COYUNTURA ECONÓMICA

¿Dónde fraccionar en Saltillo?

Por Horacio Cárdenas Zardoni
lunes, 16 de marzo de 2020 · 00:43

Dos asuntos aparentemente desconectados se ventilaron hace pocos días, uno de orden eminentemente social, como es el de la vivienda popular, que enfrenta cada vez mayores dificultades en la Región Sureste de Coahuila, para localizar terrenos que sean a un tiempo convenientes y que tengan un precio razonable para emprender desarrollos inmobiliarios en ese segmento, y el otro, el de una intentona, la enésima de muchas que ha habido en el pasado y de otras tantas que vendrán en el futuro, para afectar la reserva territorial conocida como la Sierra de Zapalinamé, pero con la intención contraria, la de crear fraccionamientos de lujo, con un estilo campestre, orientados a un grupo de población muy reducido, el que reúna la doble condición de que puedan pagar por los terrenos, y que ademásc estén interesados en una inversión de ese tipo, sea para vivir allí, sea solo para especular con el valor de la tierra.

¿Quién lo iba a pensar?, que una ciudad con tan poco movimiento inmobiliario, como lo ha sido tradicionalmente la capital de Coahuila, de repente se iba a ver en una situación que afecta a muchas otras ciudades en el país, la de que no haya terrenos para construir fraccionamientos de interés social. 

Quede claro, aquí hay que hacer una aclaración pertinente, no es que no haya terrenos, lo que no hay son terrenos baratos, y es que la primera condición a la que aspiran los desarrolladores de nuevos asentamientos, es que los predios sean lo suficientemente grandes para permitir emprender proyectos de gran envergadura, con cientos de casas cada uno. 

Pero del otro lado, el de los propietarios y posibles vendedores, ocurre exactamente lo opuesto, que por ser terrenos extensos, pues por lo mismo esperan obtener un valor considerable por ellos, lo cual es una aspiración más que razonable, pero que no es compatible con los proyectos del nivel mencionado, el de interés social. 

Por supuesto que en Saltillo y ya en la conurbación con Arteaga y Ramos Arizpe, está habiendo cada vez más desarrollos inmobiliarios importantes, o por lo menos muy publicitados con intención de atraer compradores, con lo que uno no termina de saber nunca si son tan exitosos como lo desearían sus creadores, o es la desesperación de que hasta el último terreno y la última casa se vendan, pero además estos son de nivel medio o para arriba, no son fraccionamientos para trabajadores de tres, dos salarios mínimos. Para ellos lo que hay, son asentamientos en sitios cada vez más alejados de sus centros de trabajo, con lo que encima la decisión de adquirir una casa en esos lugares, implica forzosamente un fuerte gasto en transporte, que mina sus de por sí limitados ingresos. 

Mientras esto ocurre, el casco urbano de la capital se ve en una situación que podríamos calificar de extraña, hay, según datos de la propia autoridad encargada de esto, predios sin construir, que representan hasta un tercio de la extensión urbana total, diga usted si no es inexplicable, que habiendo terrenos más que suficientes, estos permanezcan inactivos por décadas… o hasta siglos, y no estamos exagerando nada. 

Sus poseedores los tienen por inversión, por la plusvalía que van adquiriendo, con el deseo de venderlos en condiciones más ventajosas de las que el mercado puede ofrecer, y a años luz de la idea de satisfacer una necesidad social, tanto de los individuos y familias que demandan casa como del conjunto de la sociedad, que ve como la mancha urbana se extiende de una manera irracional, pues allí donde se crean nuevos fraccionamientos… también se dejan enormes predios libres, para lo mismo, en espera de que algún día se vendan bien vendidos, en esta generación, o en la siguiente o la que le siga. 

Hace tiempo que no se dan con éxito invasiones de terrenos en el territorio del municipio, sí se dan intentos, pero los propietarios y la autoridad están al alba para frenarlos tan pronto como se dan cuenta, y es que si llegan a arraigar, constituyen distorsiones del mapa urbano, así como se tiene medio concebido, ya que los planes de desarrollo urbano no son los más sensatos ni los más respetados, entre los acuerdos entre el gobierno y la sociedad. 

A nadie que espera vender su terreno en diez mil pesos el metro, le gustará que lo despojen de varias hectáreas, o que luego se las quieran comprar en cuando mucho cien pesos el metro, así que a redoblar la vigilancia sobre sus valiosas posesiones, aunque lo deseable es que las pusieran a trabajar… a valor de mercado.

Entre la idea de invadir Zapalinamé con fraccionamientos de lujo, que eleven todavía más el valor de predios que están ya bastante lejos, y la realidad de que escasean predios de costo razonable susceptibles de ser utilizados para desarrollos de interés social, son cada vez más los empresarios del ramo que coquetean con la idea de la vivienda vertical, que por un lado zanja, más o menos, el problema del costo del terreno, y por el otro es una oportunidad de resolver el problema de los corazones de manzana y terrenos ubicados en el casco urbano de la ciudad, la cosa está ahora en convencer a los posibles compradores. 

Sí, porque si la ilusión siempre ha sido hacerse de una casa, no todos estarán a gusto de comprarse un departamento, aunque estos desarrollos ofrezcan la posibilidad de vivir en zonas que tradicionalmente les estarían vedadas, principalmente en el primer cuadro de la ciudad, con lo que el tema del transporte hacia los centros de trabajo, escuelas y comercios, se abatiría bastante y su costo también. 

El problema de Saltillo entonces no es uno de orden económico, los costos de los predios, sino de convencimiento. Los propietarios de los terrenos, por lo general, gente que no necesita echar mano de ese capital que está allí nomás haciéndose grande, no son fáciles de convencer de que de esa manera estarían participando en la solución de la compleja situación que viven sus paisanos menos favorecidos, a ellos hay que llegarles con el cuento, que es verdad, de que sus otros terrenos adquirirían todavía mayor plusvalía, al requerir estos asentamientos espacios para comercios, que esos sí, pueden venderse a precio de oro, o rentarse, como siempre en Saltillo. 

La cosa es que, se habla un poquito de los problemas, y se avanza poco en resolverlos. A los ricos se les niega la posibilidad de tener fraccionamientos campestres aquí al pie de la sierra, a los pobres se les cierran las posibilidades de tener una vivienda modestísima, esa sí, pegada a la cota límite de crecimiento, y entre tanto, la ciudad crece a base de manchones, cada vez más difíciles y caros de comunicar. 

Un triunfo sería, para quien lo logre, concertar a los actores de esta extraña situación, convenciéndolos de que todos podemos salir ganando, cediendo un poco en las pretensiones.

*Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila

0%
Satisfacción
0%
Esperanza
0%
Bronca
0%
Tristeza
0%
Incertidumbre
0%
Indiferencia

Comentarios