COYUNTURA ECONÓMICA

Crecimiento en riesgo

Por Horacio Cárdenas Zardoni
lunes, 27 de mayo de 2019 · 00:17
El presidente de la República Andrés Manuel López Obrador estaba muy enojado en aquella ocasión, bueno, esto no es suficiente dato, porque se le ha visto más que molesto en muchas ocasiones, pero esta es de las más justificadas, porque le han servido de duro y amargo aprendizaje de que lo que había manifestado respecto de cierto sector de empresarios del país, no solo era cierto, sino que se había quedado corto, literalmente que les tendía uno la mano, y se tomaban esa, la otra y ambos pies, y que todavía pedían más.
Estamos hablando del caso de la gasolina, desde los gabinetes económicos de la Cuarta Transformación habían visto con preocupación que, pese a que habían dispuesto las políticas necesarias para que el precio de los combustibles se mantuviera dentro de ciertos parámetros, los precios al consumidor final continuaban elevándose. 
En determinado momento no hace mucho, en acuerdo del presidente con su secretario de Hacienda y Crédito Público se determinó reducir el impuesto que se cobraba por litro, en su lógica, los precios deberían comenzar a bajar al día siguiente, así se anunció, y sin embargo… no sucedió. ¿qué es lo que ocurrió, qué es lo que echó por tierra la estrategia presidencial que por lo demás, significaba una sensible pérdida de ingresos al erario público?, pues que luego de analizar la situación en una, cincuenta, mil gasolineras se dieron cuenta de que, los empresarios bien vivos, cortados todos con la misma tijera, recibieron con gran felicidad la reducción de impuestos… pero no la repercutieron en el precio de venta del combustible, ¿resultado?, una mayor utilidad, así fuera momentánea para los empresarios, más enojo de la población, que con razón reclamó que no se cumpliera la promesa que le habían hecho, desencanto del presidente que pudo comprobar que los dueños del capital no están con él, ni con su política, ni con México, sino con la ganancia, y es que no es que se hubieran puesto de acuerdo, pero como dicen, la oportunidad la pintan calva, y pues no iban a desaprovecharla, ¿o cuando ha sabido que sea verdad eso de que el perro que amarran con longaniza no se la come?
A raíz de la firma del decreto de cancelación en la condonación de impuestos por parte del presidente de la República, hubo las consabidas reacciones contrarias y encontradas, primero la sorpresa escandalizada de alguna gente que se entera de las cosas, ¿Cómo es posible que a los más ricos les exenten de pagar impuestos, mientras que se ensañan con la población en general?, además no por casos de emergencia o excepcionales, sino como una política de estado para favorecerlos. 
Las razones de por qué ocurrió esto resultan irrelevantes, el caso es que ocurrió, mientras que el estado, la población, requerían de todo el dinero que pudieran conseguir para sus programas de desarrollo, el propio gobierno sacrificaba sus ingresos al perdonar el pago de impuestos a quienes más los generaban, ah y ante la carencia de recursos, pedía dinero prestado a instituciones nacionales o extranjeras, sobre el cual además, tenía que pagar intereses que seguimos cubriendo nosotros. 
La segunda reacción fue de abulia, en un país que han saqueado y vuelto a saquear "n” veces, ¿Qué es una mancha más al tigre?, por escandalosa que fuera la política de gobiernos anteriores ahora comprobada, mucha gente lo que sintió es que allí y no en otra parte, está la justificación para la evasión de impuestos, o para abiertamente vivir en la economía informal. Si todos pagáramos lo que nos toca, es más, si los que más ingresos tienen pagaran más por ello, no habría inconveniente en contribuir, ¿pero así?, así no. 
Ah y por supuesto está la reacción de los empresarios, expresada en corto, o en el colmo de la desfachatez, en voz alta, principalmente a cargo de los líderes del sector y las cámaras empresariales, sin ir más lejos, la declaración de Francisco Cervantes Díaz, presidente de la Confederación Nacional de Cámaras Industriales,   quien respirando por la herida, incluso se da el lujo de lanzar la amenaza: la eliminación de la condonación de impuestos puede convertirse en un freno para el crecimiento económico de México, para el líder de los empresarios, es necesario diferenciar privilegios con incentivos, y por allí se siguió en una serie de ideas tendientes a justificar lo injustificable, que no haya un piso parejo para todos. 
Lo que debe estar perfectamente claro, para el pueblo, para el gobierno, para los empresarios, es que independientemente de quien tenga el dinero en el bolsillo, el dinero que se mueve en México es uno solo, ¿y quién les arroga el derecho a los empresarios de ser ellos los que corran a cargo del desarrollo del país?, tomando como ejemplo el mencionado al principio, de que en la práctica y con todas sus letras se estaba condonando un impuesto sobre la gasolina, este beneficio que era para el consumidor final, se lo estaban quedando los empresarios, quienes lo recibieron como un regalo del cielo, por el que no hicieron el más mínimo esfuerzo. 
La falacia de Cervantes Díaz es que el crecimiento económico del país lo estaban financiando los empresarios, cuando la realidad es que lo estaban haciendo con el dinero que dejaban de pagar de impuestos ¿y alguien cree que estaban destinando desde el primero hasta el último centavo de lo que les condonó Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto para fortalecer las operaciones de sus empresas?
Por supuesto que no, primero descontaban sus utilidades anticipadas, lo que consideraban que debía ser, y ya luego o que sobrara, eso lo invertían, y como el último mencionado, esperaban que les aplaudieran a rabiar y les lloviera confeti. 
Ahora el que se encargará de financiar el crecimiento económico es el gobierno, el cual por supuesto que se puede equivocar, como ya hay algunos indicios al destinar recursos económicos a esquemas que son eminentemente asistenciales, y que por sí mismos no generan riqueza para nadie, ni en el presente ni mucho menos en el futuro.
Pero si se eligen proyectos que sean realmente productivos, en los que el beneficio sea para los participantes y en segunda instancia para el gobierno que los está apoyando, vía impuestos, entonces habrá una cierta posibilidad de que se concrete el tan anhelado desarrollo económico, el mismo que los dos gobiernos anteriores sacrificaron para no incomodar a los grandes empresarios, quienes si acaso, se sonrieron al revisar sus estados de cuenta bancarios, o a lo mejor ni siquiera eso. 
El momento es crítico, de favorecer a cien empresarios como antes, a dar becas a cientos de miles, si no hay proyecto de desarrollo, seguiremos igual que antes, si no es que peor, porque los empresarios ahora son enemigos muy dolidos del golpe propinado a sus bolsillos.

*Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila

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