COYUNTURA ECONÓMICA

Acuíferos transfronterizos, el conflicto que viene

Horacio Cárdenas Zardoni
lunes, 10 de septiembre de 2018 · 01:10
Cada día aprende uno algo nuevo, al menos deberíamos hacerlo o intentarlo. Recientemente tuvimos oportunidad de leer un interesante artículo publicado en Texas Observer, que bajo el título de Fuera de la vista y sin agua: Estados Unidos y México apenas comienzan a entenderse de los acuíferos que comparten, nos ofrece información que consideramos sin exagerar como de vital importancia, y tal como lo comenta la autora Zoë Schlanger desde el encabezado, ha recibido muy poca atención de las partes interesadas. 
Lo primero que aprendimos del artículo es que a lo largo de los casi dos mil kilómetros de frontera entre Texas y México, existen quince mantos acuíferos, mismos que como suelen ser esas cosas de la naturaleza, concretamente de la geología, no respetan fronteras políticas, económicas y para el caso, ni siquiera límites fronterizos superficiales. 
Así, estos cuerpos de agua, ubicados a cientos de metros por debajo del lecho del Río Bravo, se ubican una parte en territorio mexicano y otros en el norteamericano, ¿Qué tanto de un lado y que tanto del otro?, eso seguramente será objeto no solo de debate sino en algún futuro que esperamos que nunca llegue, hasta de enfrentamiento.
La autora del estudio, haciendo eco de múltiples estudios e innumerables voces que predicen que en un plazo no demasiado lejano, el Río Bravo terminará por secarse, esto debido a dos factores innegables, de una parte el cambio climático y de la otra, el incesante aumento de población a ambos lados de la frontera, y más aún, la insaciable demanda de líquido para las actividades económicas, agropecuarias y de otros tipos, que consumen mucha más agua que las ciudades. En este escenario catastrófico, los gobiernos y las empresas, los ciudadanos mismos, buscarán extraer del subsuelo el líquido indispensable para la vida y para la forma de vida a la que, quizá de forma irresponsable, nos hemos acostumbrado .
Aquí hay que hacer una consideración, sí lo del calentamiento global y el cambio climático es algo que comprobamos a diario, hasta allí la predicción está cumplida, pero de que el sentido será el de mayores sequías, eso no lo puede garantizar nadie, podría darse el caso diametralmente contrario, que nos topemos con niveles de precipitación no registrados históricamente, lo cual nadie puede decir que no hayan ocurrido, ¿o alguien piensa que el Cañón del Colorado se formó con el pequeño río, casi arroyo que por allí corre hoy en día?, pero sí, entre las crecidas y las bajadas del Bravo, no es descabellado pensar que la demanda de líquido sea cada vez más satisfecha con el que se pueda extraer de la tierra, en condiciones como nos gusta a los humanos de estas épocas eficientistas, con un suministro constante y siempre listo para satisfacer los aumentos en la demanda.
El otro asunto sobre el que Zoë Schlanger llama la atención, es el relacionado a los acuerdos sobre posesión y explotación de los mantos acuíferos, sobre lo que comenta que, mientras que sobre cada acre-pie cúbico de agua superficial, hay acuerdos perfectamente establecidos y a regañadientes aceptados y sancionados, sobre las aguas subterráneas no hay nada escrito, y no solo eso, el desconocimiento sobre la amplitud, extensión compartida, profundidad, composición mineral y demás de interés obligado, es patente en ambos lados de la frontera.
Sí, dice la autora, las dos naciones reconocen oficialmente la existencia de cuatro acuíferos transfronterizos, pero citando trabajos de Rosario Sánchez, investigadora en temas hidrológicos de la Universidad Texas A&M, existen 36 mantos transfronterizos entre Estados Unidos y México, de ellos los ya citados quince están en territorio de Texas, y valdría la pena averiguar cuantos en territorio coahuilense.
Todos sabemos la realidad de lo que ocurre en la superficie, un huracán y se inunda todo, las presas llegan a niveles de desbordamiento, una sequía y a sufrir por la falta de agua, ¿pero y los mantos freáticos?, lo que comenta el artículo es que estos están siendo sobreexplotados sin ninguna consideración por la recarga, como tampoco que haya agua disponible para el futuro, y si no se fija nadie en la sustentabilidad, mucho menos en las consecuencias de lo que ocurra o pueda ocurrir del otro lado de la frontera, todo porque carecemos de visión para conocer el estado de los mantos, lo que no ocurre con el Bravo y sus afluentes, de los que nos preocupamos por lo que apreciamos a simple vista.
¿Pero qué tan grave es el problema?, es difícil decir, la Dra. Sánchez considera que no es exagerado asegurar que las fuentes de agua superficiales, lagos, ríos, arroyos, están   desapareciendo. A como vamos, tan pronto como quince o veinte años, el otrora poderoso Río Bravo será un arroyo de lástima, por el otro lado, el de la demanda de agua, es preocupante, estimándose que para el año 2060 la población del Valle del Río Grande crecerá a más del doble que en el momento actual, cada uno de los nuevos habitantes requerirá de suministro de líquido, en un escenario de calores cada vez  más fuertes. Esto detonará la explotación de agua subterránea, muy por encima de lo que ha sido hasta el momento. 
La Dra. Sánchez, por cierto originaria de Saltillo y que se ha convertido en especialista en el tema hidrológico regional, comenta que efectivamente hay antecedentes de algún interés en los mantos acuíferos, cita que por allá en el año 1973, en una de las reuniones periódicas de la Comisión Internacional de Límites y Aguas, se incluyó una cláusula al acuerdo de aguas compartidas, en que se reconoce la necesidad de establecer reglas reconocidas y aceptadas por las dos naciones, en torno a los mantos acuíferos subterráneos… y esa fue la última vez que se tocó el tema, la misma investigadora señala datos de que por lo menos desde el año 2013 hay referencias científicas de que la tendencia es al agotamiento del caudal en la cuenca del Río Bravo en las próximas décadas, sin embargo esto no ha dado pie al establecimiento de pláticas formales entre los dos países y mucho menos a acuerdos. 
Como sabemos, el acuerdo de límites y aguas es leonino, a favor de los Estados Unidos y en perjuicio de México, pero eso es lo superficial ¿Qué es lo que pasa con el subsuelo, hasta donde nos quedamos, patrimonio exclusivo de la nación, consagrado en la Constitución?, ¿pretenderá alguien prohibir que perforemos por agua, cuando esta se haya acabado en la superficie?, será un conflicto como no se ha visto otro en la historia compartida de México y los Estados Unidos, lo grave es que no se nota que nadie esté haciendo nada, nos referimos a los encargados de las dependencias gubernamentales nacionales, para desactivarlo antes que reviente.

 *Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila

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