OPINIÓN

La corrupción nace desde la cuna

GUILLERMO ROBLES RAMÍREZ
lunes, 2 de diciembre de 2019 · 00:17

El Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador tiene un gran interés en terminar con la corrupción en nuestro país. Seguramente un sueño utópico, porque se trata de algo tan antiguo como nuestra propia existencia.
Una práctica que se aprende desde que todos nosotros somos chiquitos, es decir, desde nuestra infancia.
Sin darnos cuenta estamos sumergidos en ella, pero cuando se habla en el rubro político suena como algo cotidiano, contrario a cuando nos referimos dentro de nuestros hogares, ahí sí causa sorpresa y posiblemente hasta enojo e indignación.
Pero al profundizar un poco más en este tema, es decir la corrupción, es uno de los más grandes problemas que vemos como algo normal habitual y parte de nuestra sociedad, por lo tanto, lo hemos adaptado a la vida cotidiana. Equivocadamente, pero es una realidad que nadie se ha escapado al practicarla en algún momento de nuestras vidas.
Su práctica comienza desde temprana edad cuando somos niños, porque desde el momento que estamos en la educación básica no falta el típico intercambio de premiar ya sea con un juguete o dinero para sacar una buena calificación, o quién no ha escuchado: “Si te portas bien, te doy tu domingo.”
Si el significado de corrupción es la acción y efecto de corromper, y su acción es sobornar a alguien con dádivas o de otra manera, esto quiere decir que desde la niñez se nos enseña a ser sobornados, por lo que forma parte de nuestras vidas y educación.
Esto es simplemente un ejemplo como parte de la iniciación de soborno en el país; y conforme vamos creciendo lo vemos durante la secundaria o preparatoria, porque no falta quién le ofrezca al maestro el famoso “bebe”,  es decir la botellita de brandy, para aprobar la materia.
En la edad adulta es más que común para aquellos conductores cuando cometen una infracción, es ahí cuando no falta ofrecer dinero para el famoso “café”, que oscila desde los $200.00 hasta más, y también aquellas conductoras que con sus encantos tratan de envolver al agente de tránsito, para que las dejen ir sin la multa.
El rezago en la ética de este grupo de seguridad pública es una pequeña prueba de que muchos elementos no han pasado la prueba de confiabilidad, cada vez hay menos motivación para entrar a la academia policiaca por sentirse amedrentados por el crimen organizado, y su baja calidad por la renuencia de capacitación para ser más y mejores elementos policiacos son una cruda realidad.
Pero la verdadera culpa la tenemos nosotros mismos porque inculcamos el chantaje, el soborno como parte de la educación de nuestros menores, que ya se ha convertido en algo tan normal o cotidiano que no le damos importancia, y ante la falta de una explicación lógica del porqué, también se lo enseñamos a los extranjeros con nuestros actos. 
Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013
Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018
www.intersip.org

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