COYUNTURA ECONÓMICA

Los registros de Agsal

Horacio Cárdenas Zardoni
martes, 25 de septiembre de 2018 · 00:10
Por muy poco interesado y menos enterado que le guste estar de las cosas de gobierno, lo cierto es que para nadie o casi nadie es desconocido el hecho de que la concesión del agua a la empresa de capital español, catalán, o la interpretación que cada quien quiera darle al Artículo 155 de la Constitución Española, Aguas de Saltillo, representa un antes y un después, en la relación entre gobierno y gobernados, cuando menos en la capital del estado de Coahuila, habiendo servido de experimento a escala nacional, del que nadie que sepamos, ha dicho si fue exitoso o no, por comparación con el estado de cosas anterior, cuando el servicio de agua potable y disposición de aguas residuales era función de la administración pública.
Desde luego que en este asunto, como en tantos otros, cada quien habla según le fue en la feria, es decir, que algún segmento de la población dirá que efectivamente hubo una mejoría en el servicio, otra proporción dirá que al contrario, que empeoró, y como suele ocurrir en cosas de la estadística, la gran mayoría reportará que ni uno ni otro, el servicio sigue igual que antes. Que sí, quedó pendiente el cumplimiento de promesas como que habría suministro del líquido las veinticuatro horas del día, los 365 días del año, y no como ha sido desde que tenemos memoria, por tandeo, ciertas horas y ciertos días llega el agua, y los otros nomás no, con lo que siempre es útil disponer de un tinaco o dos, y en colmo de los lujos y de la previsión, tener un aljibe para almacenar la suficiente para un par de semanas o más.
Ojalá el negocio, porque no puede dejar de calificarse como negocio, de la asociación entre el Ayuntamiento de Saltillo y la empresa multinacional Aguas de Barcelona hubiera tenido un objetivo único, pero por su misma naturaleza, desde el principio quedó claro que había dos, no siempre o más bien casi nunca, en el mismo sentido y con la misma dirección. 
Porque lo que quería el Ayuntamiento, supuestamente a nombre de todos los saltillenses, era el mejoramiento del servicio en cuanto a calidad, cantidad, ampliando la cobertura a todos los habitantes, tampoco estaba por demás quitarse de los problemas políticos que el mal servicio le acarreaba a la administración municipal, de ese momento en adelante lo que ocurriera, la culpa se la echarían a la empresa paramunicipal, ya no a los políticos, que podrían según costumbre, seguir sus carreras sin esa mancha en su currículum. 
Del otro lado de la mesa, el objetivo de la parte española siempre fue económico, la generación de ganancias, mismas que se irían líquidas a su matriz en Barcelona, para el pago de rendimientos a sus accionistas. 
Siendo como eran, y siguen siendo los tiempos del neoliberalismo, se tenía la idea miope de que la iniciativa privada es más eficiente que el gobierno, para casi todo, pero sobre todo para la venta de servicios. Allí donde una oficina de gobierno opera con números rojos, una empresa puede no solamente cumplir las funciones a menor costo y con mayor eficiencia, pero además ser un excelente negocio que se puede reproducir en muchas otras ciudades, hablando específicamente de México. 
Nosotros, en nuestra hipermetropía, pensamos exactamente lo contrario, que la administración pública puede ser tanto o más eficiente que la privada, y los ahorros, que no las ganancias generadas, se pueden reinvertir para seguir prestando un servicio cada vez mejor, por un tiempo indefinido. 
Pero hablábamos al principio de un antes y un después, y en efecto, desde que llegó Aguas de Saltillo, se dedicó a darle una fisonomía nueva a lo que antes era la Junta Administradora de Agua Potable y Alcantarillado de Saltillo, JAPAS, según todavía se puede ver en muchas alcantarillas y registros por toda la ciudad. Las oficinas sí, son mucho más modernas, algunos dirán que injustificadamente elegantes, los vehículos igual, pequeños pero nuevos, ya lo de los subcontratistas, esos siempre traen a sus trabajadores hechos unas garras en camiones en punto de chatarra, pero bueno, cada quien aprieta las tuercas según su hambre de ganancias.
Lo que sí, salvo su mejor opinión, y la de la empresa que tan delicada piel tiene a la hora de que se habla de ella en los medios de comunicación, la infraestructura nueva deja mucho que desear, en comparación con la que había antes. 
Ya habíamos hablado antes de los medidores, de como aquellos de bronce que duraban décadas sin fallas, fueron sustituidos por otros de "plastiquín”, que, si al control estadístico de calidad nos vamos, era para demandar al proveedor, de tan malos como han salido. Y que, si no ha ocurrido, lo de la demanda, es porque curiosamente cuando marcan mal, lo hacen a favor de la empresa y nunca del cliente, marcando un consumo exponencialmente más elevado de lo que la propiedad consumía consuetudinariamente. Pero lo que nos ocupa hoy son los registros, más bien las tapas de los registros, que a la vez que protegen, permiten el acceso al medidor para tomar la lectura, allí sí que el cambio ha sido notorio… para peor.
Recorra usted cualquier banqueta de Saltillo, hay una gran proporción de aquellas tapas de registro que dicen JAPAS, y que estaban fabricadas en fierro colado, pesadas como ellas solas, y aguantadoras como ninguna, que sí, se llegaban a quebrar, pero eso era porque los propios empleados de JAPAS las dejaban caer a lo bruto, dañándose poco a poco el material, hasta quebrarse, por lo general en dos partes que perfectamente aguantaban un cordón de soldadura, como para durar otro medio siglo. Pero allí donde las han retirado, AGSAL ha instalado unas tapas de registro que cuando comenzaron a verse, parecían muy monas. 
Desde su diseño, no el rectángulo crudo, sino uno de cantos redondeados sin llegar a ser óvalo, además con una puertita, esta sí rectangular, que podía servir para abrirlo o para asomarse a tomar la lectura, muy bonitas de veras, y modernas, que además reflejaban la nueva imagen corporativa de la empresa (paramunicipal). Nada más que, igual que con los medidores, salieron más corrientes que las proverbiales galletas de animalitos. 
Se ven por todos lados en las banquetas, sumidas, dobladas, a veces solo la puertita, que debió ser por el peso de una persona, o completa, que debió ser por el paso de una rueda de algún vehículo, no necesariamente de grandes dimensiones. Sin exagerar, haciendo un corte en el tiempo al día de hoy, en ciertas calles son más de la mitad los registros con la tapa hundida (porque allí se ve doblada en el fondo, no se la robaron), y si la tendencia se mantiene, en unos pocos años no habrá una sola toma protegida, pero que además representa un riesgo para los sufridos peatones saltillenses, que con este regalo de AGSAL suman un nuevo obstáculo a la pista que recorren cada día. 
Un antes y un después ¿Qué tantas otras sorpresas de esta clase nos tendrá Aguas de Saltillo guardadas para cuando se acabe la concesión?
 
*Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila

Comentarios