Por la Espiral

China desinfla la guerra comercial

CLAUDIA LUNA PALENCIA
viernes, 17 de enero de 2020 · 00:48

El presente y el futuro están en Asia, y sigue  pasando por China, bajo la tónica de una economía boyante con una clase media en expansión, pero con una democracia acotada, derechos humanos que no cumplen con los cánones de occidente y una amplitud de problemas políticos y territoriales.
Acontece con Hong Kong y Taiwán, incluso podría anticiparse una mayor presión ejercida por parte de China, en momentos de tensión precisamente con ambos territorios.
Hace unos días hablé con Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China, habrá que poner especial atención a dichas relaciones: “Aunque afectan a lo territorial, se mueven en niveles diferentes. Hong Kong está ‘dentro’, Taiwán está ‘fuera’. A priori, a corto plazo, en su impacto continental no mucho; y tras las elecciones de noviembre se ha abierto un impasse en Hong Kong y el gobierno central ha sustituido a su representante, Wang Zhimin, por Luo Huining, que tiene mucha más experiencia política”.
Para el ensayista gallego habrá continuidad en lo esencial pero cambios en la manera de abordar la crisis; y, respecto a Taiwán, China podría optar por aplicar mayor presión, “no es descartable”, aunque los efectos serían contraproducentes.
Precisamente entre la relación de Taiwán y China, observamos que Estados Unidos está inyectando veneno, ¿qué pretende lograr Washington al respecto? Para Ríos, actualmente en Estados Unidos, existe un claro consenso sobre la importancia de apoyar a Taiwán como expresión política e ideológica de que otra vía es posible en el mundo chino. Hay en ello también intenciones geopolíticas, obviamente, ligadas a la estrategia del Indo-Pacífico, concebida para contener a China. Estados Unidos quiere dificultar la aproximación entre Beijing y Taipéi y juega a la contra de la posibilidad de reunificación.
Respecto de los peligros geopolíticos en 2020, Ríos cree que el nivel de riesgo para China es “bastante amplio”, habida cuenta que se trata de una potencia global: “Por tanto, además de los que directamente le afectan en función de su posición geográfica (mares de China o Taiwán), también se extienden a otras latitudes donde sus intereses pueden verse afectados como en Irán o Venezuela; y electoralmente estará muy atento a las presidenciales de Estados Unidos en noviembre”.
¿Cómo decirle a la gente que la libertad y la democracia son buenas, si enfrente tiene datos económicos obrando en su propia contra como acontece con los europeos y Asia va la viceversa? Para él: “Los datos económicos per se, buenos o malos, no invalidan a la democracia, más cuando ésta se ejerce en lo esencial en el marco estatal y la economía funciona con parámetros que lo trascienden con claridad. Ésta se invalida cuando progresan los déficits elementales y cuando se vacía de contenido al convertirse en la caverna de Platón”.
El problema, prosigue el directivo, radica en la necesidad de recuperar aquella concepción de la democracia que no sólo es política, sino también económica, social o cultural: “La pérdida de calidad de la democracia es una de las mayores amenazas para el bienestar general”.
Muy relevante ha sido igualmente que, en los últimos días, los equipos negociadores de Estados Unidos y China han logrado edificar un marco de entendimiento entre ambas naciones a fin de dirimir sus controversias y desinflar la batalla arancelaria de los últimos 18 meses.
Para frenar la escalada, el Departamento del Tesoro dejó de considerar a China como “país manipulador de su divisa”, rebajando así la tensión sobre del yuan; la moneda china permanecía señalada por las autoridades norteamericanas como “un instrumento oficial” para obrar a favor de la balanza comercial del gigante asiático en la medida que permaneciese  devaluada.
A COLACIÓN
El miércoles 15 de enero en Washington, el presidente Trump en compañía de Liu He, encargado de la delegación negociadora china, signaron un documento de 86 páginas previamente rubricado por el mandatario Xi Jinping para poner fin a la llamada guerra comercial.
Los compromisos asumidos son los siguientes: 1) Estados Unidos cancela los aranceles a productos chinos por valor de 160 mil millones de dólares incluidos los teléfonos móviles y ordenadores; 2) una reducción de los aranceles del 15% al 7.5% en diversas mercancías por un total  de 112 mil millones de dólares; 3) China importará de la Unión Americana bienes agrícolas y ganaderos por un monto de 200 mil millones de dólares repartidos así: 75 mil millones de dólares en bienes industriales, 50  mil millones de dólares en productos agrícolas, otra cantidad similar en energía y el resto para servicios; 4) precisamente, Estados Unidos presionó para que China permita una mayor apertura de servicios financieros norteamericanos; y, 5) Beijing asume el compromiso de garantizar la propiedad intelectual. 
Básicamente es una primera y relevante etapa, a la que de forma cordial el mandatario Jinping invita a su homólogo estadounidense “a cumplir y honrar” y es que Trump no es de fiar.
Todavía quedan algunas negociaciones en curso para dirimir las controversias vertidas por el inquilino de la Casa Blanca denunciando subsidios, políticas proteccionistas y dumping; así como el escabroso tema de las empresas líderes de la tecnología china que la CIA acusa de espiar para el gobierno de su país.

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