EL GATITO DE KAFKA

La habitación del poeta, de Robert Walser

JAVIER JOSÉ VALLEJO
martes, 21 de enero de 2020 · 00:00


Estaba en la cafetería leyendo y caía nieve. Era hermoso ver el paisaje nevado y observar la estación del tren. El señor bebía su café y su ánimo vagaba en aquel sonido del tren. A su mente acudían viejos recuerdos de cuando viajaba. Pensaba que su vida era de luz y sombras. Por eso cargaba su pluma y olfateaba los libros.
Era una persona que acumulaba experiencias y estudiaba la alegría de las personas. Lamentablemente la gente lo consideraba ridículo. En las mañanas cuando leía el periódico se enteraba de la violencia. Eso era el pan de cada día.
Su pueblo era frío y húmedo por las constantes lluvias. Algo bellísimo era que en los charcos de agua se reflejaba la inmensidad del cielo y las siluetas de los árboles. Lo anterior transmitía paz y una atmósfera de majestuosidad. Cuando acudía a las galerías de arte se asombraba por las exposiciones y pensaba que sus autores eran monstruos. Era placentero visitar los museos. 
Hablar de la obra de Robert Walser es sumergirte en la imaginación libresca. Es cargar con una libreta y pluma. Es un escritor romántico. Su vida fue una novela y él un distinguido protagonista. Decía que la luna era una muchacha curiosa y agradable. 
Disfrutaba contemplarla a través de una ventana apolillada. Se sentía tan poeta como Schiller y tan errabundo como Baudelaire. Cuando caminaba disfrutaba el aire y ponía cara de tonto. Era como respetar al artista que llevaba adentro. Su ciudad era nostálgica y cuando salía a caminar sentía una inmensa felicidad. Les sonreía a las jovencitas. 
Estando en la cafetería iniciaba la lectura y una fabulosa charla con el poeta Shakespeare. Fue un escritor altruista y se ganaba el pan de cada día enviando sus escritos a revistas y periódicos. Su vida era modesta y de esas personas raras de encontrar. Su corazón es de buen humor y sonriente.
Alegóricamente el escritor viajaba en el tren y conoció a una muchacha de 33 años. Su estado anímico era alentador y su corazón latía como martillo. Parecía que se conocían de siglos por la charla que mantenían. Él se sentía joven y poderoso. Tanto. que le escribió un poema a la señorita. Esa noche las estrellas brillaban y su imprudencia hizo que ella desapareciera. 
Buscaba las palabras y las encontraba a través de la observación. “Tan hermoso no ser nada y tan apasionante ser algo”. La habitación del poeta de Robert Walser. Es un libro de 116 páginas y traducido por Juan de Sola Llovet. Editado por Siruela e impreso en España. Leer a Walser me recuerda al escritor español Miguel Ángel Gómez, no importa dónde te encuentres, simplemente hay que leer. Los actuales tiempos violentos hay que alterarlos con la lectura. Los libros construyen puentes culturales y sus fabulaciones me recuerdan que la amistad es un tesoro difícil de encontrar. historiador82@yahoo.com
 

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