UNA MULA DE SIETE CUARTAS

Dora E. Molina Guerrero
jueves, 16 de mayo de 2019 · 00:00
Hay incertidumbre en las distintas delegaciones, o ex delegaciones federales, pues los empleados andan todos destanteados, pues aunque en realidad las jornadas laborales no han cambiado en el fondo ni en la forma, al parecer hay funcionarios de orden medio que desestabilizan el orden, creando falsas expectativas o dando mala información.
Y es que los empleados de siempre, los que han visto pasar una y otra y otra administración, sólo especulan por lo que escuchan y afirman no conocer ni en fotografía al súper delegado Reyes Flores Hurtado, quien debe tener trabajo hasta para aventar para arriba, pues lo ambicioso del cargo no es para menos.
Ni para más, porque hasta el momento nada trascendente se ha visto de su parte, sin embargo, suponemos que sigue teniendo una misma causa común con la gente, que es lograr un cambio limpio, ordenado y en favor de la mayoría.
Al que no le ha ido nada bien, ni en esta ni en la pasada administración es a Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, quien ha sido sentenciado a tres años, no de cárcel, sino de libertad condicional y aunque ya pagó parte de la cantidad de dinero por lo cual se le acusa, las autoridades correspondientes siguen necias en sentar un precedente.
Desde luego que a estas alturas el propio Alejandro ya sabe quiénes son sus verdaderos cuates, parientes y vecinos, pues existe un viejo adagio tibetano que dicen que en la enfermedad  y en la cárcel, se conoce quiénes son los verdaderos amigos.
Nadie sabe por qué el ex presidente Enrique Peña Nieto —o a la mejor sí hay alguien que lo sepa— y su camarilla dejó a su suerte a este personaje quien dicho sea de paso siempre se vio activo, convencido y dispuesto a su partido, mismo que hoy parece no acordarse que algún día existió él y sus buenas relaciones, sus buenos momentos, los éxitos que juntos lograron y demás estrategias que compartieron.
Algunos de mis amigos dicen que Alejandro debería estar contento que las cosas no llegaran a más, pues podría seguir tras las rejas, sin embargo, según se sabe puede esperar a que pase el tiempo cómodamente en su casa, sabiendo que en política el desprestigio no existe.
O cuando menos eso es lo que menos interesa porque siempre existirá la duda de la entera culpabilidad o de haber sido un conejillo de indias que alguien fraguó en su contra, al estilo complot, para desviar las tenciones, atenciones y voluntades.
Tal y como sucede en ese tipo de eventos judiciales, en donde los acusados siempre tienen la justificación perfecta y el discurso adecuado, lo cual no significa que el susodicho ignore en qué parte del tricolor se perdió la confianza.

Correo electrónico: dora_elizabeth_mg@hotmail.com    

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