La muerte señora de las minas

Por Heriberto Robles Rosales
lunes, 10 de septiembre de 2018 · 00:43
No importa el nombre, ni el poblado, es más ni siquiera el estado o el país, lo cierto es que la minería siempre será una industria de alto riesgo, una industria que al menos en México aún se explota como en el inicio de los tiempos. Justo es reconocer también que existen empresas que trabajan con los sistemas más modernos y sofisticados de seguridad y que los ingenieros mineros mexicanos son de los más y mejor preparados que existen en el mercado, pero una gran mayoría de los actuales empresarios mineros no sabe lo que es trabajar con seguridad y, aunado a ello, no se les aplica ninguna ley y cuando se piensa sólo en ganar, ganar, siempre se olvidan de la seguridad y sólo piensan en la producción, ¿cuántas minas de carbón existen en México? Es una buena pregunta y yo me atrevería a preguntar ¿cuántas empresas mineras responsables existen? Quizás los buenos amigos de algún fideicomiso, o bien de alguna secretaría de estado me puedan responder. Lo cierto es que seguirán los accidentes mineros, seguirán los muertos, seguirán las promesas, promesas que nunca se cumplen; en fin, que los muertos entierren a sus muertos y los vivos a seguir pensando en cómo ser candidatos de un partido a un puesto de elección popular.
Los pobres a seguir siendo pobres, esperando la ilusión de una promesa que jamás se va a cumplir, y seguiremos viendo las caras negras de los mineros del carbón y las caras de angustia de la madre, la esposa, los hijos pegados a los tiros de las minas, esperando ver salir con vida a su ser querido.
LA VIDA DEL MINERO
El tiempo transcurre inexorable, las lágrimas derramadas, el sol triste en el horizonte, el olvido, la esperanza perdida, morirán los días, morirán los años, los hombres, las ilusiones, la vida misma morirá y los recuerdos se perderán en las sombras del olvido, como en la noche eterna de las minas aquellos hombres duermen el sueño de los muertos confundiéndose en la noche negra de los tiempos. Así son los mineros, muertos que parecen vivos.
De las minas donde se siente el peso del silencio, de aquellas minas quizás ya olvidadas de ellas han salido muchas riquezas, ha salido mucho mineral, mineral que se convirtió en humo y en cenizas. De esas minas que nos dieron dinero para comprar amores,  pero de ellas también salieron odios,  y me parece que fueron más odios y rencores, que aquellos amores.
Un día el espíritu del mal, se recreó en la mina y con él llegó la muerte y en aquella mina olvidada y triste quedaron los hombres para siempre,  guardando los tesoros de aquella mina desolada, ya no regresaron a sus hogares, se quedaron como guardianes de aquellas joyas y los envolvió la noche eterna de las minas.
EL DESTINO DEL MINERO
Así es y así ha sido el destino del minero, decía mi padre, a la mina bajamos mas no sabemos si salimos con vida, es más no sabemos si saldremos muertos o en ella nos quedaremos porque la mina como mujer celosa, guarda para siempre a los hombres que la amaron. Hombres que se le entregaron a esa mujer celosa y posesiva que es la mina.
Es el destino. ‘‘Nacimos para ser mineros y mineros moriremos’’, es el pensamiento de los hombres que viven, gozan, disfrutan y mueren en las minas de carbón y de las de oro, plata y cobre. Son mineros de mi mundo.
EL DOLOR DE LA MADRE
La lejanía del horizonte marcaba el contorno del cerro El Temeroso, un sol triste, lloroso, se dibujaba en aquel cielo, un cielo en el que se veían unas cuantas nubes que se perdían en la inmensidad de lo azul de aquel cielo, un cielo que parecía querer aplastar nuestra presencia, un silencio horrendo, cruel, un silencio que lastimaba, aquel día de mayo una madre despedía a su hijo, los rostros de aquella gente desfigurados por el dolor, algunos sollozos de una anciana interrumpían el silencio sepulcral, un murmullo ininteligible se escuchaba, allá en el centro de aquel grupo de gentes reunidas frente a una humilde tumba en el cementerio de un pueblo minero perdido en la geografía norteña, una madre ya sin lágrimas sólo volteaba al cielo y hacía una pregunta ¿Por qué Señor, por qué?, despedían los restos mortales de un hombre joven, que había muerto en la mina igual que su padre, una mina que había reclamado sus vidas, y ahora la tierra reclamaba su cuerpo, los amigos de aquel joven sollozaban de tristeza y dolor y un hombre con una guitarra desafinada como desafinada era su voz cantaba su dolor y su amargura por el amigo ido, por la esperanza perdida. 

"Te vas ángel mío,
ya vas a partir”
"Dejando mi alma herida
y un corazón a sufrir”

El llanto contenido de aquella madre se soltó a raudales, su dolor era indescriptible, había perdido a su esposo en la mina y ahora su hijo también quedaba en la mina, las lágrimas corrían por su rostro a raudales mientras que un niño, su nieto, jugaba con la tierra de la tumba abierta, jugaba a ser minero.
¿Y EL RESCATISTA SUFRIRÁ?
Cuando ocurre un accidente en el que la vida del minero se pierde o, bien, cuando se tiene la duda de si han quedado con vida, existen hombres que sufren y lloran a veces por la incapacidad de poder penetrar a las profundidades de la tierra para salvar al perdido, ya sea para sacarlo con vida o poder recuperar sus restos y entregarlos a sus familiares. Son esos hombres que en sus espaldas cargan equipos de rescate y que en sus caras se refleja la impotencia ante lo imposible, son los mineros rescatistas que no buscan los reflectores de la fama o del elogio merecido, son hombres que tratan de rescatar al hermano perdido, que arriesgan su vida en ambientes extremadamente peligrosos, son hombres que también tienen su esposa, hijos, padres, amores, ilusiones, que saben que pueden perder su vida en el intento por rescatar a los seres que han quedado muertos o vivos en el interior de la mina. Personas que sin esperar nada a cambio, se entregan sin reservas para cumplir su cometido, sus hechos, su esfuerzo y sus nombres siempre permanecen en el olvido, y ellos siempre están prestos para acudir al llamado de auxilio casi siempre de otras minas, de otras empresas. Es justo y merecido un reconocimiento público a quienes sin esperar recompensa, están listos para penetrar en la noche eterna de las minas.
Así es la vida de los mineros y como dice, mi bien amigo John Silver:  ‘‘Así es esto’’. 

Hrobles52@outlook.com

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