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La moderna esclavitud

Manuel Fragoso Álvarez
miércoles, 19 de septiembre de 2018 · 00:00
Hace apenas unos cuantos meses, encontraron a un grupo de compatriotas hacinados en unas pequeñas bodegas cerca de aquí, ellos laboraban para una empresa que tiene ranchos y es introductora de ganado. Estos señores provenían de estados como Veracruz, Oaxaca, Chiapas, etc. Les daban de comer (poco, pero a todos y siempre sus tres comidas al día, les pagaban entre 80 y 120 pesos diarios, y la verdad ni uno de ellos se quejaba. A los pocos que pudieron entrevistar, incluso les parecía que estaba bien, dijeron que ellos en sus ciudades, ganaban —cuando les iba bien— 20 o treinta pesos diarios y que a duras penas les alcanzaba para comer ellos y su familia, que aquí tenían un lugar dónde dormir, un trabajo y les pagaban "bien”, o sea ellos estaban de acuerdo. Pero llegó la "autoridad” vio en este tipo de trabajo un delito, les consiguió un camión y los envió a sus lugares de origen. ¿A trabajar de qué y en qué?  Pero bueno, yo sólo comento, no estoy de acuerdo con las condiciones de trabajo, pero tampoco se me hace justo que los manden a sus ciudades —sin un proyecto de trabajo— a penar por no tener para comer ni para mal sobrevivir. 
Checando entre las notas dispersas que por ahí pululan, he encontrado distintos tipos de explotación laboral que, en pleno siglo XXI siguen teniendo una vigencia aterradora. Según estadísticas de la Fundación Walk Free, en nuestro país existen casi 300 mil personas en esclavitud moderna, lo que lo ubica en el sitio 18 de 167 países, o sea el cuarto país con mayor porcentaje de población con algún tipo de esclavitud. "En el Continente Americano sólo es superado por Haití, pero está al nivel de Colombia, Perú, Ecuador, Guatemala, Bolivia, Honduras, Paraguay, El Salvador y Nicaragua”
Dentro de la esclavitud moderna se encuentra la trata de personas, trabajo forzado, servidumbre por deudas, explotación sexual crimen que, después del narcotráfico, arroja más ganancias en México a los que lo controlan. Esto les deja tanta ganancia que los mafiosos de Tenancingo tienen casas y palacetes de lujo —aunque— "naco”, construidos con las ganancias exorbitantes que obtienen: "a pesar de que Tlaxcala apenas rebasa el millón 200 mil habitantes y que no tiene a más de 40 residiendo en Estados Unidos, recibe más dinero en remesas que Coahuila”. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que hay unas 4.5 millones de víctimas de explotación sexual forzada. Hay otros caos, en todas las ciudades hay jóvenes (hombres y mujeres) que se prostituyen para obtener ganancias rápidas, comprar ropa, celulares, o darse sus pequeños lujos, en la ted se puede uno dar cuenta clara de ello.
Mendicidad forzada. El Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), estimó que 150 millones de niños entre los 5 y los 14 años hacen trabajos forzados en algún rincón del mundo; y uno de esos trabajos es la mendicidad forzada, es decir, todas las actividades en las que una persona pide a extraños dinero argumentando pobreza, adicciones, donativos para causas ficticias, o vende objetos, como dulces, flores o pide dinero, esas ganancias son entregadas a un tercero. Se ha sabido que, por ejemplo, una mujer puede rentar unas horas un bebé por 100 ó 150 pesos, y para mantenerlo callado y dormido mientras pide dinero lo embriaga o le da solventes.
Pero a la hora de acceder a cifras oficiales sobre este delito nadie puede dar más datos porque muchos están protegidos por las mismas autoridades. El caso más reciente sobre este tema fue el del albergue, La Gran Familia en Zamora, Michoacán, que manejaba Mamá Rosa, quien fue señalada por algunos menores de obligarlos a pedir limosna para beneficiarse económicamente, pero el caso fue desechado por falta de pruebas. En la ONU a este fenómeno se le conoce como child beggars (niños suplicantes) y se reconoce como un delito del cual el crimen organizado obtiene parte de los 32 mil millones de dólares anuales. 
El dejarlos encerrados o encerradas dentro de casas como sirvientas o sirvientes, tampoco es algo lejano, en nuestro país, fue muy sonado el caso de una chica que durante dos años permaneció encadenada del cuello en una tintorería de la Ciudad de México para obligarla a planchar ropa día y noche. Zunduri (como quiere que la llamen ahora), nunca pensó que sería esclavizada. Escapó de su casa y se refugió en el negocio pues conocía a la dueña, era madre de una ex compañera de su escuela. La mujer la contrató para planchar ropa a cambio de 300 pesos semanales, comida y una cama. Pero la chica dejó el trabajo para vivir con su novio, lo dejó y volvió a la tintorería. Pero desgraciadamente para ella el trato ya no fue el mismo, para regresar tuvo que aceptar condiciones infrahumanas: más trabajo, poco pago y menos comida. En uno de los temblores en la Ciudad de México, se cayó una estructura en donde murieron varias costureras que trabajaban en condiciones inhumanas, nada se dijo.
Analizando el tema de la esclavitud moderna, las condiciones son muy similares a las que imperaban en el siglo pasado, donde el esclavo sólo trabajaba por comida y para tener un lugar dónde vivir, en la actualidad, sólo se trabaja por la comida, porque el dinero que se obtiene (80 diarios), apenas alcanza para poder mal comer o mal vivir. Las condiciones son similares, porque en los dos casos, seguirán pobres, parece ser que la esclavitud sigue vigente, aunque de manera más moderna y refinada.

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