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Sobre la guerra, la salud y el Insabi

FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL
martes, 14 de enero de 2020 · 01:04

Muy crispante esta semana que recién terminó con la respuesta de Irán al asesinato de su general Qasem Suleimani, una figura que encabezaba a la Guardia Revolucionaria de la República de Irán, que es un poderoso cuerpo de seguridad que lo mismo ejerce su influencia en Irak, Siria o Yemen, y que también hace las veces de policía política,  y a quien los EU señalaban como el principal orquestador de ataques terroristas desde ese país islámico.
La crisis Irán-EU ha estremecido la geopolítica internacional y marcará el rumbo de las relaciones del eje Moscú-Washington en los siguientes años. Afortunadamente, los ánimos se tranquilizaron y Trump hizo caso omiso del último bombardeo y solamente aplicó mayores sanciones económicas al país islámico, sin embargo los iraníes derribaron el avión ucraniano con 176 personas a bordo, según que por error, lo cual no fue cierto, simplemente no lo reconocen abiertamente para no tener al mundo entero en su contra, esa fue su venganza.
Al evaluar qué gana y qué pierde Trump, es muy claro que la decisión fue positiva para el presidente, dado que eclipsa aún más el proceso del juicio político en su contra y se posiciona mejor electoralmente.
Y cuando ya en todo el mundo se preveía un escenario de guerra y la industria militar norteamericana se preparaba a vender miles de millones de dólares en armas, ahora se conformarán enviándonos a México cualquier cantidad de rifles de asalto, ametralladoras y balas para que los cárteles del crimen continúen su guerra contra la república de la 4T.
Ya de regreso a nuestra H. República bananera de la 4T, el Tlatoani mayor ve con preocupación que este año que comienza será decisivo para el futuro inmediato de la nación: lograr un crecimiento económico de al menos 2%, parar la inseguridad y tener resultados más elocuentes que los obtenidos por los últimos gobiernos anteriores.
Lamentablemente, los escenarios son inciertos por el limitado alcance de los resultados del gobierno de López Obrador durante 2019 y las elevadas expectativas que generaron las promesas electorales de campaña, de un cambio con orden, progreso, seguridad, crecimiento económico, cero corrupción y tantas cosas que ofreció y que ya en los hechos no ha podido concretar.
Y en los hechos las propuestas de sus proyectos prioritarios como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía, no pintan para generar el impacto que requiere el país para solucionar sus problemas en materia energética, de comunicaciones y de ingresos vía el turismo.
Al empezar este 2020 y entrar en vigor el pomposamente denominado Insabi, las quejas y lamentos de la población usuaria de lo que era el Seguro Popular detonó una crisis que puso nuevamente en evidencia la improvisación administrativa del gobierno de la 4T.  
La población no se explica por qué uno de los programas más exitosos dejó de existir. El Seguro Popular acercó a millones de ciudadanos en condiciones más vulnerables a los servicios de salud. Hizo innecesarias las cuotas rigurosas y las cotizaciones como vía de acceso. Puso al sector salud como un elemento primordial en cuanto a prestación de servicios.
Entre 2012 y 2018, este programa duplicó su base de afiliados, de 13 millones a 26 del total de casi 54 millones de personas que contaban con esa cobertura. Entonces fue una cifra récord (según cifras de la SSA en 2018).
El programa funcionaba bien, el que esto escribe se operó un par de veces de cataratas en el Instituto Estatal de Oftalmología en Acapulco, Guerrero de manera gratuita y con un “servicio de  calidad”, parecía estar uno en un hospital privado, doy cuenta y fe de eso. La pregunta que hoy se hacen muchos mexicanos en todo el país es por qué desaparecieron un programa de salud que sí servía y atendía a millones de derechohabientes.
La puesta en marcha del Instituto de Salud para el Bienestar trajo consigo  incertidumbre y malestar ciudadano. Desde el 1 de enero la sombra de las deficiencias cubre a éste, uno de los programas que debió arrancar al 100%, no sólo porque fue una de las promesas de López Obrador, sino porque hablamos de los servicios de salud, donde un minuto o el cambio más ligero puede traer consecuencias irreversibles en la vida de las personas.
A pesar de que el gobierno federal anunció que a partir del 1 de enero, con la creación del instituto, serían gratuitos los medicamentos y los servicios médicos, pacientes de todo el país denunciaron que no sólo no fue gratis la atención médica, sino que además hubo un aumento en los costos de las cuotas.
La gente, la más pobre, la que más necesita el servicio de salud pública, no sabe si tiene que pagar o no, cuánto, a quién, cómo, cuáles son sus derechos, si los van a atender o no. Y cuando pasan todos esos filtros descubren que no hay medicinas suficientes, incluso en casos tan delicados como el tratamiento de niños que sufren cáncer.
La improvisación y el desorden con el que ha iniciado el  Instituto de Salud del Bienestar nos obligan a preguntar hasta dónde resultan políticamente aceptables las ineptitudes administrativas y las ocurrencias de los funcionarios, como diría un crítico de derecha o reaccionario de acuerdo al Sr. Presidente es “la enfermedad agravada como producto de la ineptitud gubernamental”.
“La transición al nuevo sistema de salud enfrenta desafíos y la implementación del plan llevará tiempo, pero si no se resuelven, el impacto político será limitado y con efecto boumerang”.

ES CUÁNTO!
ADENDDUM: las inconformidades de los chiapanecos ante las fallas del Insabi ya las habíamos dado a conocer en días pasados, sin embargo el conflicto por falta de atención, de médicos y de medicamentos puede estallar en estos días siguientes en los municipios de Chamula, Chenalho, Larrainzar y Tapachula si no se resuelven las graves carencias.

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