Para ti que ahora estás en el cielo

viernes, 14 de febrero de 2020 · 00:00

Tito: 
Siempre tuve miedo de perder a un ser querido, en especial a mis abuelos, pues tenía la dicha de tener, a mis 24 años de edad, mis cuatro abuelos. Debo decirte que jamás vi venir perder a mi tito. A ese roble, a ese hombre tan fuerte, tan inteligente, tan bueno, tan amoroso, tan generoso y agradecido con la vida, que no te dije lo suficiente cuánto te quiero. Sin embargo, hoy tengo la valentía de leerte esta carta que sé que me escucharás donde quiera que estés.  
Hoy en día ya no puedo decirte estas palabras físicamente, porque ahora estás allá arriba, en el cielo, poniendo a todos “pintos” para que nos protejan. Tu partida nos duele, y mucho, pero estamos tranquilos porque sabemos que estás con Dios, que te fuiste tranquilo y de la única manera que te hubieras querido despedir de la tierra. Bien dicen: “los tiempos de Dios son perfectos”.  
Quiero agradecerte por estar siempre ahí, en las buenas y en las malas, al pendiente de cada uno de nosotros. Por asistir a nuestros quince años, bodas y demás festejos, y bailar con nosotros. Por ser el primero en la sala de espera cuando uno de nosotros estaba en el hospital. Por preguntar cada jueves por el nieto que faltaba a la comida, por esa entrega de amor puro a nosotros, tus nietos. Gracias tito, sin duda nos harás falta.  
¡Gracias tito, por enseñarnos que la familia va primero! 
Sé que te fuiste tranquilo porque sabes que cuidaremos de tus cinco tesoros: tus hijos, y todavía más a tu joya más preciada que nos dejas, nuestra tita Lupitina.  
Honraremos cada enseñanza que nos has dado, los valores que nos demostraste, el legado que nos dejas.  
Gracias por ser el mejor abuelo, por dejarnos hacer y deshacer, por disfrutar tantos años a tu lado en Monterreal y cada comida de los jueves. Sin duda nos haces falta, pero ahora sé que las personas que amamos nunca se alejan, que siempre son eternas en nuestro corazón si así lo deseamos.  
Por último, sólo te quiero pedir una cosa: cuando llegue mi hora, espérame en la puerta del cielo, porque sé que contigo a mi lado siempre estaré segura.  
Esto no es un adiós, sino un hasta pronto. 

Ivonne Salinas 

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