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Profeta en su tierra

ONÉSIMO FLORES RODRÍGUEZ
viernes, 14 de septiembre de 2018 · 01:10
Al fin, ahora ya cumplidos sus 80 años de vida, la Universidad Autónoma de Coahuila generosamente y con toda justicia, ha decidido otorgar el  título de Doctor Honoris Causa a quien es sin duda y sin discusión alguna, el intelectual y pensador saltillense  más emblemático y trascendente no sólo de este siglo XXI, sino de la segunda mitad del siglo pasado.
En efecto, diplomitas aquí, condecoraciones allá, maestrías advitam por doquier, distinciones, banquetes, lisonjas, discursos, buenas intenciones a medias, rollos en exceso, algunos de buenas fe y otros con segundas intenciones, falsas promesas, fotos para la prensa, palabras para los medios, muchas otras acciones y demás parafernalias devaluadas, no han servido y por lo tanto no sirven para hacer justicia a la aportación periodística, literaria, cultural y desde luego filantrópica que "Catón” ha hecho generosamente a su comunidad, sin pretender a cambio prebenda o recompensa alguna.
Para él, el saltillense más reconocido en todo el país, su tarea principal y casi casi su misión permanente, fue y ha sido anteponer  Saltillo a todo, incluso a sí mismo; poner verdaderamente a nuestra ciudad en el mapa mexicano y hacer que nuestra comunidad destaque no sólo por sus atractivos turísticos, su  pujanza industrial, su producción agrícola y ganadera, sus gentes buenas, nobles y trabajadoras, su infraestructura educativa y museística, su clima noble y benigno, sus desiertos yermos y sus montañas azules, sino fundamentalmente mostrar a toda la nación que Saltillo es un lugar de encuentro de todas las ideas y pensamientos, y que a través de sus palabras habladas y sus letras escritas, los saltillenses que nos sentimos orgullosos de nuestra ciudad queremos compartirla con todo el país.
La Universidad, que es la joya de la corona educativa y cultural en el estado, ha sido más bien avara en otorgar reconocimientos sobre todo a los saltillenses, que sin duda lo merecen como "Catón”. En extremos de generosidad, concedía los títulos de Maestro Ad Vitam. Así no fue posible otorgar la distinción mayor del Doctorado Honoris Causa  a personajes como Don Ignacio Burgoa Orihuela, y a los saltillenses Don Óscar Villegas Rico y Don José Fuentes García. ¡Vaya! Ni Don Braulio Fernández Aguirre, ranchero autodidacta  pero extraordinario gobernador y además el gran constructor de los principales edificios de la Universidad, fue merecedor de esta distinción.
Tampoco otro personaje de gran valía, Rodolfo Tuirán González, y quien por todo el país pregona su oriundez coahuilense y a quien también la Universidad debe la obtención de los recursos y programas que han promovido su mejoramiento y su desarrollo en cuando menos  los últimos veinte años, fue merecedor del Doctorado Honoris Causa, y  ha tenido que conformarse con el que ya parece barato título sin serlo, por supuesto de Maestro Advitam. Aquí desde luego hay una deuda  universitaria.
Sí, en cambio, le fue otorgado este doctorado a un mexicano sin duda extraordinario, también saltillense de nacimiento, pero cuya vida estudiantil, universitaria y profesional se llevó a cabo exclusivamente en la Ciudad de México y en cuyo caso al parecer excepto por causas de estricto trabajo, no regresó a su tierra natal casi casi, sino sólo para recibir la distinción universitaria del doctorado y la develación de una placa que otorga su nombre a unos de los principales bulevares de la ciudad.
Entiéndase, el doctor José Narro Robles, saltillense de nacimiento y mexicano excepcional, científico, funcionario, director de la Escuela de Medicina de la UNAM, rector de la máxima casa de estudios en el país y también Secretario de Salud, sin duda alguna merece los reconocimientos que su patria chica le otorgó. Nunca fue, sin embargo, un abanderado ni de Saltillo ni de Coahuila, como sí lo son "Catón” y Tuirán. Sin duda sus distinciones tuvieron un origen político que en el fondo le hacen una injusta injusticia, perdonando el pleonasmo, y que condenan a quienes lo planearon y perpetraron a la categoría de oportunistas,
Los doctorados Honoris Causa se pueden otorgar a personajes con o sin título universitario, pero que se identifican plenamente con la Universidad que los honra. Me viene a la memoria el discurso de Bill Gates en la graduación de la Universidad de Harvard correspondiente a la promoción 2007, donde palabras más palabras menos, dijo que a pesar de no haberse graduado en los dos años que había cursado en Harvard, allí se había sembrado la semilla que hizo posible la grandeza de su emporio y que por ello quedaba eternamente agradecido con la universidad.
La Universidad Autónoma de Coahuila, al honrar a "Catón” se honra a sí misma, y hace que se olviden rectorados políticos y circunstanciales, funcionarios y maestros sin vocación y hasta rectores sin título universitario.
¡Enhorabuena al rector Salvador Hernández Vélez por esta muy atinada iniciativa!
Sobremesa.- Señor gobernador Riquelme: Una súplica, por más que "Catón” se resista a ello, nuestros vecinos de Monterrey persisten en la idea de hacerlo regiomontano, no vaya usted por ningún motivo a permitir que esto suceda. La extraordinaria biblioteca que a lo largo de los años ha construido Armando Fuentes Aguirre y Radio Concierto, la estación popular de música clásica que "Catón” nos ha dado a los saltillenses, podría terminar en Monterrey. Por favor no lo permita.

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