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Cuestionar con libertad

LUIS MIGUEL CANO / APRO
viernes, 8 de noviembre de 2019 · 01:03

Ha llegado esa especial época del año en la que estamos de aniversarios. Tantas cosas suceden alrededor, de tal magnitud, que celebrar no parece prioritario. Nada que festejar en la situación que atravesamos, pensará mucha gente. Sin embargo, en lo personal, disiento.
Concedo que cada quien pueda amargarse todo el tiempo o motivarse con lo que guste. Pero para mí, en esta etapa de mi vida, una pausa en el camino para examinar un logro, para tomar un respiro, es de vital necesidad.
Cuatro años ha cumplido la ley reglamentaria del derecho de réplica, así que una reflexión sobre ese peculiar derecho la encuentro de utilidad, sobre todo porque se ha trastocado su finalidad y el empleo del término en la actual administración.
Opino que es un derecho peculiar por varias razones. No es un derecho autónomo para empezar. Para ejercer el derecho de réplica, siempre, primero, alguien más debió ejercer su derecho a informar. No se replica al vacío, se replica por alusión.
Segundo rasgo distintivo: el de réplica es un derecho que las autoridades pueden hacer valer frente a particulares, contrario a lo habitual en la orbe de los derechos. Cualquier medio de información privado, personal o colectivo, pudiera pasar como sujeto obligado a concederles alguna réplica. Y tercera característica que quisiera resaltar, al derecho de réplica en sede judicial se le ha visto como una garantía de la veracidad informativa, con lo cual, su vertiente social pesa más que la individual.
Yo en cambio, no puedo quitarme de la mente que la forma en la que apreciamos el derecho de réplica con la actual óptica judicial, lo hace una herramienta muy útil para trascender la verdad.
Reconozco la ventaja de poder colocar tantas versiones de una historia como participantes se involucren en ella, y que se confíe en el público para distinguir entre ellas la que aparente mayor veracidad. Pero sigo sin convencerme de que una de esas versiones se imponga contarla en el medio de alguien más, cuando quien la cuenta dispone de sus propios medios para contarla —obvio que, si no se tienen medios, fundamental es replicar en el medio de origen—.
Con una excepción, una gran excepción. Si la versión de una historia la cuenta el gobierno en sus espacios oficiales o la repiten las voces oficialistas en medios particulares, me da mucho gusto que se tenga el derecho de replicar esa versión en esos mismos medios oficiales y oficialistas. Más en concreto, celebro y festejo que un medio crítico tenga reconocido el derecho de transmitir su versión no oficial en los espacios oficiales. Es más, creo que pudiera celebrar que hasta una voz conservadora tenga el derecho de replicar en un espacio oficial, su propia versión.
Ese derecho no estaba garantizado de inicio en la ley reglamentaria. Todavía hoy se puede leer en ella que una réplica puede negarse si versa sobre información oficial emitida por cualquier autoridad y es difundida por una agencia de noticias o medio de comunicación. Esa norma no pudo invalidarse por el Pleno de la Corte en su momento, y según entiendo, es un logro de Proceso que su Primera Sala la haya declarado inconstitucional. Pasados dieciséis meses valoro más su potencial.
No es sólo la satisfacción personal de pasar de un proyecto de sentencia en el que se llegó a postular que la información emitida por el Estado presupone una diligente difusión de la verdad, a otra propuesta que finalmente tuvo mayoría de cuatro votos en la Sala en la que quedó plasmado el criterio de que, tratándose de información oficial, es exigible una verificabilidad reforzada. Va más allá ese logro.
Todos los días brotan versiones opuestas sobre asuntos de interés público. En cada mañanera el Presidente y su gobierno cuentan una historia, luego no falta quienes posean otros datos, y entre tanta confusión, parece ausente el principio de responsabilidad informativa.
Los adjetivos buscan reemplazarla y al final del día noto tanta polarización que de vez en cuando me gana la tristeza. Así que pienso, ¿qué sucedería si se exigieran réplicas en las mañaneras?, ¿si ese espacio tan protagónico lo repartimos? El derecho de réplica no da para mero interés simple. Se necesita de alusiones. Pero si aquella responsabilidad informativa pudiera promoverse con este ejercicio, estoy convencido que tendríamos más que festejar.
 

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