Mi Punto de Vista

Seguridad: prioridad y exigencia

CHOLYN GARZA
lunes, 2 de diciembre de 2019 · 01:20

De alguna manera a todos los mexicanos nos está afectando la inseguridad que prevalece en el país. No hay día que no se escuchen noticias que sean simples incidentes, sino que se han convertido en verdaderas agresiones.
El riesgo de sufrir una agresión dentro o fuera del hogar está ahí. La delincuencia se siente protegida y ha convertido las calles en sus centros de extorsión.
No importa el nivel social o económico al que pertenezca el ciudadano. Como tampoco muestran respeto alguno en cuanto si a quienes agreden son personas mayores, jóvenes, hombres o mujeres. Ni siquiera sienten consideración por los niños. No les interesa a los delincuentes si su víctima tiene o no posibilidades de cumplir sus exigencias, lo que les interesa a esas lacras de la sociedad es el beneficio que obtienen del delito en el que incurren.
Todos estamos ya ante el peligro latente que es la inseguridad. Han dejado de ser simples comentarios de café cuando se decía que parece que a tal persona le sucedió tal situación, llámese extorsión telefónica, robo de auto, en fin. Hoy estamos ante una situación de riesgo, todos.
De ser despreciables ladrones --que dicho sea de paso siempre han existido a mayor o menor escala y que la autoridad los tenía identificados-- pasaron a conformar verdaderas bandas criminales, donde el delito se convirtió en su forma de vida y los ciudadanos en víctimas.
En mi opinión, considero que no ha sido la pobreza o la falta de oportunidades lo que los hizo caer en la tentación de convertirse en delincuente. Fueron otras las circunstancias.
Pobres siempre han existido y existirán como también gente buena y con principios. La pobreza no es sinónimo de maldad, de perversión. En cambio, sí puede ser un detonador para sacar la casta y superarse para salir del ambiente en que se encuentran.
Hay infinidad de profesionistas exitosos que platican con orgullo que sus padres, siendo muy pobres y con familia numerosa, a todos sus hijos los enviaron a la escuela. Unos se recibieron, otros se pusieron a trabajar, pero todos al ver el esfuerzo de sus padres, salieron adelante.
En cambio, otros tratan de justificar sus propios errores culpando a la pobreza por su fracaso como personas.
La pobreza no se va a acabar implementando programas sociales, sino con ofertas de trabajo.
La delincuencia no va a desaparecer con recomendaciones absurdas que causan risa e indignación porque demuestran la falta de estrategias para combatirla. Corresponde a un gobierno implementar medidas, que bien pueden parecer drásticas pero necesarias dada la situación por demás intolerable que vive la sociedad, que está dañando considerablemente a familias y por supuesto, al país entero.
La delincuencia creció a pasos agigantados. Del ratero solitario se fueron formando pandillas que azotaban los barrios, las colonias. Con ellos, con los jovenzuelos dedicados a delinquir llegaron los defensores de sus supuestos derechos, como si robar, agredir y hasta matar fuera un derecho más que una decisión con consecuencias.
Tiempo después llegó la llamada delincuencia organizada, considerada así sin duda porque fue dejando a la sociedad en una verdadera indefensión al modificarse las leyes para favorecer al agresor.
Hoy tenemos hogares donde falta un ser querido, personas valiosas que sin tener nada que ver con los grupos criminales, fueron desaparecidos, violentados en sus derechos.
El tiempo pasa sin que el reclamo justificado de las familias haya recibido el consuelo de ser atendidos por el gobierno.
El caso reciente de la familia LeBarón nos ha conmovido por la brutalidad con que fueron masacrados algunos de sus integrantes por peligrosos delincuentes. No les importó a esas lacras atentar contra la vida de mujeres, como tampoco sintieron el mínimo respeto por la vida de los niños.
¿Merecen alguna consideración esos individuos? ¿Merecen que se respeten sus derechos?
Si los delincuentes operan con la mayor impunidad y tienen asolada a la sociedad, es porque no hay una estrategia para combatir a individuos que causan tanto daño. La estrategia de abrazos, no balazos, es una burla para las víctimas y sus familias. Esos individuos no merecen más que el desprecio de la sociedad y un castigo ejemplar por parte de la autoridad.
El tema de la seguridad es una exigencia; un reclamo de los ciudadanos que deseamos recuperar la tranquilidad. Mientras exista quien proteja al crimen organizado, ya sea a través de leyes, desde el gobierno, desde organizaciones de Derechos Humanos, la paz será más difícil de alcanzar.
Las víctimas, todos los ciudadanos deben ser una prioridad para cualquier gobierno. Muchas vidas se han perdido ya como para continuar protegiendo a quienes tanto daño han causado y siguen causando al país.

cholyngarza@yahoo.com
 

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