POR LA ESPIRAL

Cuenta regresiva para el Brexit

Claudia Luna Palencia
miércoles, 22 de enero de 2020 · 00:35

Al final y tras una larga agonía, el botón del Brexit será pulsado el próximo 31 de enero por Boris Johnson,  marcando así un cambio de era en la política exterior británica y, desde luego, creando una hendidura profunda dentro del histórico cónclave de la Unión Europea (UE) fruto de la necesidad por conservar la paz, el entendimiento y la unidad en un continente que  tantas veces —a lo largo de tantos siglos— se ha devastado intempestivamente a sí mismo.

Acontecerá, tres años, con siete meses después del referéndum organizado por el entonces premier David Cameron y tras muchos estires y aflojas aunado a un enorme coste político interno y desde luego económico.

Han sido los años más largos, desgastantes e inútiles pero los ciudadanos lo han pedido una vez por mayoría popular avalando el brexit en vez del remain y otra segunda, dejando su voto en las urnas para respaldar a Johnson en las pasadas elecciones generales del 12 de diciembre; significando él la fórmula por el Partido Conservador más chocante y a favor de irse ya de la UE.
En esta mala película ha pasado de todo:  la renuncia de Cameron poco después de conocerse el resultado mayoritario a favor del Brexit para ser sustituido por Theresa May también miembro del Partido Conservador; ella lo intentó todo pero terminó minada, desgastada y traicionada al interior de sus propias filas políticas.

Entre lágrimas, la renuncia de May en junio del año pasado, motivó unas primarias entre los tories para decidir su relevo fue así que el nombre de Boris Johnson se alzó como el más proclive para comandar el destino de los británicos; por lo que, necesitado de una mayor fortaleza legislativa, convocó a elecciones generales anticipadas mismas que ganó de forma abrupta con  365 escaños a favor consiguiendo la mayoría absoluta.

Por su parte, la crisis de los laboristas que cedieron 59 legisladores respecto de las elecciones de 2017 para obtener 203 curules ha significado la jubilación política de su líder Jeremy Corbyn; pero fundamentalmente ha desdibujado que algo mucho más profundo —de lo que se atisba— acontece en el ciudadano promedio británico que es capaz de pasar, del espectro de la izquierda, para apoyar a un candidato conservador cuya intención abyecta es la de consumar sí o sí la salida de su país de la UE.
Honrar, lo ha dicho Johnson, insistentemente el voto de los ciudadanos en aquel aciago plebiscito que Cameron situó en la calle por el simple hecho de rebelarse a la política de reparto de cupos migratorios que entonces propuso la canciller germana Angela Merkel, desbordada Alemania por  la llegada masiva a su país de cientos de miles de refugiados sirios. Allí, los británicos, decidieron tomar el destino de su nación.

El resultado del referendo fue una rebelión clara contra ese sentido de pertenencia a la UE, casi 47 años después de ser miembros singulares (nunca quisieron abandonar la libra para usar la moneda común del euro) en definitiva se van  en busca de nuevos horizontes comerciales, financieros y  económicos.

Lo hacen abanderados por su propia gente porque sufragaron por irse de la UE (en junio de 2016) un total de 17 millones 410 mil 742 personas; y por seguir dentro del club europeo lo hicieron a favor 16 millones 141 mil 240 ciudadanos.

Se van porque así lo quieren y están convencidos: lo hacen en un momento crucial para su sistema de pensiones; delicado, para su programa de salud universal; incierto para su economía y de  transición en su mercado laboral. 

No hay más dudas, ni sucederá un milagro de último momento en pro de salvar la situación y dejarlo todo como estaba, los lazos creados desde 1973 serán otros y distintos a partir del paso de los días, de los meses y de los años y su pertenencia a la UE se verá como una quimera… como algo que fue y sucedió.

A COLACIÓN 

Aquí en Madrid, hace algunos meses atrás en Casa de América, le pregunté al escritor peruano, Mario Vargas Llosa, su opinión al respecto del Brexit a lo que el Nobel de Literatura  reviró afirmando que de Reino Unido “solo quedaría un paisito”.

No son pocos los intelectuales y analistas que anticipan un achicamiento de la economía británica como consecuencia del Brexit, aunque en realidad es solo una conjetura porque el hecho es inédito per se y ni la propia UE, ni Reino Unido, saben bien a bien a qué se enfrentarán después de activado el artículo 50 del Tratado de Lisboa que pone en marcha el proceso de desconexión  jurídica, económica, financiera y de todo tipo de lazos entre  la nación insular y el bloque comunitario.

Sin un precedente que usar como referencia, prácticamente Reino Unido servirá de “conejillo de indias”, lo que sí es predecible es que, en el corto o el mediano plazo, un equipo negociador británico y otro por parte del bloque europeo deberán redefinir los nuevo lazos entre ambos en busca de un acuerdo comercial, financiero y de inversiones entre las partes.

No será sencillo, irse implica un divorcio absoluto en lo que antes era décadas de facilidades porque los británicos tenían derechos reconocidos en toda la UE, gozaban de ventajas fiscales, de la libre circulación de personas, de servicios y de mercancías; por supuesto, y viceversa, porque una persona miembro de la UE podía hacer lo propio en territorio británico.  Y ya no será posible nada de eso una vez finalice el período de transición.

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