COYUNTURA ECONÓMICA

Chocolates para todos

Horacio Cárdenas Zardoni
martes, 23 de abril de 2019 · 00:00
Es un fenómeno sociológico y psicológico el de la actitud que asumen los empresarios y las asociaciones de empresarios, cuando ven amenazada, o cuando para decirlo más correctamente, sienten, intuyen o sospechan que alguien está amenazando su negocio, como si se tratara de un ataque personal, una intención malévola por privarlos de sus ventas, de que vean reducidas sus ganancias.
Lo hemos visto en todos los ramos, los empresarios que en general son caracterizados como asertivos, proactivos, incluso déspotas para con sus trabajadores, a la hora que se les presenta la oportunidad de quejarse, lo hacen como si su vida fuera una tortura continua, y no que digamos que sea falso, después de todo el solo hecho de vivir implica riesgos para cualquier persona en cualquier situación, pero de allí a que ellos sean los que llevan la peor parte, eso sí que es una exageración.
Recordamos como no una, varias ocasiones, los integrantes de la Cámara de Comercio de Saltillo, en una escena que se repitió en muchas otras ciudades del país, bloquearon físicamente, promovieron sanciones ante las autoridades locales, a fin de que las caravanas de comerciantes de ropa de Moroleón, no pudieran ofrecer sus productos a la población de la capital de Coahuila.  
Ni que decir que estos negociantes tenían sus permisos en regla, los habían solicitado al municipio, que se los había concedido, habían rentado un local, igual, con todas las de la ley, ah, pero los comerciantes saltillenses opinaban que su presencia en la ciudad significaba una competencia desleal hacia ellos, literalmente, que es obligación de los saltillenses comprarles a ellos, cuando que la realidad es que, tratándose de ropa, cada quien compra donde quiere o puede, desde los grandes almacenes hasta los mercados sobre ruedas, prendas de diseñador… o usadas, es su derecho y nadie puede coartárselo en la acción, que ya estaría mal, pero eso de que alguien considere que el dinero que uno trae en el bolsillo es suyo solo temporalmente, pues tiene que ir a entregárselo a los comerciantes, eso sí que no.
Lo de Moroleón no es que anduvieran comerciando ropa ilegal, no era ropa de segunda, no era ropa china internada de contrabando, eran prendas fabricadas aquí, lo que pasa es que tenían su propio modelo de negocios, uno distinto del de los comerciantes establecidos, que por lo mismo les permitía ofrecer sus productos por debajo del precio de aquellos. 
Finalmente las caravanas que se veían ir y ser rechazadas de muchos lugares han dejado de venir, esto no quiere decir que se hayan extinguido, como quizá quisieran los comerciantes de cada localidad, simplemente encontraron otro canal de distribución y ya, tienen su nicho de mercado hoy, como lo tenían antes. 
Con los carros chocolate pasa casi exactamente lo mismo. Periódicamente los gobiernos, municipales, estatales y el federal, se dan cuenta de que de otra vez las calles y carreteras están llenas de vehículos que en su momento fueron internados legalmente, y que ya no regresaron a los Estados Unidos, quedándose en una situación irregular y muy complicada, pues para los gobiernos representan un problema de recaudación por derechos, uno porque pueden participar en accidentes sin poder tener el respaldo de un seguro, en general son chatarra rodante, no porque sus propietarios no quieran invertir en tenerlos en buen estado, sino porque ante la amenaza de que en cualquier momento se los quiten, ¿pues para que lavarlos, ya no digamos repararles los frenos o afinarlos?
La nota recién aparecida de que la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles, la AMDA, pide al gobierno federal hacer caso omiso de las voces, tantas como un millón o más, que exigen un decreto para la regularización de vehículos que están ilegalmente en el país, pues para ellos significaría en una pérdida de negocio de muchos miles de millones de pesos. 
Dicen ellos que esto ya pasó en el año 2006, y en otras ocasiones en que se ha permitido la regularización de carros y camionetas chocolate, la gente deja de comprar carros nuevos, afectando directamente a los fabricantes y a sus distribuidores, eso en primera instancia, en segunda, se desploma el mercado de carros nacionales usados, pues ya ve como, según ellos, somos de malinchistas, ¿Quién quiere comprar un coche usado mexicano pudiendo comprar uno usado traído de los Estados Unidos?, lo que no dicen es que estos últimos suelen ser mucho más baratos que aquellos, y que el mercado, sabio como se supone que es, ante la invasión de los extranjeros ajusta los precios de los nacionales para que puedan seguir compitiendo ¿o como los comerciantes de Saltillo peleados con los de Moroleón, quieren seguir vendiendo caro un producto que vale menos?, porque así es el comercio, nadie vende nada si no tiene una utilidad, lo que pasa es que están demasiado mal acostumbrados a tener ganancias exorbitantes, todo porque ellos controlan el mercado. 
No nos engañemos, quien tenga el poder adquisitivo para comprar un carro de agencia, lo va a seguir haciendo, por la comodidad, por el gusto de hacerlo, por el estatus, por mil razones, todas ellas muy respetables, y por las que constituyen un nicho de mercado que no se va a tocar. Ah, pero lo de los seminuevos ya es otra historia, porque a lo que le han apostado desde siempre los distribuidores es a que la depreciación natural de los vehículos, sea lenta, muy lenta, pudiendo seguirlos vendiendo caros, en comparación con Estados Unidos, donde es rapidísima, porque a su economía lo que le interesa es la compra venta de automóviles nuevos, claro, cumpliendo la precondición de que una parte razonablemente importante de la población, tiene el poder adquisitivo para ello. Nada que ver con lo que sucede en México, donde sí, allí están en las agencias los flamantes autos nuevos… y allí se quedan porque no hay suficiente gente con dinero para comprarlos.  
Al rato los andan rematando, es un decir, ofreciéndolos con un descuento importante, es otro decir, con tal de que se los lleven, y sí, son baratos… en comparación con los del modelo recién salido, pero baratos, definitivamente que no. 
Créannos los de la AMDA, si los mexicanos tuviéramos ingresos como para cambiar cada año de carro, con un precio de medio millón o más, lo haríamos. Si no es que le tengamos excesivo cariño a los coches de diez o más años de servicio, que nos guste traer un carro chueco de todo a todo, sin placas, sin seguro, del que es difícil conseguir refacciones. 
Pero si creen que por cerrar la frontera, amenaza tan de moda, a los carros chocolate, las agencias van a estar abarrotadas de quienes quieren un carro nuevo o un usado, allí sí que pueden seguir soñando y pidiéndole al presidente que se apiade de ellos. 

*Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila

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