opinión joven

Cambiemos para los nuevos tiempos

Orlando Naún Rodríguez Reyes
sábado, 18 de enero de 2020 · 00:20

En estos tiempos, queremos tratar —ahora— a la solidaridad como aquella disposición habitual y firme por la que superando diversas dificultades —como la falta de tiempo, el cansancio y la lucha por superar la pereza y la comodidad—, el hombre realiza acciones concretas orientadas a la cooperación o promoción de personas individuales y de familias necesitadas, o presta su colaboración a instituciones que ayudan a quienes carecen de los medios elementales para llevar una vida digna.

La igual dignidad de las personas exige que se llegue a una situación de vida más humana y más justa para aquellos que se encuentran en la mísera pobreza.

Es responsabilidad de todos los hombres la defensa y la promoción de la dignidad humana, es responsabilidad de las naciones y pueblos desarrollados respecto de los carenciados; es responsabilidad de los gobernantes respecto a sus gobernados; atendiendo a los fines buscados, es responsabilidad —también— de las instituciones intermedias; es responsabilidad de todos los ciudadanos: de los ricos y los pobres, de los pobres entre sí, de los empresarios y los empleados, de los trabajadores entre sí.

¿En qué medida cada uno es responsable? En la medida de sus posibilidades, sus capacidades, sus circunstancias, sus obligaciones. Es una cuestión prudencial en la que cada uno buscará la respuesta en la verdad y profundidad de su conciencia personal.

La solidaridad es una obligación: es una obligación “que Dios y la patria nos la demandan...”

La solidaridad es exigente. Su belleza se agiganta, precisamente, por el hecho de que es exigente. 

Las acciones solidarias constituyen, habitualmente, un bien arduo y difícil para el hombre. Por este motivo, cuando las consigue realizar, se convierten en un bien difusivo que irradiará, gozoso, a los demás.

Esta tarea supone esfuerzo, dedicación, trabajo. Exige un “salirse de uno mismo”, para pensar en el otro y actuar para él. 

Es muy conveniente y a la vez necesario que los hombres de hoy descubran que la solidaridad exige. Pero, también deben saber, que la solidaridad da mucho más de lo que pide.

La buena voluntad siempre es importante y toda ayuda es siempre buena, pero la solidaridad está exigiendo la capacitación.
Es muy importante que el trabajo solidario se realice “profesionalmente”; es decir, de un modo serio y organizado. En la medida que la solidaridad se profesionalice el trabajo realizado será más eficaz

En México y en muchos lugares del mundo, la solidaridad está necesitando superar la improvisación. La capacitación del voluntariado es un muy buen desafío para nuestro país. 

Las acciones solidarias no sólo contribuyen a que la persona que las realiza consiga interesarse cada vez más en la promoción y ayuda de los más necesitados: también colaboran para que otras personas comiencen a darse cuenta de que no pueden cumplir el papel de meros espectadores.

0%
Satisfacción
0%
Esperanza
0%
Bronca
0%
Tristeza
0%
Incertidumbre
0%
Indiferencia

Comentarios