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Continúan asesinando periodistas

FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL
martes, 25 de septiembre de 2018 · 00:54
Nuevamente el medio periodístico nacional está de luto, por el asesinato del comunicador chiapaneco Mario Gómez, del Heraldo de Chiapas. La sociedad mexicana muestra una gran preocupación por la violencia generalizada del crimen organizado, por los ataques a periodistas y defensores de los derechos humanos en el país; son ya 120 periodistas asesinados desde el año 2000.
México se ha vuelto un lugar muy peligroso para aquellos que se dedican a comunicar los hechos que acontecen, y es que los compañeros periodistas se han vuelto el blanco favorito de los  grupos delincuenciales que operan a lo largo y ancho de nuestra República Mexicana.
México es el país más peligroso para los periodistas en América Latina y el tercero más peligroso en el mundo. Hace un par de décadas, se le achacaban al gobierno los asesinatos de los comunicadores, como fue caso de Manuel Buendía, quien fue abatido por un individuo perteneciente a la Dirección Federal de Seguridad en aquellos aciagos tiempos del delamadrismo.
El gobierno en sus tres niveles no se acostumbraba ni se acostumbra  todavía a la normalidad democrática para aceptar los señalamientos de la prensa libre en nuestro país.
Los resultados del gobierno mexicano (@EPN) en materia de seguridad son deplorables. Un Estado eficaz es aquel que resuelve los crímenes, ya sean secuestros o asesinatos de cualquier miembro de la sociedad. De acuerdo a algunos editorialistas, "los Estados exitosos son aquellos que movilizan todos sus recursos para encontrar a personas desaparecidas o a los culpables de haberlas desaparecido, ya sea porque las secuestraron o asesinaron. Si éste es el estándar de la eficacia estatal, México está absolutamente reprobado”.
Y es que no es posible que el gobierno mexicano, a estas alturas, no pueda defender dignamente la vida de los comunicadores y de los defensores de los derechos humanos como Javier Valdez Cárdenas en Sinaloa, Miroslava Breach en Chihuahua, Cecilio Pineda en Guerrero, Ricardo Munlui en Veracruz, por mencionar sólo algunos de los colegas asesinados.
Se han creado por parte del gobierno muchos mecanismos burocráticos como fiscalías especiales para investigar y esclarecer hechos violentos contra periodistas, pero que en la práctica no funcionan debido a su falta de autonomía, de personal y recursos económicos, y sólo son vistas por la sociedad como un acto de simulación por parte de las autoridades.
Los ataques a periodistas y la inacción gubernamental para detenerlos han empezado a generar un profundo vacío que afecta el ejercicio de la libertad de expresión, mientras que la impunidad de los delincuentes produce un desánimo entre la población y un descrédito para las autoridades federales y de las entidades estatales.
Sin embargo, los mexicanos no vemos en el corto plazo que exista una estrategia de cómo resolver el problema. Habría que implementar  una solución inmediata para redimensionar la cadena de instituciones del Estado dedicadas a proveer seguridad: policías, fiscales, jueces y cárceles.
Mientras el flamante presidente electo López Obrador no implemente más recursos financieros, personales y materiales a este asunto, los ciudadanos seguiremos siendo más que vulnerables ante el crimen y el Estado seguirá siendo fallido. Seguridad de que si alguien desaparece, el Estado se encargará de buscarlo y encontrarlo. Seguridad de que si alguien es asesinado, el Estado buscará y encontrará a los responsables a quienes castigará por haber cometido este crimen.
Lamentablemente, vivimos tiempos muy complicados en el país, vivimos secuestrados y en guerra contra el crimen organizado, donde el poder lo ejercen los narcotraficantes y los grupos que cuentan en sus filas a gobernantes y políticos que siendo cómplices de éstos, son beneficiarios de la riqueza ilícita que ello genera. Hasta cuándo podremos seguir tolerando todo esto.
ADENDDUM: Continúa destapándose la corrupción en el uso de los recursos para los damnificados del "19s”, es increíble cómo los políticos de todos los niveles en la CDMX desaparecieron o hicieron un uso personal de los apoyos para aquellos que perdieron sus viviendas durante el sismo de septiembre el año pasado. Merecen ser colgados de la plaza mayor, pero de los cojones.

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