Coyuntura Económica

Lo neoliberal del Insabi

HORACIO CÁRDENAS ZARDONI *
sábado, 25 de enero de 2020 · 00:00

Las manifestaciones nos recuerdan aquellas de las, primero, Madres de la Plaza de Mayo, que al paso de los largos años sin obtener justicia, se convirtieron en las Abuelas de la Plaza de Mayo. De vez en cuando todavía aparecen en los medios de comunicación, cuando pese al tiempo transcurrido, todavía obtienen un triunfo sobre no solamente la dictadura responsable de la desaparición de cientos y miles de jóvenes argentinos, sino de la desidia de los gobiernos posteriores, que poco hicieron para localizarlos, vivos o muertos, las Abuelas como el Mío Cid aun son capaces de ganar batallas contra la burocracia, el machismo, la complicidad, y el deseo de los gobiernos de enterrar el pasado.

Pues bien, las madres, principalmente, pero también los padres y otros familiares de los niños con cáncer, que se manifiestan frente a Palacio Nacional exigiendo medicamentos para sus hijos, nos transmiten un mensaje, guardando las debidas proporciones, tan desesperado y heroico como aquél, la frase de un cartelón “el cáncer se está comiendo a nuestros hijos frente a nuestros ojos”, sería suficiente para mover al político de corazón más duro a hacer su trabajo, pero no, el procedimiento ante todo, no importa a quién o a cuántos se lleven de encuentro.

Para no caer en el expediente fácil de criticar a la actual administración, tomaremos otro ejemplo de la incapacidad de los políticos y luego de los gobernantes para enfrentar los problemas que, por así haberlos buscado, se convierten en su responsabilidad.
Vicente Fox Quesada era candidato a la Presidencia de la República en el año 2000, cuando lanzó una de esas frases que por supuesto que le granjearon votos en aquella elección del 2 de julio, pero que luego lo persiguieron como evidencia de que una cosa es hablar y otra hacer efectivo aquello que prometió, cumpliendo aquel principio de la Ley de Murphy que dice que todo se le hace fácil al que no tiene idea de lo que está hablando, y tal cual.

Fox en una de sus gracejadas características, dijo que él, ya como presidente, resolvería el problema de la insurrección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional “en quince minutos”, pues bien, no sólo se le concedieron los tales quince minutos, sino un sexenio entero, y el asunto de que en México exista una guerrilla activa en el sur del país, permaneció, como para el caso.
Continúa existiendo, sin que los sucesivos presidentes, otro del PAN, uno del “nuevo PRI”, y el colmo, alguien que durante décadas fue afín a la ideología y acciones del EZLN, ahora lo tacha de lo mismo que al resto de sus enemigos: reaccionarios, conservadores, etc.

Lo de resolver otro grave problema de la administración pública en México, lo de la atención a las necesidades de salud de la población, de aquellos que no cuentan con alguna cobertura asociada a algún trabajo que desempeñen, o que puedan atenderse por sus propios medios económicos, es otro, mucho más complejo y costoso de lo que muchos gobiernos pueden enfrentar en el transcurso de un solo año, sobre todo cuando las soluciones propuestas son radicales, e implican el rompimiento con los esquemas que, mal que bien, estaban funcionando. 

Como en ningún otro ejemplo es aplicable la comparación de la administración pública a un organismo vivo, concretamente un cuerpo humano. A un paciente que está conectado a un pulmón artificial, a alguien que está recibiendo un tratamiento continuo, no se les puede de buenas a primeras desconectar o suspender, pues se corre el riesgo del agravamiento súbito o del fallecimiento.
Pues bien, a eso es a lo que equivale la entrada en operación el primer día del año del Instituto de Salud para el Bienestar, dando por terminados el día anterior los servicios y prestaciones del Seguro Popular y de las instituciones del sector salud centralizado y los que prestaban las entidades federativas con apoyo económico y en especie de la Federación.

Ni qué decir que los medios de comunicación críticos con el actual régimen se dieron vuelo recorriendo los centros de salud los primeros días del año, recogiendo testimonios de pacientes, familiares y más impactante, de trabajadores, que literalmente, no tenían ni idea de quién o cómo les prestaría los servicios que todavía recibieron en diciembre anterior, vamos, en casos extremos, ni siquiera habían oído hablar del Insabi, mucho menos podían referirse a una oficina o una persona responsable de canalizarlos a lo que les importaba inmediatamente, la consulta, la medicina, el estudio.

Luego la sorpresa fue que los costos que habían sido inexistentes o mínimos con el esquema neoliberal anterior, para usar la retórica del actual gobierno, se habían multiplicado por dos y hasta por cinco, contradiciendo de esta manera lo que había sido una de las promesas de campaña y ya como presidente de Andrés Manuel López Obrador, la gratuidad en los servicios de salud por parte del Estado mexicano para todos los ciudadanos, mismos que además llevaría a niveles de calidad de los países nórdicos… igual, los periodistas se regocijaron obteniendo notas de servicios que no se prestaban por carecer de instrucciones los hospitales, de costos infladísimos, de pacientes y familiares desesperados, porque contaban con un cálculo de lo que iban a gastar, y este se fue a todo lo alto.

Luego vino la explicación más bizarra de las muchas por el estilo que hemos escuchado a los funcionarios de la Cuarta Transformación, sí, los servicios del Insabi serán gratuitos… pero esto no en el momento presente, sino que lo serán de forma progresiva, ah y como buenos burócratas que son, se escudan en que así lo dice la Ley General de Salud, en la reforma promovida por el propio gobierno, así que engaño no hay.

Esto, salvo su mejor opinión, suena a hueco. Una administración que presume de eficiente, de austera, de incorrupta, ¿para qué necesita cobrar por servicios y medicamentos por los que administraciones que eran, según ellos mismos, todo lo contrario, ineficientes, dispendiosas y corruptísimas, no los cobraban, o si lo hacían era con precios mucho menores que los del actual gobierno?

Para algunos efectos un año es muy corto tiempo, para evolucionar del Seguro Popular y la asistencia pública al Instituto de Salud para el Bienestar pero con suficiente empeño, lo hubieran logrado en las funciones básicas, aunque fuera sólo para evitar el caos, pero para otras cosas es mucho tiempo, concretamente para tomar la decisión política, propagandística y de supuesta justicia social de demostrarle al pueblo que si los gobiernos neoliberales cobraban diez pesos, ellos cobrarían uno, pero resultó al revés, comenzaron cobrando cincuenta para luego bajar a cero, en una estrategia impopular como pocas.

Mientras la 4T le busca y no le encuentra la cuadratura al círculo, las heroicas madres del Zócalo siguen exigiendo medicamentos que no hay porque los burócratas de la salud no saben hacer su trabajo.

* Facultad de Economía Universidad Autónoma de Coahuila
 

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