COYUNTURA ECONÓMICA

La mano que sube la gasolina

Horacio Cárdenas Zardoni
sábado, 23 de marzo de 2019 · 00:00
Más que economista, Adam Smith parecía poeta cuando ideó aquel concepto de la mano invisible, que luego ha sido utilizada por generaciones enteras de economistas para poner pretextos, más que explicar razonablemente por qué pasan las cosas que pasan en el ámbito económica. La primera mención que hizo Adam Smith de la existencia de un mecanismo de supuesta autorregulación del libre mercado, fue en su libro Teoría de los Sentimientos Morales en el año 1759, que por cierto al menos de nombre tiene alcances muy superiores al otro libro que terminó por hacerlo famoso, La riqueza de las naciones.
A lo mejor pecamos de aventurados en pensar que los teóricos de distintas épocas han sido ingenuos al pretender darle cualidades de bondad, o siquiera de racionalidad, a lo que no lo tiene, o que más bien, es ajeno o desinteresado a tenerlas, es el caso de Juan Jacobo Rousseau con su planteamiento del "buen salvaje”, quien según tendría gracias al contacto con la naturaleza y el desconocimiento de la civilización, características ideales, que el desarrollo y la vida en las ciudades han desviado y corrompido, así Smith con el mercado, que en su apreciación, si se deja al libre juego de la oferta y la demanda, con la menor intervención del gobierno, que en su mente juega el papel de villano, encontrará su equilibrio y su punto óptimo.
Según algunos analistas, la metáfora de la mano invisible se extiende a las personas y las empresas, que se sentirán motivadas a aumentar su producción o disminuirla, en función del aliciente que representen los precios en el mercado y las ganancias que ofrezca la venta de sus productos. Más que un teórico de la economía, el discurso de Smith parece mercadotecnia de los grupos de interés, generalmente empresariales no de solo de su época sino de todos los tiempos, de justificar su exigencia de que el gobierno, y para el caso cualquier organización que no sea estrictamente productiva, se abstenga de intervenir de cualquier forma que afecte, así sea mínimamente, la generación de ganancias .
Si bien los planteamientos de Adam Smith se suelen ubicar en la prehistoria del desarrollo del pensamiento económico, lo cierto es que siguen vigentes… para quienes encuentran utilidad en ellos.
Ahora sí que repitiendo la cita atribuida a Albert Einstein, de que cuando la única herramienta que tiene uno a la mano es un martillo, a todo le ve cara de clavo, y ¿qué más explicación hay para el comportamiento de los economistas en este principio de milenio, que el que aplican al pie de la letra las recomendaciones de Smith porque les vienen perfectamente, no en la parte de que los mercados busquen o encuentren su autorregulación, sino en que les permite maximizar sus ganancias?
Uno de los ejemplos más claros de esto es lo que se ha venido dando en México en los últimos dos años en el mercado de combustibles, uno que por demás está decirlo, incide de manera determinante en el resto de la economía, algo que si acaso, contempló muy de pasadita Adam Smith, pues liberando este mercado, que no se autoregula conforme a lo que dicen que debería ocurrir, la economía termina convirtiéndose en un caos, algo que si alguien en el gobierno, en la sociedad, tuviera una visión de la articulación que debe existir entre la economía y todo lo demás, se hubiera cuidado mucho de permitir, mucho menos de propiciar.
En el papel, cuando como parte de la reforma energética, una de las más importantes del conjunto de reformas estructurales de Enrique Peña Nieto, parecía que todo iba a marchar sobre ruedas, gracias a la inversión extranjera, a la apertura del mercado interno a empresas del exterior, la competencia posibilitaría que los precios de las gasolinas adquirieran y mantuvieran el nivel que deberían tener, ya sin injerencia del gobierno que lo usaba para allegarse recursos. 
Los individuos comprarían la gasolina que pudieran pagar, y dejarían de comprarla cuando los precios subieran demasiado, las empresas la usarían como insumo y cuando creciera mucho, bajarían su producción, con lo que bajaría la demanda, y los precios se actualizarían a la baja, hasta allí, todo de libro de texto, aun dejando de lado que en México la gasolina se vendía y se vende a precios internacionales, cuando que los consumidores no perciben salarios comparables con los de otros países.
¿Pero qué pasa?, que mientras que en el exterior los precios de los combustibles han ido bajando y bajando, en México no solo se mantienen altos, sino que siguen subiendo, poniendo en franca duda la teoría de Smith, y yendo más allá, haciendo sospechar que los organismos que no deberían existir, pero que existen para ayudar a la regulación de estos precios, terminan complicando el problema todavía más.
En dos meses el precio de las gasolinas ha subido fuera de toda lógica de mercado, salvo claro, la exigencia de mayores ganancias de los empresarios, pero además ocurre de una manera totalmente desquiciada, viene a resultar que en la actualidad PEMEX solo produce un 1% de la gasolina cara, la Premium, importando el 99%, y de la Magna, la dizque barata.
Petróleos sí produce algo más, pero tampoco mucho, el caso es que por esas insensateces del mercado, los precios de ambas gasolinas han llegado casi a tocarse, en un fenómeno que tiene a los analistas rascándose la cabeza, y a los planificadores de la política energética, sin saber qué hacer. 
Durante muchos años el diferencial de precios se mantuvo en casi dos pesos, entre la de 87 y la de 92 octanos, pero en este mes de marzo, en Coahuila, la diferencia se ubicó en 30 centavos, con lo que si se comprobara que la Premium rinde más kilometraje que la Magna, algo que siempre ha estado a discusión, estaría resultando que la cara es más barata que la barata… en cuanto a rendimiento, en un contrasentido que pone de cabeza las teorías de Smith y sus seguidores, aunque encuentre su razón de ser en cuestiones tan enrevesadas como que salga más económico comprar gasolina cara en Estados Unidos que fabricar gasolina barata en México, bueno, y eso suponiendo que el factor determinante es el costo de fabricación, no otros "contaminantes” o "distorsionantes”, como los impuestos, los estímulos, y otros enredos que son baza del gobierno en este asunto en el que es imposible que deje de querer sacar la tajada del tigre.
Regresando a lo de la teoría, es probable que puedan rastrearse acciones que estresan los mercados para subir los precios, ni remotamente para que encuentren su punto de equilibrio, en este sentido sí existiría la famosa mano que mueve los mercados, pero tengamos claro que no es ni de lejos como ingenuamente lo creyó Smith, los mercados se ocupan solo de generar ganancias, lo demás es lo de menos.

*Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila

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