han llegado a MAZAPIL y hasta a los españoles de nuevas generaciones los encontramos en el valle, actividad por todos lados, trabajadores que como aquellos años, alegres disfrutan de su trabajo, orgullosos de ser mineros; pero lo que no cambia y que permanece fiel es la fe de las gentes de MI MAZAPIL QUERIDO, como decía aquel amigo minero que conocí hace ya muchos años en aquel mineral de la ENCANTADA, en aquel desierto solitario de OCAMPO, Coahuila, y al verme parado frente aquella urna que contiene la imagen de NUESTRO PADRE JESÚS, una lágrima furtiva corrió por mi mejilla, trayendo a mi vida tantos recuerdos de gente ya ida; el atardecer de aquel día se estaba llenando de sombras que me envolvían en mis recuerdos, como las sombras del final de mi vida y de esta aventura llamada MINERO, también estaban llegando.

En fin, como decía un buen amigo: ASÍ ES ESTO.

hrobles52@outlook.com

Por Heriberto Robles Rosales

Ranking de Noticias

Humor

Era una señora tan gorda, pero tan gorda, que cuando se pesaba, la báscula le indicaba, "por favor, una persona a la vez".